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    Bacardí, Partagás, Sarrá y Gelats. Disímiles apellidos que triunfaron como marcas importantes de Cuba: el ron, el tabaco, la industria farmacéutica e incluso el sistema bancario. Desde el siglo XVIII la impronta catalana en el país es referencia en casi todos los sectores de la economía, así como en la cultura, la arquitectura y la política social.

    La historia apunta que fue en Cuba que se diseñó la famosa bandera independentista de Cataluña y donde también se escribió la primera Carta Magna de la provincia que hasta hoy sueña con separarse de España. Así de fuerte es el vínculo de los catalanes con la Isla. Por otro lado, expertos aseguran además que el modernismo europeo llegó al país, en buena medida, gracias a la influencia catalana. 

    En diálogo con Sputnik, el arquitecto cubano Luis Eduardo González Díaz resalta que los catalanes eran especialmente reputados en profesiones vinculadas a la construcción, bien fuera como maestros de obra o especialistas en albañilería. 

    Muestra de ello en La Habana son el actual Hotel Palacio Cueto en la esquina que entrelaza las calles Inquisidor y Muralla en la Plaza Vieja, diseñado en 1905 por el maestro cubano Arturo Marqués, y la Casa del empresario español Dámaso Gutiérrez Cano, concebida en 1913 por el arquitecto de la Isla Mario Rotllant y cuya escalinata recuerda la del icónico Parque Güell de Antoni Gaudí en Barcelona. 

    Asimismo, de acuerdo con González Díaz, muy pocos conocen la intervención de dos hermanos catalanes en la edificación del Instituto Superior de Arte de La Habana, considerado como uno de los mayores logros arquitectónicos de la Revolución Cubana. 

    "El proyectista Ricardo Porro junto a los italianos Vittorio Garatti y Roberto Gottardi introdujeron en el diseño las cubiertas con forma de bóvedas catalanas para los pasillos de conexión y los domos en aulas, salas, áreas de ensayo, talleres, etc.  Ambas estructuras se realizan con tres capas de ladrillos muy finos, una sobre la otra. Pero ¿quién sabía de eso en Cuba? Por suerte, dos hermanos catalanes ayudaron en el impulso de la técnica", explica. 

    Catalanes célebres en Cuba 

    Destacan en las centurias XIX y XX, nombres como Narciso Gelats (1845-1929), fundador de la firma Gelats, una de las instituciones financieras más antiguas de la nación caribeña y Jaime Partagás, dueño de la Real Fábrica de Tabacos Partagás, cuya marca La Flor de Tabacos Partagás, registrada en 1845, es una de las líderes en el mercado internacional de puros

    También los hermanos Juan y José Crusellas, quienes fundaron una de las empresas más antiguas del país en 1863, dedicada a la producción y venta de productos de higiene. Por esa época don Facundo Bacardí, procedente de la localidad Sitges en Barcelona, fabricaba un ron de calidad y añadía su firma a cada una de las botellas en Santiago de Cuba. Bautizado como Ron Bacardí, la bebida resultó la más popular de la Mayor de las Antillas. 

    El Cine Payret, situado en la calle Prado de la urbe capitalina, fue inaugurado en 1877 por los catalanes Joaquín Payret y Fidel Luna. La historiografía apunta que, a comienzos del siglo XX, la droguería La Reunión, ubicada en La Habana y propiedad del catalán José Sarrá, era la más grande de América Latina. 

    La familia Soler

    Familia Soler, catalanes residentes en Cuba
    © Foto : Cortesía de Peter Soler
    Familia Soler, catalanes residentes en Cuba

    Conrado Soler, antepasado del catalán Peter Soler (1974), llegó a la Isla en 1838 acompañado de sus hijos. Según referencian sus descendientes, se instaló en Camagüey y estableció allí un racho de reses o vaquería, porque era de los pocos negocios que no involucraba mano de obra esclava. De 1820 a 1840 la mayoría de los procedentes de la península eran catalanes. 

    Treinta años después, su bisabuelo Joaquim Soler arribó al país caribeño junto a dos de sus hermanos. "Permanecieron en el municipio Alacranes, en Matanzas durante tres décadas. En esa occidental provincia abrieron una empresa de importación y exportación. Además, mi bisabuela era modista y su atelier vestía a las damas de la alta sociedad que iban al Teatro Sauto, de acuerdo a las últimas tendencias de Barcelona y París", explica a Sputnik Peter. 

