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    Sputnik V llega a Argentina (51)
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    MONTEVIDEO (Sputnik) — El pasado 7 de marzo, la doctora argentina Nadia Rosanova disfrutaba en Buenos Aires un concierto de la banda de pop Backstreet Boys. Al otro día, visitó un parque y tomó el avión de regreso a Córdoba (centro), donde vive, en medio de una tormenta que para ella duraría nueve meses.

    "Ese fue mi ultimo momento de paz interior", cuenta a Sputnik esta porteña de 37 años que desde hace 19 vive en Córdoba y que, desde agosto a esta parte atendió a unos 4.000 pacientes de COVID-19 de cuatro provincias, en forma presencial y telefónica.

    En la mañana de este martes, la mujer, que además es madre de dos hijos, recibió la primera aplicación de la vacuna rusa Sputnik V, gracias a la adquisición de 300.000 dosis por parte del Gobierno argentino.

    "Cuando volví a Córdoba y se desató la pandemia, empezaron las corridas para comprar víveres en casa, miedo de abrazar a mis padres que durante muchos meses no pude verlos, mucho trabajo y momentos de mucha incertidumbre; vacunarme fue liberar toda esa tensión de meses", reconoce.

    La profesional trabaja para una empresa de emergencias y durante la pandemia ha hecho seguimiento de pacientes de coronavirus desde Córdoba a las provincias de Jujuy (norte), Entre Ríos (este) y Santa Fe (este) por teléfono y en forma presencial en su lugar de residencia.

    Este 29 de diciembre fue la segunda doctora de la provincia inoculada en el centro de convenciones del complejo ferial de la capital cordobesa, lugar dispuesto por las autoridades para la campaña local de vacunación, que contará con 21.900 dosis en la primera etapa pero que prevé llegar a 1,2 millones de cordobeses y cordobesas entre enero y febrero.

    "No siento nada de nada, sentí un leve dolor, el común, en el sitio de aplicación que luego se me fue. Es una inyección en el músculo deltoides como cualquier otra y es lógico que pueda doler un poco", aclara a Sputnik unas horas después de ser inyectada.

    Repercusiones políticas

    Rosanova no está en la primera línea de galenos habilitados a recibir las dosis prioritaria; sin embargo, obtuvo el beneficio igual por la negativa de algunos de sus colegas.

    En Argentina, la pandemia de coronavirus —y la danza de posibles vacunas que terminen con ella— no ha estado exenta de la exagerada politización con la que se tratan todos los temas en ese país sudamericano.

    Hay quienes afirman, incluso, que junto con el antígeno, la vacuna inocula ideologías que responden al país de origen del medicamento, en un análisis tan absurdo como anacrónico.

    "Muchos colegas no se quieren vacunar por miedos, cuestiones políticas y porque relacionan la vacuna con el comunismo, todos los miedos que les generaron los medios [locales], entonces, al no anotarse, nos dejaron lugar a quienes no estamos en las terapias pero nos queríamos vacunar igual", reconoce Rosanova.

    Fue el Consejo de Médicos de Córdoba el organismo que administró voluntades y expectativas en la segunda provincia más importante del país, y que el 28 de diciembre a las 23:00 horas (2:00 GMT) le comunicó por correo electrónico a Nadia que había sido seleccionada.

    Once horas después y, con un pinchazo mediante, quedaron atrás los miedos de contagiar a su familia —en particular a su marido hipertenso y, por tanto, en grupo de riesgo— y las jornadas de nerviosismo laboral porque una ambulancia no llegaba a tiempo a miles de kilómetros de distancia o porque quede sin atender algún paciente.

    "Nos estamos vacunando los que realmente nos queremos vacunar y yo creo que va a ser un efecto contagio, cuando los demás vean que a mí no me hizo nada y que genera inmunidad se van a empezar a soltar", augura la médica.

    Rosanova ya dice haber convencido a dos amigas opositoras al Gobierno de Alberto Fernández a recibir la dosis.

    "Tenes que ir en contra de todo lo que dicen los medios; hay gente que estudió medicina por creer en la ciencia y que hoy no quieren creer en esa misma ciencia, es cansador", resume.

    La especialista también opina que el Gobierno de Alberto Fernández "se juega un capital político importante con la vacuna y la oposición eso lo sabe, pero más allá del capital político está el simbólico, lo que significa que un país que no es del primer mundo tenga acceso a una vacuna que sí tienen los países de primer mundo".

    Principio del fin

    Tras vacunarse, Nadia recordó a Teresa, una paciente jujeña a la cual trató por teléfono, a la distancia, y que mostraba avances pero que, de un día para el otro empezó con falta de aire y falleció en la ambulancia camino al hospital.

    Luego, al llegar a su auto y sentarse frente al volante, pensó en ella misma y se largó a llorar sabiendo que esa paz interior que dejó en un parque de Buenos Aires "estaba volviendo".

    "Pensé que es el comienzo del final, y empecé a contar los días con los dedos para la segunda dosis, la del 19 de enero, y para el día en que mi cuerpo genere inmunidad que será el 1 de febrero. Ese día lo primero que voy a hacer es ir a abrazar a mi abuelo que tiene 92 años y que en estos meses solo pudo ver a su cuidador", cuenta.

    Volver a la vida normal, el deseo de la doctora Nadia Rosanova (y el de todo un planeta) cabe en una vacuna, tenga el color que tenga.

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