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    La pandemia de COVID-19 dejó divididas a más de 45 parejas de argentinos y uruguayos que no pueden volver a verse por el cierre de fronteras. Gabriela D'Amico, vocera del grupo, dijo a Sputnik que están dispuestos a presentar "fotografías de redes sociales" para demostrar su pedido y advirtió que está en juego "la salud mental" de los implicados.

    La distancia más corta entre las capitales de Argentina y Uruguay apenas supera los 200 kilómetros. Puede llegar a los 500 kilómetros si alguien decide unirlas por carretera, al tener que desviarse hacia el norte para cruzar el Río Uruguay por el paso que une la ciudad uruguaya de Fray Bentos con la argentina Puerto Unzué. Un viaje en ferry puede durar entre dos y cuatro horas y hacer el trayecto en avión apenas unos 45 minutos.

    En efecto, se trata de países vecinos, con capitales cercanas y con gran conectividad. Aunque todo eso se esfumó dramáticamente para unas 45 parejas integradas por uruguayos y argentinos cuando el COVID-19 fue declarado pandemia en marzo pasado: no pueden verse hace más de seis meses.

    "El amor no es turismo" es el eslogan principal de un grupo de personas que decidió comenzar a organizarse meses atrás con la intención de hacer visible el drama de las parejas "binacionales" que quedaron separadas por el cierre de frontera impuesto por los gobiernos para frenar la propagación del coronavirus. Hace pocas semanas, los damnificados comenzaron a tener presencia en redes sociales con la intención de advertir de la situación a las cancillerías y hasta a los propios presidentes Luis Lacalle Pou de Uruguay y Alberto Fernández de Argentina.

    "Somos un grupo desesperado de parejas binacionales que se quiere reunificar. Nadie quiere hacer turismo, solo queremos reencontrarnos y continuar con las cuarentenas necesarias", repite el grupo en sus redes sociales.

    Una de sus voceras, Gabriela D'Amico, charló con Sputnik desde Argentina para explicar que las parejas comenzaron a alarmarse cuando, en mayo, la sucesiva extensión de las cuarentenas hizo presagiar que el cierre de fronteras se extendería durante un largo tiempo.

    "Pasó el tiempo y varias parejas que estamos en la misma situación nos empezamos a juntar", dijo D'Amico, explicando que hasta el momento hay unas 45 parejas que no pueden reunirse debido a que no cumplen los requisitos exigidos por los países para permitirles viajar.

    La vocera indicó que la traba que enfrentan las parejas es que se trata de noviazgos —algunas de más de ocho años de relación— pero que no están casadas ni mantienen una unión concubinaria dado que viven en países diferentes. Uruguay, por ejemplo, exige cinco años de convivencia para certificar una unión concubinaria, requisito imposible de cumplir para las parejas organizadas en el grupo.

    "Ellos nos piden un papel que diga que estamos casados o viviendo en concubinato para poder remitirse al artículo de Reunificación Familiar de la ley de Migraciones de Uruguay pero no tenemos ese papel porque nunca nos íbamos a imaginar que después de ocho años de relación íbamos a necesitar un papel para que nos dejen ver a nuestras parejas", lamentó.

    El grupo está integrado en su gran mayoría por parejas que tienen previsto reunificarse en Uruguay, donde el impacto de la pandemia ha sido más benévolo que en Argentina y donde, a diferencia de Argentina, no rige una cuarentena obligatoria. Pero también hay lo opuesto: seis integrantes del grupo pretenden poder cruzar desde Uruguay a Argentina para poder continuar su relación en tierras argentinas.

    Sin poder cumplir las exigencias de Uruguay, y con las oficinas consulares en Argentina aún con funcionamiento limitado, el grupo pretende convencer a las autoridades de que establezcan excepciones para facilitar que los afectados puedan demostrar que solamente buscan reencontrarse con sus parejas.

    En ese sentido, la vocera remarcó que los integrantes del grupo están dispuestos a presentar "fotografías de redes sociales" y hasta los pasajes que utilizaron para verse en el pasado como prueba de que efectivamente son parejas binacionales.

