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    El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y simpatizantes del movimiento obrero y sindical colmaron la Plaza de Mayo, epicentro de Buenos Aires, para reclamar la liberación del depuesto secretario de Trabajo y Previsión, Juan Domingo Perón. Así se dio inicio a su mito, que perdura en Argentina.

    El Día de la Lealtad peronista cumple 75 años en Argentina en un clima enrarecido por la pandemia y las medidas de aislamiento social, que evitaron lo que seguramente hubiera sido un festejo multitudinario. El recuerdo por la movilización popular más trascendente de la historia local, que fue el puntapié de la carrera presidencial de Juan Domingo Perón (1946-1955) y el nacimiento del movimiento peronista, no se celebrará, paradójicamente, en las calles.

    El 17 de octubre de 1945, una gran manifestación obrera y sindical fue organizada, en gran medida de forma espontánea en el marco de una huelga general, para exigir la liberación de Perón, quien había sido encarcelado una semana antes y depuesto de sus cargos como secretario de Trabajo y Previsión, ministro de Guerra y vicepresidente de facto como consecuencia de una intriga palaciega del ala conservadora del Gobierno militar, presionados por la embajada de EEUU, la oligarquía y la oposición.

    "Explica el surgimiento de un nuevo movimiento político que va a cambiar Argentina a mitad del siglo XX, que tiene características muy novedosas, que confundió bastante a los partidos políticos tradicionales: los de derecha los calificaban como comunistas, los de izquierda, como fascistas", dijo a Sputnik el reconocido historiador y divulgador argentino Felipe Pigna.

    Pigna explicó que el movimiento vino a "expresar a una cantidad muy importante de inmigrantes internos, gente que había viajado del campo a la ciudad en busca de trabajo, que no se sentía representado por las ideas de izquierda porque tenían un sentimiento más nacional, católico, y que va a encontrar en el peronismo otro tipo de alianza de clase y enfoque ideológico frente a una realidad nacional que era muy grave".

    Antecedentes

    Perón era militar de formación y miembro de un Gobierno de facto que terminó con un período de 13 años de corrupción institucional, persecución política y miseria económica conocido como la Década Infame (1930-1943), y que buscaba la transición a la democracia.

    Había forjado en los años previos un enorme respaldo de la mayor parte del movimiento obrero y los sindicatos por encabezar un gran paquete leyes laborales desde su cartera creada ad hoc, como centenares de convenios colectivos, el estatuto del peón de campo, los tribunales del trabajo y la extensión de las jubilaciones a los empleados de comercio, beneficios que mejoraron las vidas de millones de argentinos.

    Día de la Lealtad Peronista
    © AP Photo / Natacha Pisarenko
    Esta ampliación de derechos y la creación de un gran movimiento obrero generó el repudio de buena parte de la clase media y alta, principalmente porteña, del movimiento universitario como reacción al antiintelectualismo, de la oligarquía industrial y terrateniente, del ala conservadora de la cúpula militar y de algunos de los partidos de oposición al Gobierno como el Comunista, el Socialista o la Unión Cívica Radical (UCR).

    Uno de los principales desencadenantes de esta polarización fue la llegada al país, en mayo de 1945, del nuevo embajador de EEUU en Argentina, Spruille Braden, enemigo declarado del sindicalismo, propagador de la política imperialista conocida como Gran Garrote y quien se puso como meta la caída del Gobierno.

    A mediados de ese año, la Bolsa de Comercio y la Cámara Argentina de Comercio, junto con cientos de organizaciones patronales, lanzaron un manifiesto para criticar las políticas laborales. El 12 de julio, el sindicalismo organizó una marcha en defensa de sus derechos y en la que demandaron elecciones libres.

    Esta movilización fue respondida con otra que fue masiva, organizada el 19 de septiembre, en las calles de Buenos Aires, pero de parte de los sectores de la oposición porteña. Esto provocó que la posición de Perón dentro de la cúpula militar se debilitara. "Hay una cosa muy interesante: el antiperonismo nace antes que el peronismo", destacó Pigna.

    Presionado, el 10 de octubre, Perón anunció la renuncia a todos sus cargos en un discurso que fue emitido por radiodifusión, que tuvo una gran repercusión.

    El 11 de octubre, EEUU le pidió al Reino Unido que dejara de comprar bienes argentinos durante dos semanas para provocar la desestabilización institucional. Al día siguiente, Perón fue detenido.

    Los días 15 y 16 de octubre hubo huelgas en diferentes talleres y fábricas del país, en las ciudades de Tucumán, Rosario y el conurbano de Buenos Aires, las zonas más industrializadas en ese momento. La Confederación General del Trabajo (CGT), la principal asociación sindical de Argentina, convocó a un paro total para el 18, en reclamo de elecciones, el mantenimiento de las conquistas laborales y la liberación de presos políticos.

