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    LA HABANA (Sputnik) — ¿Será tan difícil entender que cuidarnos para acabar con la enfermedad COVID-19 en Cuba es asunto de supervivencia nacional?, se preguntó Mario Muñoz, un usuario de la red social de Facebook, residente en esta ciudad, abrumado por la situación epidemiológica que atraviesa la isla.

    Muñoz, periodista de profesión, se lamenta además de ver las principales arterias de la capital vacías y silenciosas, como resultado de las medidas restrictivas aplicadas desde el pasado 1 de septiembre para intentar frenar la propagación del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 en los barrios habaneros.

    "Es triste ver a Cuba sin su ritmo habitual. Evidentemente, la vida nos está demostrando que el enfrentamiento a la COVID-19 requiere de estrategias para ganar una carrera larga y no de velocidad", escribió Muñoz en su muro de Facebook, donde también lanzó un llamado a todos a luchar juntos para volver a la normalidad.

    A consecuencia del peligroso rebrote de la enfermedad, desde comienzos de septiembre las autoridades provinciales de La Habana decidieron tomar una serie de medidas, entre ellas la aplicación de un toque de queda desde el fin de la tarde hasta el amanecer, la limitación de la movilidad, y la prohibición del uso de transporte público local e interprovincial, entre otras medidas.

    También se interrumpieron las actividades laborales y de servicios no imprescindibles, se aplicó la restricción de actividades de comercio, reorientación de recursos disponibles para fortalecer el sistema de salud, y la interrupción de actividades docentes presenciales en todos los niveles educacionales.

    La Habana ha registrado casi 600 contagiados en los últimos 21 días, a razón de 28 casos como promedio diario, de acuerdo con información brindada por la doctora Yadira Olivera, subdirectora provincial de Salud y directora del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología.

    Hasta el momento, solo en la capital se reportan 15 eventos epidemiológicos (seis institucionales y ocho comunitarios), y cerca de 140 focos de transmisión, que reciben una atención especializada e inmediata de parte del servicio sanitario cubano.

    Daños económicos

    La otra arista que complica la situación en la capital cubana es la afectación económica provocada por la pandemia que, según las autoridades locales, asciende a 1.400 millones de pesos (unos 58.3 millones de dólares).

    En un reciente programa informativo de la televisión local, el coordinador del Gobierno de La Habana para los Programas de la Economía, Jorge Luis Villa, confirmó que en la ciudad existen más de 59.000 núcleos familiares vulnerables, lo que ha obligado a aplicar medidas de seguridad y asistencia social a nivel comunitario.

    Debido a las restricciones de movilidad, 120.671 trabajadores ejercen sus tareas a distancia (teletrabajo), y 181.776 quedaron en sus casas por ser vulnerables: madres con niños pequeños y empleados interruptos, entre otras categorías.

    El funcionario explicó que los gastos del presupuesto asociados a la pandemia han sido considerables, principalmente en alimentos, medicamentos, lencería, aseo, y limpieza; gastos de personal y prestaciones de trabajadores asociado al enfrentamiento al COVID-19, transportación, y prestaciones de la asistencia social, que se calculan en unos 125 millones de pesos (5,2 millones de dólares).

    Este monto de dinero se empleó para cubrir los gastos extraordinarios y garantizar las condiciones de aislamiento, los protocolos de tratamiento aplicados que tienen costos elevados, los medicamentos que demandan de otros insumos y las medidas preventivas, precisó Villa.

    A esto se suma el decrecimiento de los ingresos por las afectaciones en el sector del turismo, exportaciones y en el trabajo por cuenta propia (privado), que solo en el mes de agosto fue de 621.4 millones de pesos (unos 26 millones de dólares).

    Las principales afectaciones en este reglón estuvieron en las ventas de productos alimenticios, industriales y de materiales de la construcción, los servicios gastronómicos, la inversión estatal, los ingresos del sector privado, que ha sufrido suspensiones temporales de actividades.

    También decreció la contribución territorial para el desarrollo local, los servicios a la población, de viviendas, trámites notariales en la compra y venta de viviendas y autos, venta de sellos de timbres, la gestión de cobro de multas, deudas tributarias, y las ventas brutas de bienes y servicios.

    En unos días se cumplirá la primera prórroga del cierre habanero. Casi 30 días después los números de contagio siguen en negativo, a pesar de los esfuerzos que hacen las autoridades.

    En este escenario, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel comentó el pasado 9 de septiembre que "tenemos que vivir y también tenemos que trabajar, porque el país no puede seguir deteniendo la economía sobre la base de que constantemente nos estén saliendo nuevos focos".

    Continuar aislados o asumir nuevas formas de convivencia será el reto para los próximos días. El 1 de octubre veremos cómo funcionará la capital cubana.

    Etiquetas:
    Cuba, pandemia de coronavirus, La Habana, COVID-19
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