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    Varias regiones urbanizadas fueron cercadas por el fuego y murieron dos vecinos en las sierras de la provincia de Córdoba, en el corazón de Argentina, centro del infierno de las llamas. Son provocados intencionalmente por cuestiones económicas o por desidia y se salen de control por la sequía.

    Luego de semanas dramáticas en julio y agosto, cuando las llamas destruyeron grandes porciones del ecosistema serrano nativo y una decena de viviendas, la provincia de Córdoba, en la zona central de Argentina, sufre el recrudecimiento de los incendios. Ya son los más extensos y numerosos registrados en los últimos 20 años, con un total de 146.600 hectáreas arrasadas.

    ​A la par de otras áreas del mundo —como California en EEUU, Australia, la península ibérica, gran parte de Brasil y la zona central de África— donde el calentamiento global aumenta año tras año la magnitud y recurrencia de los incendios, con un golpe directo sobre vidas humanas y ecosistemas, Córdoba es considerada una de las 10 regiones más complejas para el control del fuego.

    ​La ausencia de lluvia al cabo de siete meses de sequía, sumado a la extensión y complejidad del terreno a cubrir, llevó a que las autoridades provinciales declararan la alerta amarilla al Consejo Federal de Bomberos Voluntarios, al no dar abasto con el personal local, cuya dotación es de 4.500 personas. Las asambleas vecinales organizan guardias para controlar las cenizas que quedan después de que se apagan los focos, para asegurarse de que no vuelvan a encenderse.

    ​"Desde julio tenemos focos de incendio en diferentes partes de la provincia. En el valle de Punilla hubo familias desplazadas y fallecieron dos vecinos que intentaban apagar los fuegos. En cercanías de Villa Carlos Paz, en dique San Roque, llegó el fuego hasta las urbanizaciones y acá en la comuna de La Paisanita también hubo evacuados", dijo a Sputnik Diego Aranda, miembro del colectivo de organizaciones y vecinos autoconvocados del Valle de Paravachasca.

    ​El integrante de la Coordinadora de Defensa del Bosque Nativo (Codebona), que nuclea más de 100 organizaciones socioambientales de la provincia, comentó que, según sus monitoreos de los focos de calor que señalan los satélites y la frecuencia de los últimos 10 años, los incendios suceden siempre en los mismos lugares.

    ​"Esta temporada de quemas intencionadas han prendido dos veces en el pueblo y en el de al lado, tres veces. Una noche, avisaron de un incendio en el chat de alerta de vecinos y salieron un montón, como 50, hacia el lugar. Cuando habían apagado gran parte del fuego, hubo un cambio de viento, se hizo un remolino y estaba Cristobal ahí. Tardaron mucho en sacarlo y trasladarlo porque estaban en una quebrada. Tenía quemaduras en 95% del cuerpo y le tomó las vías respiratorias. No pudo resistir y falleció", narró a Sputnik Laura Dos Santos, vecina de San Esteban, norte del valle de Punilla, también integrante de la Codebona.

    Incendios intencionales y desregulación

    "Más del 90% de los incendios son intencionales y las causas son múltiples. Lo que venimos denunciando es que muchas tienen que ver con las especulaciones de desarrollo inmobiliario y proyectos de urbanización o viales, otras con el avance de la frontera agropecuaria para monocultivo y ganadería integrada y, por otro lado, una minoría por falta de educación ambiental, como los accidentes que se producen durante el desmalezado", detalló Aranda.

    Desde la Codebona aseguran que, a pesar de que existen leyes que protegen los montes y bosques nativos categoría de conservación 1 roja o 2 amarilla aún si se incendian, no se cumplen y se profundiza el cambio de uso de suelo.

    ​"En lo que va de 2020, hace siete meses que hay sequía, por lo menos en este valle, y año tras año se va disminuyendo la frecuencia de precipitaciones. No hay pasturas en los altos de la sierra que puedan absorber y realizar el efecto esponja, que va regulando la filtración de agua. Esto tiene que ver con el deterioro y el avance del desmonte y la deforestación", concluyó.

    ​Por su parte, Dos Santos insistió en la responsabilidad del Estado provincial por desmantelar el sistema de prevención de bomberos voluntarios vigías en la sierra y por la reducción en el presupuesto en el plan de manejo del fuego.

    El Gobierno nacional anunció la semana pasada el regreso del Programa Nacional de Prevención de Incendios y Manejo del Fuego a la órbita del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, una decisión que revirtió una medida de la gestión anterior, que le había traspasado en 2017 al Ministerio de Seguridad la responsabilidad operativa frente a los incendios forestales.

    "El bosque nativo es un ecosistema integrado. Hay miles de especies que cumplen una función en lo que es la evolución de ese monte, como los pájaros que diseminan las semillas. Se les reduce el hábitat a animales que mueren o se trasladan a áreas donde no están acostumbrados", resaltó Dos Santos.

    La activista socioambiental explicó sobre el gravísimo impacto no solo en el medioambiente sino en los medios de sustentación de pueblos enteros. Puso el ejemplo de un incendio anterior, que arrasó con los bosques de palma caranday en la localidad cordobesa de Copacabana.

    ​"Hay mucha población rural campesina que habita esos lugares. Un grupo muy grande de cesteros, producción local que es una de las maravillas de la provincia, no solo se quedó sin trabajo, se quedó sin nada. Se muere el hábitat y el hábitat es su vida. Cuando se quema el monte se destruyen fauna, flora y cultura", alertó.
    Etiquetas:
    biodiversidad, Córdoba, Argentina, incendios forestales, deforestación
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