    De Cuba para España llevaban tabaco, ron, azúcar morena y café. Procedentes de Cataluña venían, sobre todo, telas, vinos, aceite de olivas y otros productos típicos con demanda en la Isla. En esos años, ser catalán era sinónimo de comerciante y emprendedor. Incluso, cuando los cubanos iban a comprar en una tienda decían: "voy al catalán"

    La familia de Peter retornó a su tierra en 1899 y desde esa fecha hasta los años 90 de la última centuria, ninguno de sus integrantes y descendientes regresó a la Mayor de las Antillas. 

    "Vivo aquí desde hace seis años y nunca me he sentido como un turista o extranjero. En mi casa siempre se habló de este país, incluso tenemos cuadros con paisajes y artesanías del archipiélago antillano. Desde que vine por primera vez en 1993 siempre advertí un sentimiento de cercanía y familiaridad", argumenta. 

    La madre de Peter, la catalana Angelina Cata, radica en la Mayor de las Antillas desde hace dos décadas. "Pertenezco a la quinta generación de catalanes residentes en Cuba. Primero vine de vacaciones entre 1993 y 1999 y luego me casé con un matancero en el año 2000", comenta a Sputnik. 

    Cuenta, además, que mantiene como tradiciones el día de San Jorge, en catalán Diada de Sant Jordi. Definido por ella como un espectáculo maravilloso de libros y flores, la jornada conmemora la muerte del soldado mártir Jorge, el 23 de abril de 303, quien es considerado además como el santo patrón de las comunidades autónomas españolas de Aragón y Cataluña. También celebra el 11 de septiembre, Diada Nacional de Catalunya

    En el sitio que hoy ocupa el Memorial José Martí estuvo la primera ermita de los catalanes en Cuba, inaugurada en 1921
    © Sputnik / Danay Galletti
    En el sitio que hoy ocupa el Memorial José Martí estuvo la primera ermita de los catalanes en Cuba, inaugurada en 1921

    Angelina alude a una popular historia que une a su tierra Arenys de Mar con Cuba. Si bien existen varias versiones, en esencia, el doctor Rafael Martínez Ortiz, procedente de la ciudad cubana de Santa Clara, viajó con 16 años a Barcelona a estudiar medicina en la Universidad de la Ciudad Condal, allí conoce a la joven Elmira de Romira y Presas. 

    "En sus múltiples visitas a Arenys entre 1875 y 1881, Rafael enamora a la hija del Procurador del Tribunal. El romance, no muy bien visto por la familia de la joven de 15 años, concluye con el retorno de Rafael a la Isla. La comunicación se interrumpió y según afirman Emilia murió de pena y tristeza. A su regreso en 1929, él decidió erigirle en el cementerio un monumento funerario y los restos fueron finalmente trasladados el 23 de abril del año 2000", explica. 

    Evoca, además, que en su actual provincia de residencia los catalanes "como buenos católicos" buscaron un emplazamiento para edificar un santuario dedicado a su patrona: la Virgen de Montserrat. Inspirados en su paisaje natal, decidieron construirla en las Alturas de Simpson, una zona elevada de la ciudad con el Valle del Yumurí a sus pies. 

    La construcción de la ermita concluyó en diciembre de 1875 y para conmemorar la fecha cada primer domingo de ese mes los matanceros iban en romería desde la Plaza de la Libertad hasta el sitio. 

    En La Habana, por su parte, las asociaciones catalanas proyectaron la edificación de una iglesia consagrada a la santa patrona en la otrora Loma del Tadino, bautizada después como Loma de los Catalanes o de Montserrat

    Ermita de Montserrat en su actual emplazamiento de La Habana
    © Foto : Cortesía de Peter Soler
    Ermita de Montserrat en su actual emplazamiento de La Habana

    Su primera ubicación fue en el sitio donde, actualmente, está el Memorial José Martí en la Plaza de la Revolución de La Habana.  La ermita fue inaugurada en 1921 y demolida tres décadas más tarde. El emplazamiento definitivo es cercano a la Avenida de Rancho Boyeros, en la capital cubana.  

