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    CIUDAD DE MÉXICO (Sputnik) — Millones de flores "rojas de Nochebuena", "cuetlaxóchitl" para los antiguos mexicanos, flor prehispánica que los evangelizadores españoles adaptaron para festividades cristianas, ahora emblema mundial de la Navidad, volvieron a inundar mercados y viveros a pesar de la pandemia de COVID-19.

    "No podemos decir que fue un fracaso; después de la situación que vivimos en estos viveros a medio año por la pandemia, la temporada de Nochebuena resurgió, bendito sea Dios, la gente le ha respondido a este pueblo que vive del turismo", dijo a Sputnik el agricultor Reynaldo Rosas, en la localidad colonial de Atlixco, en las faldas del volcán Popocatépetl.

    El propietario del vivero "Plantas Medicinales y de Olor" relata que, aunque no es su especialidad, puso a la venta casi un millar de la flor de estrellas color rojo intenso, que significa "flor que marchita" en lengua náhuatl, cultivada de generación en generación.

    "La gente ha seguido viniendo, las familias llegan con menos integrantes, pero sí se está vendiendo bien y se salvó la temporada; a pesar de la situación de salud me queda solo una veintena de plantas, y se mantuvieron los precios muy altos, no bajaron", comenta el comerciante.

    Millones de flores rojas

    Cada año, en todo el país se cultivan más de 30 millones de plantas de flores de Nochebuena, cultivadas durante nueve meses a entre 15 y 20 grados de temperatura, según la secretaría federal de Agricultura.

    Unas 300 familias se dedican a su cultivo en el pueblo de Atlixco, en el central estado de Puebla, que aporta casi tres millones de plantas de esa producción, solo detrás de los estados de Morelos (sur) y Jalisco (centro-oeste).

    A sus 63 años, el comerciante de plantas de ornato y cactus, Moisés Méndez, lleva una década cultivando su vivero, dominado por la imponente presencia del volcán, de donde descienden las aguas nutridas de minerales, que además de las cenizas del coloso activo nutren las tierras en sus faldas.

    "Aunque ha llegado poca gente, porque ha estado encerrada, los fines de semana estamos repletos, y no ocurrió como en el Día de Muertos (2 de noviembre) cuando el cierre de los panteones arruinó la venta de "cempasúchil"", la flor ritual de los antiguos habitantes prehispánicos para la festividad.

    Las plantas se venden desde 50 a 500 pesos (de 2,5 a 25 dólares), dependiendo de su tamaño, y los artesanos han logrado producir nuevos colores, que van desde el verde limón, al amarillo, rosado, y decenas de mezclas multicolores, menos ortodoxas.

    "Un 80% de la producción ya fue vendida", dice Méndez con satisfacción.

    El hombre lamenta que algunas festividades sí fueron canceladas por autoridades civiles y religiosas, como la cena navideña de su comunidad evangélica en Atlixco, a la que solían asistir un millar de familias.

    Don Moisés lamenta también que algunas informaciones han trazado "una mala reputación, por la supuesta llegada de multitudes" procedentes de la Ciudad de México y la colonial Puebla, que obligó a las autoridades locales a colocar filtros en los accesos y vigilar el estricto cumplimiento de medidas sanitarias.

    Tradición imperecedera

    La tradición de adornar casas, centros comerciales y edificios públicos es tan grande, que incluso el salón desde donde el presidente Andrés Manuel López Obrador emite todos los días una conferencia de prensa con diversos mensajes a la nación, ha sido decorado con las floridas estrellas rojas.

    Para las tribus aztecas que dominaban México a la llegada de los españoles en el siglo XVI, la flor roja simbolizaba la sangre de los sacrificios que los indígenas ofrendaban al sol para renovar sus fuerzas.

    La primera mención al uso de esta flor está en el Códice Florentino, una versión enviada al Papa en 1580.

    Aquel texto la describe como una flor medicinal para las mujeres que tienen poca leche materna, al amamantar, versión recogida por el cronista español Fray Bernardino de Sahagún de sus informantes indígenas.

    En el siglo XVII, los sacerdotes jesuitas, franciscanos y dominicos, ataron la tradición indígena del cultivo de esas flores a las fiestas de la Natividad cristiana.

    Los indígenas las utilizaban contra erupciones en la boca, llagas, infecciones cutáneas, o picaduras de gusanos.

    Un registro anglosajón de 1828 indica que el médico, botánico y embajador de EEUU en México, Joel Robert Poinsett, se llevó los primeros ejemplares a su país, y en 1909 la familia Ecke la comenzó a comercializar en California.

    Por él fue bautizada como Poinsettia en EEUU, Euphorbia, o Flor de la Pastora en Centroamérica, Pascuero, Nochebuena, Flor de Pascua, o Estrella Federal para los argentinos.

    México exporta alrededor de 140 toneladas de bulbos y retoños de la flor navideña a EEUU, España, Japón, Holanda y otros países, y en su cultivo trabajan unos 13.000 agricultores.

    Este país ocupa el cuarto lugar a nivel mundial en superficie cultivada, con unas 300 hectáreas dedicadas a la Flor de Nochebuena.

    Etiquetas:
    Flor de Nochebuena, México
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