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    La violencia en el fútbol es un fenómeno común en Sudamérica pero las cifras ponen a Colombia en un lugar alarmante. Entre 2008 y 2020, el país registró 149 muertos en incidentes entre hinchas. América de Cali, uno de los clubes más tradicionales, lidera las listas de víctimas y victimarios y sufre el vínculo entre las barras y el narcotráfico.

    La pasión de los fanáticos es uno de los aspectos que han hecho del fútbol el deporte más popular del mundo. Pero tiene un costado oscuro: la violencia entre parciales que, décadas después de ser un dolor de cabeza en Europa, sigue siendo un problema mortal en los países de América Latina.

    La historia sitúa en 1924 uno de los primeros antecedentes conocidos de hinchas —como se conoce en América Latina a los fanáticos de los equipos—, producto de la rivalidad que por aquellos años ya tenían argentinos y uruguayos, potencias del balompié de la época. El nombre del hincha uruguayo Pedro Demby quedó en la historia luego de ser asesinado por un parcial argentino que lo mató de dos disparos en plena Ciudad Vieja de Montevideo, tras un encuentro entre las selecciones de Uruguay y Argentina.

    Si bien en aquella época el hecho era por demás excepcional, se lo considera uno de los primeros antecedentes de un hilo de violencia que acompañaría al fútbol sudamericano y que encontró sus momentos más dramáticos en las últimas décadas del siglo XX.

    Los hechos más graves de violencia en el fútbol sudamericano suelen estar vinculados con el fenómeno de las barras bravas, grupos más o menos organizados de hinchas que, además de su particular fervor, se caracterizaron desde su surgimiento por ejercer violencia sobre los hinchas rivales. De hecho, uno de los ejemplos más antiguos es la Barra de la Goma, un grupo de hinchas del argentino San Lorenzo, que ya en la década del 30 violentaba a los parciales rivales con gomas y cachiporras.

    La década que inició en 1980 marcó la extensión de la lógica de las barras bravas desde Argentina a otros países como Uruguay, Chile y Perú y años después también a México y Colombia, que rápidamente se pusieron a tiro en el triste ranking de la violencia en el fútbol.

    Violencia en el fútbol: el caso de Colombia

    El caso colombiano es particularmente llamativo. Un reciente análisis hecho por el diario El País de Cali da cuenta de que, solo en los últimos doce años, Colombia registró 149 hinchas muertos por la violencia en el fútbol. El relevamiento, hecho a partir de datos de la Fiscalía General de Colombia, el Instituto Nacional de Medicina Legal y registros periodísticos, indica que todas las muertes se dieron fuera de los estadios pero sí estuvieron vinculadas con conflictos iniciados por la pertenencia a hinchadas.

    El América de Cali, club histórico del fútbol colombiano y sudamericano, encabeza la sombría lista de hinchas asesinados con 37 fallecidos entre 2008 y 2020. El nombre de Andrés Carvajal, un joven de 27 años, fue el último en sumarse a la lista en febrero de 2020. Recibió dos puñaladas por parte de hinchas del Deportivo Cali, rival del América en el derby caleño.

    La pandemia de COVID-19 y la consecuente paralización del fútbol terminó dejando en el olvido el problema de la violencia en el fútbol colombiano. Sin embargo, son varios los equipos que cuentan hinchas muertos. Tras los 37 del América, aparecen 32 fallecidos del Atlético Nacional de Medellín, 22 del propio Deportivo Cali, 15 de Millonarios de Bogotá y 8 del Deportivo Independiente de Medellín.

    América también encabeza la lista de agresores, ya que en 31 de los casos los matadores pertenecían a los Diablos Rojos de Cali. Atlético Nacional le sigue con 24 agresores, Deportivo Cali con 14, Millonarios con 12 e Independiente de Medellín con 7.

    Las armas blancas parecen ser las preferidas de las barras bravas, ya que estuvieron involucradas en 99 de los asesinatos. Los disparos de armas de fuego quedaron en un segundo lugar, con 36. Quizás lo más llamativo sea la reiteración de caídas desde altura, una circunstancia que se dio en la muerte de 9 hinchas.

    Otro artículo de El País de Cali revela otro de los peligros de la cultura de las barras: su vínculo con el crimen organizado. También América de Cali, con su barra Barón Rojo Sur, tiene un triste liderazgo en este campo, luego de que una investigación de la Fiscalía colombiana develara una red de narcotráfico y una operación de lavado de dinero que se camuflaba dentro de la barra y que, por disputas internas, produjo otros 21 asesinatos.

    Las barras de Independiente de Medellín y de Atlético Nacional también fueron investigadas por el tráfico de drogas. En 2018, unos 15 parciales del Atlético Nacional fueron detenidos por integrar una red que enviaba droga hacia Argentina, donde era distribuida a través de la barra del club argentino Laferrere.

    El período de doce años analizado se corresponde, en parte, con el abarcado por lo que el Gobierno colombiano denominó Plan Decenal 2014-2024, un programa lanzado durante la gestión de Juan Manuel Santos (2010-2018) para combatir la violencia en el deporte más popular. El proyecto preveía un plan de acción a corto plazo con el fortalecimiento de la acción policial y la definición de protocolos más estrictos de seguridad. A largo plazo, apuntaba a políticas de "educación y convivencia". Sin embargo, la falta de financiamiento para implementarlo parece haber sido uno de los factores que explican que, a pesar de que falten cuatro años para su final, las cosas en el fútbol colombiano no hayan cambiado demasiado.

    Etiquetas:
    América Latina, fútbol, Colombia, violencia
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