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    Una columna de ceniza y vapor se eleva desde el volcán Popocatépetl

    Cómo es vivir al lado del volcán más peligroso de México

    © AP Photo / Marco Ugarte
    América del Norte
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    Nicolás Ayala
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    Tras la Alerta Volcánica Amarillo fase 3, Sputnik viajó al pueblo más cercano al Popocatépetl para conocer cómo es compartir el barrio con uno de los cráteres de mayor actividad del país.

    Cada vez que Don Goyo fuma, sus vecinos sienten miedo. Saben que tras el humo vendrán la tos y la bilis. Y cuando esto ocurre tiemblan los propios cimientos de la tierra.

    Es que no se trata de un residente cualquiera. El Popocatépetl, como mejor se lo conoce, es el segundo volcán más alto de México, con 5.500 metros. También es uno de los más activos.

    A escasos 12 kilómetros del coloso se encuentra Santiago Xalitzintla, el pueblo más cercano a su base.

    "Estamos acostumbrados, es un vecino y un amigo. Lo vemos todos los días. Somos testigos de sus explosiones, de sus fumarolas y de su lava. Lo vemos todo, y siempre estamos pendientes de él en las noticias", dijo a Sputnik Juana de la Cruz Sevilla, una mujer de 45 años que atiende un kiosco aquí.

    Por la mañana del 28 de marzo pasado, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) registró 138 exhalaciones acompañadas de vapor de agua, gases volcánicos y bajo contenido de ceniza. Una de las erupciones duró 14 minutos y generó una columna de 800 metros de ceniza, que se dispersó al sureste.

    María Teresa es una vecina de Xalitzintla, el pueblo más cercano al Popocatépetl, atenta a lo que suceda con el volcán
    © Sputnik / Nicolás Ayala
    María Teresa es una vecina de Xalitzintla, el pueblo más cercano al Popocatépetl, atenta a lo que suceda con el volcán
    Las explosiones causaron lanzamiento de fragmentos incandescentes a unos 300 metros sobre las laderas del volcán. Tras los eventos, las autoridades elevaron la fase del Semáforo de Alerta Volcánica de Amarillo fase 2 a Amarillo fase 3, que supone preparaciones para una posible evacuación.

    "Escuché y sentí sus tronidos, da miedo. Tiembla y después explota y cae ceniza o arenita", explicó Juana, madre de dos. Su familia vive cerca del volcán. Ese día sintieron como que alguien empujó la puerta de su casa, al salir a ver qué ocurría entendieron que de qué trataba.

    Están preocupados, uno de sus hijos es discapacitado y en una eventual evacuación las cosas se pueden llegar a complicar. "Los caminos están en malas condiciones. Mi hijo está en silla de ruedas, si pasara algo dependemos de la camioneta de mi padre para salir", indicó resignada.

    No es fácil convivir con Popocatépetl, cuyos límites se encuentran entre los estados de Morelos, Puebla y Estado de México. Su propio nombre, que en náhuatl significa monte que humea, lo deja claro.

    Tras una gran erupción a mediados del siglo XX el gigante despertó y ya nunca más se fue a dormir. En 1994 una explosión produjo gas y cenizas. La última erupción violenta fue en el 2000, miles de personas fueron evacuadas.

    El Popocatépetl, oculto a la distancia tras su nube de humo
    © Sputnik / Nicolás Ayala
    El Popocatépetl, oculto a la distancia tras su nube de humo
    Hoy, esos recuerdos vuelven a brotar en la memoria de María Teresa, una mujer de 52 años que hace hace 30 vive en Xalitzintla. Esa vez, al regresar, encontró todo el poblado cubierto de cenizas.

    "Que va a explotar va a explotar, pero no sabemos cuándo. Es aterrador, sabemos que puede acabar con el pueblo. Me preocupo mucho por mis hijos, no tenemos otro sitio donde ir. ¿A dónde vamos a vivir?", se preguntó y continuó: "Mi hija no quiere estar más acá, pero no podemos hacer más que esperar. Esto es lo que hemos construido a través de los años, es nuestro futuro".

    En 2005 hubo otra explosión que provocó una columna de humo y cenizas de tres kilómetros de altura y la expulsión de lava. En 2011, el Popocatépetl emitió grandes fumarolas y un gran estallido hizo temblar la tierra. Al año siguiente lanzó vapor de agua y cenizas. Más tarde ese año volvió a asustar a sus vecinos y las autoridades elevaron la alerta a Amarillo fase 3.

