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    La primavera ya se instaló en los países del sur de América Latina y sus parques estarían abarrotados si no fuera por la pandemia de COVID-19. Inéditas restricciones y propuestas originales son la característica de los picnics de 2020 en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay que se vuelven una bocanada de aire vital tras meses de encierro.

    El hemisferio sur entró de lleno en la primavera y las habituales ganas de salir al aire libre que despierta la estación más colorida del año debieron enfrentar las restricciones que muchos de los países mantienen por la pandemia de COVID-19.

    Por eso, son varios los países de Sudamérica que, ante la llegada de los días lindos, habilitaron parques y jardines públicos, aunque lo hicieron con protocolos de bioseguridad para minimizar el riesgo que la recreación al aire libre puede significar.

    La problemática de cómo delimitar las actividades al aire libre cuando la pandemia coincide con la primavera o el verano ya había preocupado a los países del hemisferio norte. El estadounidense Centro de para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) había divulgado, en agosto, una guía para personal de plazas y parques en que recomendaba mantener "monitoreadas" las áreas para picnic, entre otras, para asegurar que las personas mantengan distancias físicas de 2 metros. Una de las sugerencias era la de colocar "adhesivos para el piso, cinta de color o carteles para indicar las distancias adecuadas".

    ¿Cómo hacen picnic en pandemia?

    • Argentina

    En el cono sur, una de las iniciativas que más llamó la atención en este sentido fue la de la Municipalidad de Rosario, capital de la provincia de Santa Fe y tercera ciudad en importancia de Argentina. Influenciadas por medidas similares adoptadas en Nueva York y California, las autoridades rosarinas pintaron 75 círculos en los parques de la ciudad para delimitar las áreas para picnic.

    Cada círculo tenía una capacidad máxima de 10 personas y una distancia de más de dos metros con las demás circunferencias, asegurando que las familias o grupos de amigos mantuvieran entre sí la distancia adecuada.

    A pesar de la ocurrente medida, la acumulación de casos de COVID-19 en Argentina hizo que no todo el territorio pudiera mantener las mismas habilitaciones. El 21 de septiembre, día en que los argentinos conmemoran el Día del Estudiante, varias provincias implementaron operativos especiales con el único objetivo de evitar que los jóvenes se reunieran a realizar picnics en parques.

    Así, la pandemia se volvió un escollo para que los argentinos disfruten sus tradicionales picnics primaverales, en los que no puede faltar el mate —la infusión a base de yerba mate que caracteriza a los países del cono sur sudamericano— junto a sándwiches o facturas, como se denominan las piezas de panificado que, dulces o saladas, suelen ser el acompañamiento perfecto para el mate.

    • Uruguay

    Cruzando el Río de la Plata, los uruguayos gozan de mayor libertad para sus encuentros primaverales al aire libre. Con menos casos de COVID-19 y medidas menos restrictivas, la capital Montevideo mantiene habilitados lugares emblemáticos como el Parque Rodó de la capital y permite no solo el ejercicio físico sino también las reuniones sociales, aunque en ocasiones limitan la cantidad de personas que pueden estar al mismo tiempo en algunos parques cerrados. El menú típico de los uruguayos no varía demasiado del de los argentinos, aunque allí las facturas cambian su nombre a bizcochos.

    • Brasil

    También los brasileños se han lanzado hacia sus parques, confiados en que los espacios abiertos resultan menos riesgosos para el contagio que cualquier recinto cerrado. El Parque de Boa Vista, en Rio de Janeiro, es un lugar especial para ver el atardecer y compartir un picnic. También hay restricciones ya que, por ejemplo, el Jardín Botánico carioca exige reservar con anticipación y solo cuenta con dos meses disponibles para comer en el parque.

    En Brasilia, una original iniciativa privada ofrece a los visitantes un kit con un mantel, una caja de madera que sirve como soporte y cuatro almohadones por 30 reales (unos cinco dólares) la hora. Los impulsores del servicio hacen énfasis en mantener la distancia con otros grupos durante el picnic.

    Estando en Brasil, un picnic es la oportunidad perfecta para degustar frutas tropicales, aunque la inclusión de buenos quesos y vinos no sorprenderá a ningún amante del picnic.

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    • Chile

    En Chile, los amantes de los picnics tienen en el Parque Araucano, en Santiago, uno de los parques urbanos más extensos y amigables. El parque estuvo cerrado durante los primeros meses de la pandemia pero reabrió en julio y si bien permite los picnics, tiene algunas restricciones.

    Debido a la pandemia, las autoridades del parque no permiten reuniones de más de 10 personas y tampoco autorizan el ingreso de parrillas o bebidas alcohólicas. Además, exigen que los comensales se quiten la mascarilla únicamente para comer y beber y tengan utensilios individuales y marcados con los nombres de su respectivo propietario. Cada grupo deberá dejar sus datos al ingresar al predio y no podrá permanecer más de dos horas.

    La imposibilidad de ingresar bebidas alcohólicas elimina la posibilidad de degustar la calidad de los vinos chilenos al aire libre pero no es obstáculo para degustar unas tradicionales empanadas chilenas.

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