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    MONTEVIDEO (Sputnik) — En los últimos meses, Bolivia, Paraguay, Argentina y Brasil vienen padeciendo masivos incendios. Como si tratase de una película de cine catástrofe, los cielos de algunas ciudades se volvieron anaranjados o completamente grises.

    La visibilidad era tan escasa que los ciudadanos no podían ni siquiera conducir un coche y en algunos casos se produjeron accidentes.

    En ciudades como Asunción y Rosario (este de Argentina), los médicos y algunas autoridades le suplicaban a la población que no saliera a las calles ya que el humo de los incendios era peligroso para la salud.

    "El aire producto de los incendios que respiramos en América del Sur es un vehículo de destrucción de nuestra salud. Este aire agrava el cuadro respiratorio, digestivo, produce daños en la piel, genera problemas cardiovasculares, neurológicos y en las mucosas oculares", dijo a Sputnik el médico argentino legista Damián Verzeñassi, director del Instituto de Salud Socioambiental de Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario.

    De acuerdo con algunos estudios internacionales, el humo impacta en la salud de las mujeres en gestación, produce un aumento de los abortos espontáneos y hay más partos prematuros y niños con daños genéticos, explicó el especialista, también director de la carrera de Medicina de la estatal Universidad Nacional del Chaco Austral.

    Además, el humo de los incendios aumenta la presión arterial, produce alteración del sueño, irritabilidad y dificultades para poder realizar actividades habituales.

    En la composición del humo se puede observar la presencia del monóxido de carbono (que reduce la capacidad de la sangre para transportar y liberar oxígeno a los tejidos), hidrocarburos aromáticos policíclicos (de los cuales algunos tienen capacidad mutagénica y carcinogénica), dióxido de nitrógeno (que puede generar grave injuria pulmonar) y dióxido de azufre (una sustancia irritante de la vía respiratoria y de los tejidos oculares).

    Datos

    Los sensores de la calidad del aire de São Paulo, Bogotá y de muchas otras ciudades están registrando aumentos en la contaminación procedentes de los humos.

    Los medidores de calidad de aire que fueron instalados en distintos sectores del Área Metropolitana de Asunción arrojan datos de medición que van de niveles "preocupante a muy preocupante", según la escala propuesta por el portal Aireparaguay.org, informó el diario La Nación a principios de octubre.

    Además, el Ministerio de Salud Pública de Paraguay emitió la alerta epidemiológica por riesgos y daños a la salud a consecuencia del humo de los incendios y los especialistas pidieron que los ciudadanos cuidaran en extremo a niños y adultos de la exposición al humo.

    Por su parte, el 23 de septiembre la organización ambientalista Greenpeace alertó que al menos 3.900 personas mueren en Bogotá al año por enfermedades generadas por la contaminación del aire, causando daños a la ciudad por 1.300 millones de dólares.

    En la misma sintonía, la Universidad de Rosario detectó en septiembre que el índice de calidad del aire llegó a ser de 177 en esa región de Argentina, lo que significa tres veces por encima del límite de 50 establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

    "En ciudades como Rosario, que queda frente a un sector de los humedales del Delta del Paraná, el cual fue arrasado por los incendios durante el periodo de cuarentena, hemos llegado a tener registros con un nivel de contaminación de aire hasta cuatro o cinco veces mayor que el máximo permitido por la OMS (…) Estos incendios son una de las expresiones más descarnadas del extrativismo, que piensa que quienes vivimos en estos territorios somos seres descartables", advirtió Verzeñassi.

    Contaminación y COVID-19

    Desde el 2012, la OMS advierte que la mala calidad del aire ocasiona que 7 millones de personas pierdan sus vidas por año. ¿Qué sucede si a esta crítica situación se le suma el humo de los incendios y el COVID-19?

    Verzeñassi afirmó que podría haber una relación entre el aumento de número de casos de COVID-19 y una mala calidad del aire.

    "¿Quién puede negar que hoy los picos de casos que tuvo la ciudad de Rosario en las últimas semanas, los cuales llamaron la atención de los epidemiólogos que habían hecho las estimaciones más acertadas, no tiene que ver con que el virus encontró a personas que tenían sus vías respiratorias afectadas porque habían estado aspirando desde enero el humo de los incendios? Son nueve meses de respirar este aire", sentenció.

    Asimismo, recordó que hay varios estudios realizados en los últimos años que demostraron que algunas ciudades latinoamericanas eran una de las zonas con peor calidad de aire del mundo.

    "Eso fue previo a los incendios y estaba relacionado con la forma de vida de las ciudades, los transportes contaminantes y los gases de efecto invernadero. Pero ahora a ese aire se le agrega esta destrucción de los bosques nativos, lo que elimina aún más la posibilidad de que podamos respirar un aire que no nos mate", advirtió.

    Etiquetas:
    Brasil, Argentina, Paraguay, Bolivia, incendios forestales, humo
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