    En 2013, el gigante arrojó fragmentos incandescentes a 800 metros de su cráter, y en enero de este año lo volvió a hacer. La explosión se sintió en las zonas aledañas. Entre el 9 y el 18 de febrero, expulsó material ardiente y sus cenizas alcanzaron a Puebla y Tlaxcala.

    El 22, 26 y 27 de marzo se volvieron a registrar actividades, entre ellas explosiones con escupidas candentes acompañadas de lava, ceniza y gases tóxicos. Se llegaron a quemar varios pastizales en las faldas del volcán. Cuentan en el pueblo que ahí mismo vive un anciano que se hace llamar Gregorio Chino Popocatépetl, o Don Goyo. Se trata del espíritu del volcán que aparece en los sueños de algunos pobladores para anunciar una posible erupción y tranquilizar a las personas.

    Pero de promesas oníricas María Teresa no sabe nada. "Voy a dormir con la incógnita de si amanezco o no amanezco. Confiamos en el señor. Si nos toca, qué le podemos hacer. Correr no podemos correr, y las salidas [de evacuación] son muy estrechas. Creo que en un evento fuerte no vamos a poder hacer nada", opinó con pesadez.

    Habitantes del pueblo más cercano al volcán
    © Sputnik / Nicolás Ayala
    Habitantes del pueblo más cercano al volcán
    El Popocatépetl lleva más de 730.000 años en este planeta. Su parte norte está unida al Iztaccíhuatl, o la mujer dormida, por un pasaje conocido como Paso Cortés, que el conquistador español Hernán Cortés utilizó para llegar a Tenochtitlán en 1521.

    Cuenta la leyenda que el corazón de la hermosa princesa mexica Mixtli, hija de emperador Tizoc, pertenecía al guerrero Popoca, quien marchó a la guerra con la promesa de que su amor lo esperaría. Pasaron los años y el guerrero no volvió. La princesa soñó que su amante había muerto en batalla y se quitó la vida.

    Al regresar, Popoca alzó el cuerpo de su amada y le preparó una tumba con 10 cerros apilados para que esté más cerca del Sol. Allí recostó su cadáver, tomó su antorcha humeante y permaneció arrodillado a sus pies. La nieve los cubrió y con el tiempo se convirtieron en volcanes. Cada vez que el guerrero recuerda su amor por ella tiembla, su corazón se enciende y su antorcha echa humo.

    Por estos días el amor del coloso cubre los cielos de un denso color gris, allí permanece oculto, tras su propia cortina de humo, y mantiene en vilo a sus vecinos. "Vimos la erupción de hace unos días, sacó mucha lumbre y rocas. Vibraron las casas, las ventanas y las puertas. Estamos inquietos. Si llegara a pasar algo espero que tengamos tiempo de irnos. Dios quiera que no pase nada", dijo Salin Ramírez Casas, de 27 años, del pueblo aledaño San Nicolás de los Ranchos, que junto a su familia se acerca a Xalitzintla a vender frutas y verduras.

    La actividad del volcán no sólo pone en riesgo la vida de los pobladores, también afecta sus medios de subsistencia. "Tenemos que acercarnos hasta aquí para vender nuestros productos. Sabemos que corremos riesgos, pero es nuestro trabajo. Con la actividad del Popo se pone un poco más difícil, la gente tiene miedo y se salen del pueblo. Las ventas caen", explicó.

    Vista de Santiago Xalitzintla, el pueblo más cercano al volcán
    © Sputnik / Nicolás Ayala
    Vista de Santiago Xalitzintla, el pueblo más cercano al volcán
    En los transportes públicos de la zona es de lo único que se habla. Para algunos la preocupación gira en torno a las evacuaciones, cerca de los conglomerados urbanos. En tiempos de calma las montañas son un refugio natural; el aire, el agua y la comida de las ciudades lastiman el organismo, dicen.

    Dentro de una de las combis, una familia se dirigía a un cumpleaños de 15. Es que a pesar del estado de ánimo del Popo, siempre hay motivos para celebrar. La vida continúa.

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    Volcán Popocatépetl, México