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    Hace 40 años, el 15 de septiembre de 1980, un bombardero de EEUU B-52H equipado con ocho misiles con ojivas nucleares AGM-69A y cuatro bombas B28 se incendió en la base aérea Grand Forks, en Dakota del Norte. Ese incendio puso EEUU al borde de una catástrofe que, según un experto, pudo haber sido peor que Chernóbil.

    En plena Guerra Fría EEUU y la URSS se preparaban para lo peor y sus activos nucleares estaban en alerta máxima. Entre 1969 y 1991 la Fuerza Aérea de Estados Unidos puso varios bombarderos en alerta permanente para que pudiesen evitar ser destruidos en sus bases de despliegue en caso de que la URSS atacara primero y contratacar. Esos bombarderos estaban armados con armas nucleares.

    Uno de estos fue el B-52H desplegado en la base Grand Forks en la noche del 15 de septiembre de 1980. La tripulación estaba compuesta de seis personas listas para despegar en cualquier momento. En un instante uno de los motores del B-52H se incendió mientras arrancaba. Al darse cuenta de que el propulsor estaba envuelto en llamas, la tripulación tuvo que salir de la aeronave.

    Pronto llegaron los bomberos, que lucharon contra el incendio durante tres largas horas sabiendo que se trataba de una emergencia muy inusual, pues cabía la posibilidad de que el fuego alcanzase los misiles y las bombas nucleares. Como consecuencia, tres bomberos recibieron heridas leves y otros tantos tuvieron que ser atendidos por los médicos después de haber inhalado humo.

    Tras el incidente se abrió una investigación. Los expertos concluyeron que el personal de mantenimiento de las aeronaves había ensamblado el filtro de combustible incorrectamente, lo que hizo que este llegara al motor en cantidades excesivas.

    Vientos que ayudaron a evitar la catástrofe

    Los bombarderos en aquella época empezaron a portar los misiles de ataque de corto alcance AGM-69A. El nombre de este tipo de misiles fue abreviado como SRAM en Estados Unidos. Cada uno portaba una ojiva termonuclear W69 con una carga explosiva de entre 170 y 200 kilotones. Precisamente esos SRAM estaban dentro de la aeronave que se incendió y cuyo interior, afortunadamente, no resultó afectado.

    Tras el incidente la Fuerza Aérea estadounidense informó de que la amenaza de detonación de los SRAM o de las bombas B28 había sido insignificante. 

    Roger Batzel, el entonces director del Lawrence Livermore National Laboratory —una instalación clave de investigación y desarrollo en materia nuclear de EEUU—, declaró en 1988 ante el Senate Appropriations Subcommittee on Defense en una sesión cerrada que el incidente teóricamente pudo haber provocado una catástrofe "peor que Chernóbil".

    Batzel informó a este subcomité que, si el viento hubiera soplado en cualquier otra dirección, el fuego intenso probablemente hubiera incendiado la parte restante del avión y, con ella, las armas que se encontraban en su interior. Es importante subrayar que el viento en ciertos momentos soplaba a más de 50 km/h. Por suerte, venía del noreste.

    En el peor de los escenarios los motores de los SRAM y los explosivos convencionales que estaban dentro de las ojivas W69 —que se usaban para iniciar la reacción termonuclear— habrían saltado por los aires. Incluso en este caso la posibilidad de una explosión atómica fue mínima. Aun así, de suceder con toda probabilidad habría resultado en la emisión de una nube radioactiva de plutonio.

    La nube pudo haber cubierto un territorio de 155 kilómetros cuadrados y salir de las fronteras del estado de Dakota del Norte. Altos niveles de contaminación radioactiva pudieron haber afectado a 70.000 personas que vivían cerca de la base. En el peor de los escenarios, las áreas afectadas habrían presentado niveles anormales de contaminación radioactiva durante decenas de miles de años. Tampoco se podría haber descartado una zona de exclusión como ocurrió en la URSS.

    ¿Peor que Chernóbil?

    Los misiles SRAM y sus ojivas tenían desventajas en su diseño: carecían de componentes resistentes al fuego y a las explosiones. El entonces secretario de Defensa, Dick Cheney, ordenó que todos los SRAM fuesen sacados de los bombarderos B-52 que habían estado en estado de alerta y que los almacenasen para el 9 de junio de 1990. El presidente George Bush padre puso fin a la práctica de tener a los bombarderos en alerta en 1991.

    El incendio en el avión B-52 equipado con armas nucleares confirma que es bastante fácil tener un incidente que pueda devenir en una catástrofe. Una combinación de factores favorables y el arduo trabajo de los bomberos ayudaron a evitar por poco una catástrofe radioactiva en la parte norte de Estados Unidos. Pero, ¿es correcto aseverar que el incidente pudo haberse convertido en un Chernóbil a lo estadounidense? 

    Tras el incidente de Chernóbil aproximadamente 100.000 kilómetros cuadrados de tierra fueron significativamente contaminados por las lluvias radioactivas. Entre los países gravemente afectados por las secuelas de la catástrofe en Chernóbil se encuentran Rusia, Ucrania y Bielorrusia. La contaminación radioactiva en cierta medida también afectó a la mayoría de países de Europa, salvo a la península ibérica.

    Alrededor de 49.000 personas fueron evacuadas del área afectada. Sobre todo, de la ciudad de Prípiat, que estaba cerca de la central nuclear. La zona de exclusión luego fue extendida hasta cubrir un radio de 30 kilómetros de radio desde el lugar de la catástrofe. 

    Como consecuencia, otros 68.000 individuos fueron evacuados. Por eso el incidente de Chernóbil fue peor que la catástrofe que pudo haber ocurrido en Dakota del Norte en septiembre de 1980, a no ser que una de las bombas se hubiera detonado. En este caso las consecuencias hubieran sido devastadoras.

    Etiquetas:
    B-52, bomba nuclear, EEUU
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