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    La pandemia de COVID-19 en Uruguay pasó de estar bajo control a aumentar abruptamente su curva de contagios, lo que preocupa a especialistas y autoridades. Sputnik consultó al investigador y doctor de Biología Santiago Mirazo por qué el país que fue ejemplo mundial por su manejo de la situación sanitaria terminó no sosteniéndolo.

    Desde el 13 de marzo, cuando aparecieron los primeros casos de COVID-19 en Uruguay, hasta los últimos meses del año, el país se había consolidado como ejemplo internacional por su manejo de la pandemia. 

    Con una curva de contagios estable y un rastreo exhaustivo de los hilos epidemiológicos de cada paciente, Uruguay llegó incluso a tener cero contagios diarios a mitades de junio durante varios días ya bajo el frío invernal. Sin embargo, durante el mes de noviembre, los casos positivos por número de test se cuadriplicaron. Hasta el 10 de diciembre, se registraron más de 2.450 casos activos.

    Ante el significativo aumento de contagios, el presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, anunció una serie de medidas sanitarias incrementales que regirán hasta el 18 de diciembre.Entre ellas está el cierre de bares a la medianoche y el cierre total de establecimientos recreativos como gimnasios y centros deportivos. 

    Terminado el plazo de las nuevas medidas, el Grupo Asesor Científico Honorario de Uruguay, que trabaja junto a las autoridades nacionales en el marco de la pandemia, evaluará los resultados de las precauciones adicionales implementadas para determinar eventuales cambios conforme la necesidad. 

    ¿Cómo se salió de control la pandemia en Uruguay?

    En diálogo con Sputnik, el biólogo especializado en Virología y docente universitario uruguayo Santiago Mirazo analizó el repentino cambio en el panorama epidemiológico del país que salió de "una situación de confort durante los meses de junio y julio con pocos casos, con algunos pequeños brotes que se apagaban rápidamente". 

    "La tendencia empezó a aumentar a fines de junio, a raíz de un brote en Treinta y Tres (departamento del centro uruguayo). Ahí hubo un quiebre importante en cuanto a la tendencia, que después se calmó un poco, hasta que la curva (creciente) se terminó de consolidar hacia fines de agosto, principios de septiembre", recordó. 

    A su entender, hubo dos elementos que durante los primeros meses de la pandemia mantuvieron a flote a Uruguay a pesar de tener dos países vecinos en condiciones sanitarias significativamente más graves. 

    Por un lado, mencionó la capacidad de testeo: cerca de 1.000 test diarios por cada millón de habitantes. Para complementar, se implementaron los rastreos epidemiológicos de los pacientes, es decir, el registro de los contactos de cada caso positivo para instarlos al aislamiento preventivo y realizarle posteriores test a cada uno. Para Mirazo, fue "una herramienta crucial" del sistema de salud uruguayo para la contención de los casos.

    A esto le sumó la rápida respuesta del Gobierno en cerrar los establecimientos comerciales, promover el teletrabajo para el sector público y cerrar las fronteras en cuanto se conocieron los primeros casos de COVID-19 en el país. Además, se llevaron a cabo campañas de concientización y comunicaciones casi diarias entre las autoridades y la población. 

    ¿Qué salió mal? El virólogo uruguayo atribuye el descontrol de la curva de contagios a varios aspectos. Por un lado, mencionó la aparición de varios brotes simultáneos, especialmente en zonas cercanas a la frontera de Brasil, país que actualmente ocupa el tercer lugar mundial en número de casos de COVID-19.

    Por otra parte, durante esos meses se notó un creciente aumento de la movilidad de las personas, ya fuera por motivo de eventos del orden público —manifestaciones, actos políticos, incluso las elecciones departamentales y municipales realizadas el 27 de septiembre en todo el país—, o por razones puramente lúdicas o de ocio, lo que se conjugó con la reapertura de bares en junio. 

    "Claramente hubo una relajación general en las medidas de distanciamiento básicas en el control de la epidemia" por parte de la población, evaluó Mirazo, especialmente producto del "desgaste psicológico" que genera el aislamiento social y el encierro.

    Se provocó entonces un aumento progresivo de los casos que se duplicaba, inicialmente, cada dos meses (en agosto), luego a cada mes, (en septiembre), y que ahora se duplica aproximadamente cada 10 días, ilustró. Además, el número de personas en cuidados intensivos también se cuadruplicaron: al principio de la pandemia había uno cada 200 casos activos; actualmente hay uno cada 50 infectados.

    "Hoy, por ejemplo, un caso positivo tiene cerca de 20 contactos para rastrear y hace dos meses tenía cinco, entonces en una población homogénea la única explicación que hay es que ese caso positivo se está moviendo mucho más que meses atrás", evaluó. 

    ¿Qué puede pasar en Uruguay?

    Mirazo estima que las medidas que el Gobierno tomó para las próximas semanas "están bien", pero sostuvo que no se puede depender solo de ellas para pensar en cómo va a desenvolverse la pandemia durante los próximos meses. "Creo que tiene que ir más desde lo social; nosotros desde lo social tenemos que tomar conciencia de que debemos dejar la movilidad, debemos reducir nuestros contactos diarios y respetar los protocolos", consideró. 

    "Veo improbable que se pueda revertir la curva en el corto plazo, creo sí que se puede desacelerar, puede haber menor número de casos diarios de acá a un mes", estimó el virólogo. 

    En tanto, las fiestas de fin de año, sumadas a la temporada de verano —en 2021 solo habrá turismo interno en Uruguay, ya que las fronteras continuarán cerradas— prometen un mayor movimiento interno en todo el territorio nacional. 

    Consultado acerca de los riesgos de una nueva dispersión del virus SARS-CoV-2 en el resto del territorio —Montevideo, donde vive la mitad de la población del país, concentra la mayor parte de los casos—, Mirazo observó dos posibilidades.

    Desde un punto de vista alarmista, el traslado hacia el interior de la población capitalina puede derivar en un aumento de casos en el resto del país, alcanzando sitios en que el virus casi no ha llegado, estimó. Pero propuso, por otra parte, que también existe la posibilidad de que, ante el descenso poblacional que habrá en Montevideo en verano, los contactos de los casos positivos se reduzcan, el rastreo epidemiológico se haga de forma más óptima y, eventualmente, se recupere por completo. 

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