    Historiadores apuntan que su arquitectura recuerda a la de la Iglesia Nostra Senyora de l' Esperança de S' Agaró, localidad situada a 110 km al noreste de Barcelona. Los arquitectos fueron los catalanes Vicente J. Sallés y Francisco G. Padilla, quienes tuvieron en cuenta el clima de la nación caribeña para la creación de ese templo similar al de España.  

    Primera Sociedad Benéfica de América Latina y el Caribe 

    Desde mediados del siglo XIX coexistían en Cuba las Sociedades de Beneficencia por regiones españolas. Entre ellas, la catalana, constituida definitivamente el primero de agosto de 1841; la gallega, establecida el 31 de diciembre de 1871 y la vasco-navarra, conformada el 30 de junio de 1877. 

    La primera de ellas fue fundada por los comerciantes José Gener y Guash y Antonio Font, y Francisco Ventosa Soler fue su primer presidente. Los objetivos de la institución fueron ofrecer atención médica, vejez asegurada y un sepulcro digno a los coterráneos en desgracia; así como repatriar a los paisanos si fuere necesario y aliviar calamidades en ambas tierras.

    Documentos de la época consultados por Sputnik, muestran que esa sociedad celebraba periódicamente cultos a los santos de su devoción; así como, eventos y alternativas para sostener la ayuda humanitaria como: funciones en el Teatro Payret de La Habana, corridas de toros, carnavales, certámenes literarios y juegos florares.  

    La colonia de catalanes también fundó, en la década de 1880, la Sociedad de recreo La Colla de Sant Mus. El local se encontraba en Galiano esquina a Neptuno y contaba con ocho salones, donde daban bailes, fiestas y juegos lícitos. Su primer presidente fue Ventura Trotcha, propietario del hotel de igual nombre situado en el Vedado.

    La actual presidenta de la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña, María Dolores Rosich Leal, recuerda que durante su niñez y juventud participaba en las fiestas anuales de ese Casal Catalá, en la cual las muchachas ofrecían una flor a los visitantes y asociados a cambio de un donativo pues, a su juicio, "no todos vinieron a hacer las Américas". 

    "Mi padre arribó a Cuba en 1921 y desde que yo tenía 5 años él fue vocal de la junta tanto de la sociedad como del Centro Catalán, disuelto en la década de 1960. Él fallece en 1973 y una década después me preguntaron si quería pertenecer a la junta. En su memoria, di el paso al frente. Soy la primera mujer en ocupar este cargo", asevera. 

    Actualmente, esa entidad de ayuda social considerada como la más antigua del mundo tiene más de 1.000 socios, quienes junto a los miembros de la comunidad participan en habaneras, celebraciones de Sant Jordi, lecturas de poesía, conciertos y la Peña Barcelonista, en su sede de Consulado número 68, municipio Centrohabana. 

    "La Generalitat de Catalunya nos ayudó a reconstruir y reformar esta casa. Luego se creó la escuela de baile, se impulsó el trabajo del coro y del cuarteto de havaneras. Aunque mantiene sus fines benéficos, en paralelo, promovemos la defensa y difusión de esa cultura. Damos clases de catalán y tenemos un archivo histórico cuyos materiales se están digitalizando en Cataluña", afirma.

    El compendio de materiales bibliográficos, la mayoría perteneciente al otrora Centro Catalán, incluye varios ejemplares de la revista La Nueva Cataluña, cuyas páginas describen la sociedad cubana de los siglos XIX y las primeras décadas del XX. De igual manera, el centro compendia cartas que los emigrados enviaban a sus familias y cientos de volúmenes referidos a temas como filosofía, religión y artes plásticas en idioma catalán. 

    Rosich refiere además que dentro de las filas de la Sociedad aún permanecen ancianos reconocidos como niños de la guerra. "Algunos de nuestros afiliados de más de 80 años llegaron al país muy pequeños, exiliados como consecuencia de la Guerra Civil Española. Sus hijos, nietos y bisnietos también son nuestros socios", advierte. 

    Si bien la presencia de los hijos de esa región en estadísticas resulta muy por debajo de otras regiones españolas, su influencia desde mediados del siglo XIX en los territorios de ultramar, determina que, a juicio de algunos historiadores, las colonias, entre ellas Cuba, eran económicamente más catalanas. 

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