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    En 1942, la rápida expansión del imperio nazi generó rumores sobre nuevas invasiones de las tropas comandadas por Adolfo Hitler. En México, ese temor llevó a que el teniente coronel Antolín Jiménez Gamas fundara la Legión de los Guerrilleros Mexicanos para enfrentar a los alemanes.

    Sin embargo, ese cuerpo no estaba formado por militares, sino por charros, un grupo de hombres montados a caballo, armados con pistolas y machetes y enfundados en el tradicional traje de jinete del México rural.

    El 13 de mayo de 1942, México había declarado la guerra a los países del Eje (Alemania-Italia-Japón) luego de que submarinos nazis atacaron con torpedos a los buques petroleros el Potrero del Llano, el cual se hundió frente a las costas de Florida, y el Faja de Oro, el cual tuvo el mismo destino siete días después del enfrentamiento.

    Entonces, Jiménez Gamas propuso al presidente Manuel Ávila Camacho crear un cuerpo de charros que se entrenara para enfrentar un posible ataque nazi en territorio mexicano. Así, en menos de un año puso en marcha la Legión de los Guerrilleros Mexicanos, la cual integró a 150.000 hombres armados y a caballo, repartidos en 250 puntos del país.

    Desde el periodo de la Colonia, los charros estuvieron a cargo de la seguridad de las haciendas y los campos. Además, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial Jiménez Gamas era presidente de la Asociación Nacional de Charros, lo cual facilitó la formación de esta tropa.

    Durante un año los charros del grupo de legionarios se entrenaron cada domingo, al tiempo que aprendían sobre las estrategias de guerra que les enseñaban los excombatientes de la Revolución Mexicana.

    Aunque el ataque nazi nunca ocurrió, Jiménez Gamas, quien formó parte del ejército de Francisco Villa, se tomaba muy en serio su idea. Así, el propósito del nuevo ejército era descrito de la siguiente manera: "Defender con nuestras vidas el honor del inmaculado pabellón tricolor, símbolo de libertades y emblema de una heroica tradición".

    Según el documental Matria, dirigido por Fernando Llanos, al terminar la Revolución el teniente coronel pasó a trabajar como recaudador de impuestos, fundó una editorial, entró al mundo de la masonería y se involucró en la fundación del Partido Revolucionario Institucional (PRI), por el cual llegó a ser representante en la Cámara de Diputados tres veces por el estado de Oaxaca.

    Actualmente, los charros aparecen en las filas de los desfiles del 16 de septiembre a la par de los integrantes de las Fuerzas Armadas, un honor que comparten desde que Ávila Camacho los declaró reserva del Ejército Mexicano. Pero esto se dio una vez que se creó la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana, mejor conocida como el Escuadrón 201, que en junio de 1945 participó en las batallas de Japón.

    Si bien la idea de Antolín Jiménez parece descabellada en la actualidad, diversos historiadores y especialistas afirman que durante los años de la Segunda Guerra Mundial había varios sectores que simpatizaban con la causa nazi.

    El escritor Juan Alberto Cedillo, por ejemplo, ha señalado que en México operaba una red de espías alemanes supuestamente vinculada con altos funcionarios del Gobierno de Ávila Camacho (1940-1946).

    Además, existía una marcada simpatía por el Partido Nacionalsocialista entre intelectuales de este país. José Vasconcelos, exsecretario de Educación Pública, se inclinó sutilmente hacia la Alemania nazi por oposición a Estados Unidos y en 1940 fundó la revista Timón, la cual fue señalada por supuestamente ser financiada desde la embajada alemana.

    Del mismo modo, el historiador alemán Friederich Katz documentó cómo el nacionalsocialismo intentó penetrar la vida política y económica de México a través de su llamada Organización en el Extranjero, entidad que estableció enlaces con las grandes compañías alemanas y que en México ayudó a robustecer la Unión Nacional Sinarquista, un partido clerical-fascista hostil al Gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940).

    Etiquetas:
    Adolf Hitler, México
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