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    El misterioso asesinato de María Marta García Belsunce, ocurrido en 2002, sigue impune y regresa a la primera plana gracias a una serie documental de Netflix. El caso y las especulaciones sobre encubrimiento revelan lo que suele suceder cuando la violencia se da dentro de los barrios exclusivos de Buenos Aires.

    Una serie documental de Netflix volvió a ser clave para traer al presente un misterio policial del pasado en Argentina. Se trata del crimen de María Marta García Belsunce, cuyo asesinato en 2002 estuvo rodeado de un secretismo que en los años siguientes se reiteraría en otros femicidios ocurridos dentro de exclusivos barrios privados de Buenos Aires.

    Carmel ¿quién mató a María Marta? es el título de la miniserie documental estrenada por Netflix en noviembre para repasar muchas de las interrogantes que dejó sin resolver el crimen de García Belsunce, una socióloga que el 27 de octubre de 2002 fue encontrada sin vida en la bañera de la casa en la que vivía junto a su familia en el country Carmel, en Pilar, una localidad del norte de la provincia de Buenos Aires caracterizada por la proliferación de barrios privados.

    El documental, dirigido por Alejandro Hartmann, repasa en cuatro episodios las idas y venidas judiciales y mediáticas que tuvo la investigación de la muerte de la mujer. En efecto, las primeras hipótesis que sugerían un accidente doméstico quedaron de lado cuando se comprobó, en una autopsia realizada un mes después del crimen, que la mujer había recibido cinco disparos en su cabeza.

    Las claves del misterio radican no solo en la imposibilidad de comprobar si alguien estuvo en la casa junto a García Belsunce en el momento de su muerte, sino en que la familia limpió la escena del crimen luego de encontrar a la mujer sin vida en el baño.

    En Argentina, el caso haría resonar hasta el hartazgo el término pituto, palabra con la que John Hurtig —medio hermano de la víctima—llamó al trozo de bala calibre 32 que había quedado en el suelo del baño luego de impactar contra el cráneo de la mujer y que, en lugar de entregarlo a los autoridades, desechó por el inodoro al confundirlo con una pieza para apoyar repisas.

    El episodio del pituto fue, de hecho, paradigmático de las dudas que desde 2002 se cernieron sobre la familia y un supuesto acuerdo para encubrir el crimen. El más afectado fue el esposo de la fallecida, Carlos Carrascosa, que estuvo unos siete años en prisión tras haber sido imputado como autor del homicidio. Sin embargo, fue absuelto en 2016.

    Durante los años siguientes a 2002, Carrascosa y otros integrantes de la familia recorrieron cuanto programa televisivo argentino dedicaba un espacio a tratar el caso. Y fueron muchos. Carrascosa y la familia de la víctima siempre apuntaron contra Nicolás Pachelo, un vecino del mismo country con un pasado vinculado a robos, incluso mismo dentro del predio. Según la familia de la víctima, Pachelo habría ingresado a robar a la casa y, cuando García Belsunce ingresó a la casa sorpresivamente, decidió matarla porque la había reconocido.

    Pachelo fue detenido en 2018 por una serie de robos a casas en barrios privados pero también está a la espera del juicio por el crimen de García Belsunce, por la que también están acusados dos vigilantes de Carmel. Sin embargo, Pachelo niega haber participado en el crimen y, por el momento, su imputación no se basa en evidencias físicas sino puramente en testimonios.

    Pero ni el perfil criminal de Pachelo ni la presencia mediática que tuvo Carrascosa en los últimos 18 años terminan de eliminar la hipótesis del encubrimiento familiar. De hecho, las primeras acciones del primer fiscal de la causa, Diego Molina Pico, apuntaron casi exclusivamente en ese sentido.

    En la actualidad, varias organizaciones en defensa de los derechos de las mujeres intentan que no se deje de lado la posibilidad de que García Belsunce haya sido víctima de un femicidio y que, como en otros contextos de clase alta, la violencia machista detrás del crimen haya intentado encubrirse.

    Dos femicidios en barrios privados que conmovieron a Argentina

    El asesinato de mujeres en barrios privados y exclusivos de Argentina no fue una excepción que terminó con María Marta García Belsunce. En los últimos años, la sociedad argentina se enteró de otros dos casos que sacudieron a la opinión pública aunque con menos misterio que el mostrado ahora por Netflix.

    El último de ellos fue el crimen de Silvia Saravia, que al igual que García Belsunce, era socióloga. Se había casado con el empresario Jorge Neuss y tanto la pareja como sus hijos eran nombres habituales de las reuniones sociales y eventos empresariales más distinguidos de Argentina.

    El 10 de octubre de 2020, ambos fueron encontrados muertos con un disparo en la cabeza en el baño de la residencia que ocupaban en Martindale Country Club de Pilar. En principio se pensó —y se difundió—la idea de que se había tratado de un pacto suicida. Sin embargo, los testimonios de las empleadas domésticas corroboraron que Saravia se estaba separando de Neuss y que, tras pasar una noche separados, fue a la casa a recoger sus cosas. Cuando ingresó al baño de la casa fue sorprendida por Neuss, que la encerró, forcejeó con ella, le disparó y luego se quitó la vida.

    El caso también generó polémica por la reacción de la familia y un grupo de empresarios cercanos a Neuss, que evitaron calificar al hombre como femicida, publicaron avisos fúnebres lamentando su muerte e incluso aprobaron la idea de velarlos juntos.

    El femicidio de Saravia trajo inevitables referencias al de Claudia Schaefer, una mujer que en agosto de 2015 fue asesinada de 66 puñaladas por su pareja, Fernando Farré, en Martindale, el mismo country del caso Saravia.

    Schaefer también estaba en proceso de separarse de Farré y el 21 de agosto de 2015 había ido a la casa que compartían junto a su abogado para terminar de recoger sus pertenencias. En la casa también estaba la madre de Farré y su abogada pero ni los testigos presentes ni que dos de ellos fueran abogados evitaron que el hombre encerrara a la mujer cuando ingresaba a un vestidor de la casa y comenzara a golpearla, la apuñalara 66 veces con dos cuchillos y luego la degollara.

    Farré fue detenido en el lugar y condenado en 2017 a prisión perpetua por un jurado que descartó los alegatos del femicida y su defensa acerca de que lo hizo en un estado de "emoción violenta".

    Etiquetas:
    violencia de género, Argentina, feminicidios
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