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    MONTEVIDEO (Sputnik) — Al frío invierno que acostumbran sufrir las más de 2.500 personas que viven en las calles de Uruguay, este año se sumó un problema todavía presente en las ciudades de Latinoamérica: la aporofobia, o el odio al pobre, cuyos síntomas van desde el miedo al verles en la calle hasta cobardes y, a veces, fatales palizas.

    Además de las dos muertes que provocó el frío de este invierno austral en Montevideo, al menos otras cinco personas en situación de calle fueron víctimas de ataques con palos y fuego por parte de personas no identificadas.

    Uno de los casos más resonantes ocurrió a mediados de julio en el tradicional barrio de Ciudad Vieja. Las cámaras de vigilancia mostraron a una persona en bicicleta que se acercó y entregó algo a un indigente que dormía en la calle.

    Luego se ve un fogonazo y el incendio que envolvió a Andrés Bargas, un hombre que siempre pernoctaba en ese lugar —la entrada de un restaurante— junto a su perro y que hoy todavía se repone de las quemaduras que afectaron el 30% de su cuerpo.

    Días después, se notificaron una serie de ataques que duraron hasta principios de agosto, la mayoría de ellos también en Ciudad Vieja, según denunció el diario local El País.

    Las víctimas coinciden en que los agresores son un grupo de seis o siete hombres que salen de autos nuevos y golpean a sangre fría a personas en situación de calle, cuidacoches y, sobre todo, adictos a la pasta base de cocaína, la droga más marginal.

    A veces usan bates de béisbol y han exhibido armas de fuego. El macabro criterio para elegir a sus víctimas hizo que se ganaran la etiqueta de los antipasta.

    Preocupación

    La Directora de Protección Integral en Situaciones de Vulneración del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), María Fernanda Auersperg, cree que "es algo poco común", pero se muestra preocupada por el uso de fuego como método de ataque. "Es algo nuevo", reconoce a Sputnik.

    El contexto no es nada favorable: el último relevamiento de personas en situación de calle, a cargo del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), determinó que el 66% de los encuestados declaró que consume pasta base, siendo la sustancia preferida, por sobre el alcohol, la marihuana y la cocaína.

    El estudio establece un aumento del 25,3% en la población de calle, aunque el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) asegura que el porcentaje de quienes están a la intemperie bajó 15%.

    Y claro: más de la mitad de los consultados declaran haber sufrido algún tipo de agresión en la calle.

    "Hay una dicotomía entre vecinos que quieren lograr que la persona salga del pallier del edificio y por otro lado tenes otro vecino que siente lastima y le asiste", plantea Auersperg, "Tenemos que tratar de lograr propuestas atractivas para que estas personas puedan entrar a los lugares del Mides".

    Y reconoce: "A nosotros nos cuesta mucho que se entienda a nivel de la población que muchas veces recibimos denuncias de personas en situación de calle y esas personas no quieren ingresar a refugios, porque o tienen problemas de salud mental o consumo o no están de acuerdo con las normas".

    Consultada sobre la crudeza de los ataques perpetrados este invierno, la funcionaria respondió que trabajan en coordinación con el Ministerio del Interior, con quien, al momento de la entrevista, intentaba determinar un posible nuevo caso ocurrido en las últimas horas.

    Problema regional

    En los casos ocurridos en Uruguay —y en tantos otros en Latinoamérica— poco se sabe de los agresores.

    El caso más importante en el que sí se conocieron responsables se dio en Argentina, con lo que fue la Unidad de Control del Espacio Público (UCEP), creada en 2008 por el expresidente Mauricio Macri (20015-2019), por ese entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

    Los miembros de la división que buscaba "recuperar los espacios públicos" fueron denunciados por la Defensoría del Pueblo y personas sin techo por ejercer violencia física y verbal contra indigentes y sustraerles sus pertenencias. La UCEP fue disuelta un año más tarde.

    En 2015, fue conocido en Costa Rica el caso de "el mataindigentes", nombre que se le dio a Adrián Arroyo Gutiérrez, un múltiple asesino al que se le atribuye la muerte de nueve mujeres con las que, antes de matarlas, entablaba una relación.

    El pasado verano en Sao Paulo, en el este de Brasil, al menos ocho personas en situación de calle murieron en forma violenta y, en julio, otros dos indigentes fallecieron supuestamente envenenados con comida que les fue entregada por civiles que bajaron de un auto blanco, según pudo verse en las cámaras urbanas.

    ​Son las cámaras de seguridad, que existen por el miedo a perder lo propio, las que muestran la peor cara del desarraigo: la del oprobio por haberlo perdido todo y que lo único que quede por perder sea la vida.

    Etiquetas:
    aporofobia, pobreza, pobres, América Latina, agresión
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