    La madrugada del 17, columnas de trabajadores autoconvocados marcharon desde las áreas fabriles de los exteriores de Buenos Aires hacia la Plaza de Mayo y en su camino llamaron a unirse a la movilización a otros obreros y simpatizantes, en lo que se transformó en una manifestación de entre 300.000 y 500.000 personas.

    "Fue una fecha muy importante porque se movilizó prácticamente todo el proletariado de los primeros cordones del Gran Buenos Aires, por una parte, espontáneamente y, por otro, movilizado por los gremios. La reacción popular fue inesperada por muchos y trajo al centro, algo para lo que no estaba habituada la clase media y alta, a los sectores populares, a lo que ellos inmediatamente llaman el 'aluvión zoológico', los 'cabecitas negras', toda esta cuestión racista", remarcó el historiador.

    Perón, quien se encontraba en el Hospital Militar, fue convocado para calmar los reclamos y pedirle a la multitud que se disperse. A las 23 horas, dio un discurso histórico desde un balcón de la Casa Rosada, la sede del Poder Ejecutivo, frente a la Plaza de Mayo, en el que prometió la continuidad de las luchas del "pueblo de la patria", principalmente su demanda democrática.

    Nacimiento del mito

    La movilización cambió la historia y es considerada la escena fundacional del peronismo, el principal movimiento popular de Argentina. Perón, quien pensaba retirarse de la política luego de su encarcelamiento y traición, recibió el respaldo popular que lo llevó a iniciar su campaña presidencial antes de que terminara ese mes de octubre, después de contraer matrimonio con María Eva Duarte, Evita, quien también se transformaría eventualmente en leyenda.

    El 24 de febrero de 1946, Perón ganó las elecciones con el 52,84% de los votos. Se impuso con una diferencia de 10 puntos a la gran coalición del antiperonismo, la Unión Democrática, financiada en gran parte por la cancillería estadounidense a través de Braden, que llegó incluso a apoyar una intervención militar.

    Perón gobernó un primer mandato entre 1946 y 1952, y fue reelecto con el 62% en las primeras votaciones que incorporaron el sufragio femenino. Sus premisas de gobierno fueron Justicia social, independencia económica y soberanía política.

    Sus políticas de redistribución e industrialización potenciaron el rol del Estado de bienestar, con gran apoyo popular. Continuó su crecimiento de bases con una amplia articulación con el sindicalismo y la labor social a los sectores más desprotegidos, ambos encabezados por la primera dama, razón por la que llegó a considerarse la fórmula Perón-Perón para las elecciones de 1952. Evita murió de cáncer, el 26 de julio, a los 33 años.

    En 1951, el antiperonismo fomentó un golpe de Estado frustrado contra Perón. En junio de 1955, las fuerzas de Aviación Naval bombardearon la Plaza de Mayo con la intención de asesinar al presidente, y causaron la muerte de 300 inocentes. Unos meses más tarde, otro golpe consiguió finalmente su caída y Perón terminó exiliado en España.

    El peronismo, su partido político y sus símbolos, fueron prohibidos hasta 1973, periodo durante el cual el movimiento continuó en la clandestinidad y creció su espectro transgeneracional e ideológico, incluyendo visiones tanto de izquierda revolucionaria, a través de la organización guerrillera Montoneros, o de derecha, entre quienes representaban a la burocracia sindical y el empresariado, que rechazaban toda vinculación del movimiento con el marxismo.

    La conflictividad interna se manifestó de forma tajante en el período 1973-1976, cuando estallaron las confrontaciones entre las dos visiones del peronismo. Perón apoyó al sector ortodoxo y expulsó a los progresistas. Cuando murió, en 1974, quedó el Gobierno en manos de su viuda, Isabel, y en la figura de José López Rega, ministro de Bienestar Social, quien fundó la Triple A, un grupo paramilitar creado para perseguir y exterminar a los sectores del peronismo de izquierda.

    Esta violencia llevó a que se produzca un nuevo golpe de Estado y se instale una nueva dictadura cívico-militar (1976-1983), el período de terrorismo institucional más sangriento de la historia argentina, caracterizada por la persecución y desaparición de decenas de miles de personas, especialmente peronistas, la apropiación ilegal de recién nacidos y otros crímenes de lesa humanidad.

    "A partir de 1955, el 17 de octubre se transforma en una fecha de lucha con la consigna 'Perón Vuelve', que era el símbolo de la resistencia, hasta 1973, cuando Perón finalmente volvió. Durante la dictadura esto volvió a ocurrir, los 17 de octubre fueron fechas de actos clandestinos", resumió Pigna.
    Etiquetas:
    política, historia, golpe de Estado, peronismo, Eva Perón, Juan Domingo Perón, Argentina
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