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    En la mañana del sábado el 9 de enero, una antigua pero clave pieza del sistema de metro de la capital mexicana tomó fuego al incendiarse el edificio dónde está su centro de operación, comprometiendo seis líneas. Sputnik te explica por qué esto puede leerse como una consecuencia de la expansión urbana sin control.

    Delicias es una callecita angosta que da inicio al bullicio comercial del centro de la Ciudad de México. El edificio incendiado ocupa toda la manzana entre Luis Moya y Buen Tono, dónde se alberga la Central de controles del sistema. Al iniciar el fuego antes de las seis de la mañana quedaron allí treinta trabajadores atrapados, de los que falleció una mujer agente de policía preventiva.

    Su ubicación es un indicio de cómo en sus inicios, nadie pudo prever que el metro (ni la Ciudad) fuesen a extenderse tanto, de manera tan acelerada, hasta transformarse en una de las más pobladas del continente americano y que su metro sería el segundo más hacinado del mundo, apenas tras el de la capital de la India.

    La falta de mantenimiento del edificio incendiado, su antigüedad extendieron el fuego por el cableado del sistema, afectando el funcionamiento de seis de las doce líneas del metro de la capital mexicana, las cuales permanecen con la energía cortada por la Comisión Federal de Electricidad (CFE) debido a los daños sufridos.

    Uno de los vecinos del edificio incendiado relató a Sputnik que las llamas y el humo tardaron en poder ser controladas por las cuadrillas de bomberos que desde tempranas horas del sábado trabajaron intensamente en el lugar para rescatar a los trabajadores atrapados que se disponían a poner las líneas en funcionamiento.

    La Directora General del Metro, Florencia Serranía, dijo en conferencia de prensa que se hará un triple diagnóstico de las causas del fuego en el edificio, así como de la situación en que quedaron los tres transformadores que allí se albergan.

    Por su parte, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, sostuvo que de manera paliativa la propia CFE colaborará en la instalación de un centro de control fuera del edificio que permita echar a andar tres de las líneas afectadas en las primeras horas del martes el 12 de enero.

    Historia antigua

    Cuando se inauguró el edificio que se quemó, el metro del entonces Distrito Federal mexicano representó una obra de avanzada para la región. En la fachada del mismo pueden verse fotografías de las excavaciones que permitieron la inauguración en 1969 de la Línea 1 o color rosa, que recorre la ciudad de oriente a poniente, de Observatorio a Pantitlán.

    En medio de las antiguas fotos de maquinaria pesada y de obreros que la manejan aparece, por ejemplo, el hallazgo de un cráneo de 11.000 años de antigüedad en la excavación dónde se erigió la actual estación Balderas que integra la línea.

    Hoy, el sistema del metro capitalino transporta casi tanta gente como la que habitaba en toda la ciudad en 1970; sin embargo, según reconoció la autoridad, esta instalación clave no había sido remodelada desde entonces.

    El metro no ha tenido una inversión ni actualización acorde a la demanda de usuarios que lo utilizan cotidianamente, aunque en 50 años se agregaron al sistema otras once líneas más.

    La última, la Línea 12 o de dorada, construida durante la Jefatura de Gobierno de Marcelo Ebrard, estuvo rodeada de polémica debido a la tardanza y sobreprecio demandado para su construcción, así como los daños ocasionados en las colonias que fueron excavadas.

    A la Subestación eléctrica de Buen Tono que se incendió, le toca administrar la energía también para otras dos líneas principales (en cantidad de pasajeros) que recorren la capital de norte a sur: la Línea 2 (azul) que va de Cuatro Caminos a Taxqueña y la Línea 3 (verde) que alimenta una de las mayores terminales de la ciudad, en Indios Verdes y del otro extremo, la sede de la Universidad Nacional.

    De uso intensivo diario, estas tres líneas concentran a un millón y medio de los cinco que viajan en el sistema, debido a lo cual la autoridad habilitó autobuses de apoyo que hiciesen el mismo recorrido de manera provisoria, conectando por la superficie las estaciones de las tres líneas y cobrando el mismo costo del boleto del metro, 5 pesos mexicanos (25 centavos de dólar) mientras los autobuses concesionados suelen cobrar hasta 7.

    Aunque cuatro de las estaciones de la Línea 1 fueron remodeladas en los últimos dos años —Sevilla, Cuauhtémoc, Salto del Agua y Balbuena—, el rezago en inversión en la renovación de las instalaciones del sistema de transporte en su conjunto, particularmente de la Subestación Buen Tono, encargada de trasformar la intensidad de energía suministrada por la CFE, de 85 a 15 kilovatios, así como su distribución por medio de cableado de alta tensión a las seis líneas mencionadas, fue asumido como una causa para lo ocurrido.

    La Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México reconoció que la Subestación había quedado obsoleta y que el cableado conector del mismo con las líneas había rebasado largamente su vida útil, cuyo deterioro se vio acrecentado por la humedad constante de las filtraciones de lluvia en las instalaciones.

    La Jefa de Gobierno Sheinbaum anunció que a sugerencia del jefe de Bomberos, Manuel Pérez Cova, se realizará junto a la CFE una revisión de todas las subestaciones del sistema, buscando evitar futuros siniestros.

    Se anunció que los peritajes que haga la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México como otras dos empresas privadas —un peritaje independiente y la aseguradora— para determinar el origen del fuego que dejó una persona fallecida y tres internadas por la inhalación de humo, se harán públicos.

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