    La otra alternativa es que la reunificación de las parejas se habilite con una declaración jurada de cada uno de los miembros de la pareja, más un testigo por pareja dando fe de que se trata de una relación real.

    En el camino quedaron otras medidas más desesperadas, como la idea de que algunas parejas pudieran "casarse por Zoom", admitió D'Amico. La idea, imposible de concretar según la normativa, quedó descartada como una alternativa para las parejas.

    Una cuestión de salud mental

    D'Amico hizo hincapié en que los integrantes del grupo no rechazan las medidas sanitarias adoptadas por los países y están dispuestos a, en caso de que se les permita viajar, cumplir con las cuarentenas exigidas en un domicilio fijo. En contraposición, reclaman que poder volver a encontrarse con sus parejas también es "una cuestión de salud mental" para las personas que se encuentran separadas de sus afectos hace más de seis meses.

    "Hay muchas cosas que pasaron en el transcurso de seis meses. En el grupo hay gente que perdió seres queridos o se recibió en su carrera y no tuvo a su pareja para compartirlo. Esas cosas al Estado no le importan pero forman parte de la salud mental de los ciudadanos", subrayó.

    La mayoría de las parejas que se organizaron para reclamar se conocieron durante viajes, muchas veces fuera de la región, donde las similitudes entre argentinos y uruguayos facilitan la sintonía. En otros casos hay uruguayos que conocieron a sus parejas viviendo en Argentina y continuaron la relación a distancia una vez que regresaron.

    "Al ser una distancia tan corta y con los accesos que hay te acostumbrás a viajar los fines de semana, si la economía te lo permite", explicó D'Amico, en referencia a la rutina que solían tener estas parejas antes de la irrupción del coronavirus.

    La pandemia lo cambió todo y obligó a las parejas a tener que repensar sus relaciones. "La distancia se hizo difícil pero se formó otro tipo de vínculo diferente al que estábamos acostumbrados", confesó D'Amico.

    Ahora, dijo la vocera, "la tecnología cumple un rol fundamental" en el vínculo, ya que los novios solo pueden mantenerse en contacto a través del teléfono móvil o videollamadas. En el caso de D'Amico, el estudio y su carácter de trabajadora esencial le exige mantenerse en actividad, por lo que debió encontrar "un horario para poder charlar y desahogarme" con su pareja, en Uruguay.

    "Nos pasa a todas las parejas que hay días que son espectaculares y otros días en que pasás el día llorando porque extrañás a la otra persona", se sinceró.

    Lo dramático de la situación facilitó que algunas personas en esta situación debieran afrontar ataques de pánico o crisis de ansiedad producto "guardar y extrañar a alguien" y la "culpa" de no poder estar en momentos importantes de la vida de la pareja.

    Unos sí, otros no

    En su afán de encontrar una solución, los integrantes del grupo señalan algunas contradicciones de la normativa de los países a la hora de permitir ingresos. Uno de ellos es el protocolo acordado entre la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) y los países sudamericanos para permitir la reanudación de la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana y que habilita el viaje de delegaciones deportivas entre los territorios.

    "El fútbol internacional movilizando delegaciones por toda Latinoamérica sí; parejas de hecho desesperadas por reencontrarse, no", sintetiza la cuenta de Twitter del grupo.

    También despierta desagrado la facilidad que algunos argentinos tuvieron para radicarse en Uruguay, en el marco de la política del Gobierno de Luis Lacalle Pou de atraer inversores argentinos y propiciar su radicación del lado uruguayo. D'Amico mencionó los casos de los comunicadores argentinos Oscar González Oro y Juana Viale, que "de un día para otro tuvieron la residencia y no podíamos entender cómo".

    "Después entendimos que es porque tienen dinero y contactos", dijo D'Amico, aclarando que esa es una valoración personal. En efecto, el Gobierno uruguayo emitió en junio de 2020 un decreto que reducía los montos exigidos a extranjeros para considerarlos como contribuyentes nacionales. En septiembre el Parlamento uruguayo volvió a dar una señal en ese sentido, extendiendo a diez años el período de vacación fiscal que permite exonerar algunos impuestos a los extranjeros recién llegados.

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    fronteras, COVID-19, pandemia de coronavirus, Argentina, Uruguay
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