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    BUENOS AIRES (Sputnik) — Comenzó un 20 de marzo, cuando apenas se registraban 128 casos por el COVID-19. Se llamó en Argentina "aislamiento social, preventivo y obligatorio", y durante este tiempo se mantuvo sin interrupciones en buena parte del país, incluida la región más poblada que conforman la ciudad y en la provincia de Buenos Aires.

    Ahora son más de siete meses de cuarentena los que arrastra Argentina. La nación se encontró con una "curva evolutiva": no parecía que hubiera techo en el nivel de contagios, y las muertes acompañaban ese crecimiento.

    La Fundación Ineco, una organización sin fines de lucro que realiza investigaciones sobre el funcionamiento cerebral y el tratamiento de trastornos neurológicos y psiquiátricos, comenzó entonces a indagar en los efectos psicológicos del confinamiento, encuestando a más de 10.000 personas.

    Desde un inicio "se observaba un impacto sobre los niveles de ansiedad y depresión en las personas que notaban que las circunstancias afectaban su forma de vida", cuenta a Sputnik el director de Psicoterapia cognitiva de Ineco, Fernando Torrente.

    Ya por entonces se instaló el temor a la posibilidad de infectarse. La población acusó la pérdida de las rutinas diarias y el contacto social con las personas.

    Con el correr de las semanas, el malestar de la ciudadanía fue en aumento. "Ese impacto era más notorio en los más jóvenes, en grupos vulnerables, incluidos los que trabajan en el sistema sanitario, en personas con condiciones de salud mental preexistentes y, en general, en aquellas que pertenecen a niveles socio económicamente más bajos", profundiza el psicólogo.

    Mujeres más afectadas

    Se añadió a ello "el estrés que significaba acumular tareas dentro del hogar, el trabajo y el cuidado de los chicos (niños)", aclara Torrente, decano de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Conducta de la Universidad Favaloro.

    Las mujeres, en consecuencia, padecieron más que los hombres el desaliento y la tristeza por el confinamiento debido a la falta de equidad en el reparto de las tareas hogareñas, "a lo cual se sumaba muchas veces continuar su actividad laboral desde casa", añade el especialista.

    En un estudio realizado 80 días después del inicio de la cuarentena, Ineco descubrió que el nivel de ansiedad se acentuaba, a lo que se sumó una mayor fatiga mental, cansancio, preocupaciones por la situación económica y agotamiento debido a la incertidumbre y al estrés prolongado.

    Llegó el invierno austral y la curva de contagios continuó en alza, así como el número de personas internadas en terapia intensiva.

    Así se acentuó una situación de alerta, "de amenaza, de peligro permanente, de medidas restrictivas que agotaron mucho a las personas sin que se pudiera terminar de dominar los niveles de contagio", recuerda Torrente.

    El Gobierno tuvo que entonces que ceder en ciertas restricciones. Se amplió el número de actividades económicas habilitadas, en un país donde el trabajo informal representa casi el 40% de la actividad económica. "Eso llevó a que muchas personas rompan el confinamiento y, muchas otras lo hicieron por agotamiento mental", puntualiza el experto.

    Fue así que el estrés y la inseguridad se adueñaron del ánimo de la población.

    Luz en el horizonte

    Desde Ineco reconocen que todavía es temprano para advertir cuáles serán los efectos más graves de la cuarentena. "No podemos hablar estrictamente de una epidemia de salud mental sino más bien de un cuadro generalizado de estrés, que va desde formas leves de malestar hasta formas más severas en los grupos vulnerables", ilustra el psicólogo.

    Lo que sí se puede advertir es que la angustia y la ansiedad acumuladas podrán generar en el tiempo una dificultad para sostener las conductas preventivas. "El relajamiento de las conductas de seguridad es una consecuencia de ese estrés generalizado por mantenerse tanto tiempo dentro de medidas restrictivas", razona Torrente.

    El presidente de Argentina, Alberto Fernández, sorprendió esta semana al anunciar a través de esta agencia en una primicia que el Gobierno adquirirá 10 millones de dosis de la vacuna Sputnik en diciembre y otras 15 millones para enero.

    Esta posibilidad genera expectativas positivas en la población, aunque su alcance se puede ver mermado por la polarización política existente en el país.

    "Después de los primeros acuerdos en las primeras semanas, hubo una discusión relacionada con el posicionamiento político entre quienes apoyaban la cuarentena y quienes estaban en contra", evoca Torrente. "Cuando un tema de importancia social se vuelve el tema de disputa política entre bandos, eso genera un efecto muy negativo en el comportamiento de las personas".

    Para evitar las controversias, el Gobierno debe construir un consenso en relación a qué vacuna y en qué momento se implementará, lo que debe ir acompañado de una comunicación transparente para generar confianza.

    La cuarentena en Argentina, donde se acumulan 1.217.028 casos y 32.766 muertes por el COVID-19, será flexibilizada por primera vez en la capital y en la provincia de Buenos Aires a partir de este lunes 9.

    Etiquetas:
    coronavirus, cuarentena, Argentina
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