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    El dinero opaco fluye en Manhattan a través de la venta de apartamentos de lujo

    El dinero opaco fluye en Manhattan a través de la venta de apartamentos de lujo

    © Flickr / 6SN7
    América del Norte
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    Manhattan es testigo de un escándalo en el sector inmobiliario que afecta a la venta en la última década de 900 apartamentos de lujo, cuyo precio total equivale al coste de 20.000 viviendas de tipo medio en EEUU.

    Desde el 2004 hasta el 38% de estos apartamentos fueron adquiridos mediante sociedades pantalla y el 54% desde 2014, datos que aporta una investigación realizada por el periódico The New York Times, que sigue la pista del río de dinero opaco que inunda la ciudad y sus edificios desde hace más de década.

    Seis son los edificios que congregan la mayoría de las sociedades pantalla: la torre Bloomberg, El Plaza, ONE57, Time Warner Center, Trump International y 15 Central Park West.

    Tan solo en el exclusivo Time Warner Center, en Columbus Circle, 122 de los 192 propietarios de apartamentos esconden su identidad tras un complicado entramado societario; en numerosas ocasiones la firma del dueño se corresponde con la de un abogado, un ama de casa o, directamente, está en blanco.

    El periódico neoyorquino ha sido capaz de rastrear algunas de las identidades, por ejemplo, la de Ani Argawal, el multimillonario indio cuya compañía minera ha sido acusada de polucionar gravemente en India y Zambia.

    También hay un rico constructor chino llamado Wang Wenliang, bien conectado con el Gobierno de su país y con denuncias en Nueva Jersey por mantener supuestamente a trabajadores hacinados en viviendas insalubres.

    No son los únicos: princesas saudíes, oligarcas griegos, políticos colombianos y una nutrida panoplia de la élite de las finanzas mundial figura entre los compradores de este moderno oro, bienes raíces a salvo de investigaciones y colapsos económicos, favorecidos por los vientos especuladores.

    Explica The New York Times que el boom de los apartamentos multimillonarios se ha consolidado gracias a diversos incentivos incentivos: mediante sociedades pantalla el nombre del futuro dueño permanecerá en un discreto segundo plano; apenas se investiga la procedencia del dinero; los impuestos que se pagan, al tratarse de ciudadanos de otros países, resultan irrisorios.

    Se trata, dicen los reporteros, de una franca violación del espíritu del país, que siempre apostó porque los compradores de vivienda no permanecieran en la sombra.

    En 2013 el entonces alcalde, Michael Bloomberg, a la sazón uno de los hombres más ricos de EEUU, explicó en la radio, poco antes de abandonar su cargo, que si todos los multimillonarios del planeta quisieran vivir en Manhattan "sería un regalo de Dios".

    En teoría su presencia beneficia a la economía de la ciudad y en la práctica muchos de ellos apenas pisan sus flamantes palacios.

    No consumen en ninguno de los negocios de clase media o trabajadora, no dejan apenas dinero más allá de los grandes restaurantes y los helicópteros o limusinas que alquilan.

    Como corolario, esta avalancha de dinero, muchas veces en efectivo, ha disparado los precios de la vivienda en Nueva York, haciendo de Manhattan un carísimo paraíso hacia el que fluye una imparable marea de riqueza de orígenes a veces dudosos.

    Etiquetas:
    lujo, Manhattan
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