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    Los uruguayos conmemoran su independencia cada 25 de agosto en una fecha que, para los críticos de la historia, esconde en realidad una "gran mentira". El historiador Leonardo Borges explicó por qué lo sucedió ese día poco tiene que ver con Uruguay y sí con lo que se conoció como las Provincias Unidas del Río de la Plata.

    La historia oficial dice que la República Oriental del Uruguay conmemora su Día de la Independencia cada 25 de agosto, en recuerdo de la Declaratoria de la Independencia proclamada en 1825. Sin embargo, no son pocos los historiadores uruguayos que defienden que se trata de una conmemoración "ficticia" que, en la actualidad, carece de sentido porque, en resumen, aquella gesta en verdad marcaba la intención de los orientales de incorporarse a Argentina.

    En efecto, el 25 de agosto de 1825 fue la fecha en que el Congreso de la Florida —conformado por representantes de varios puntos del territorio oriental— declaró que el territorio que actualmente se conoce como Uruguay pasaba a ser independiente "de los intrusos poderes de Portugal y el Brasil", cuyas fuerzas dominaban el territorio desde 1816.

    En diálogo con Sputnik, el historiador uruguayo Leonardo Borges recordó que esa fecha fue elegida como "Día de la Independencia" de Uruguay luego de una "negociación política" entre los dos partidos políticos fundacionales, el Partido Colorado y el Partido Nacional, ya comenzado el siglo XX y ante el primer centenario del proceso revolucionario que independizó al territorio.

    "Los senadores y diputados blancos y colorados se pusieron a discutir y terminaron en una especie de empate", explicó Borges, señalando que en esa instancia se definieron como fechas patrias principales el 25 de agosto, como Día de la Independencia, y el 18 de julio como conmemoración de la Jura de la Constitución de 1830. Con la fijación de ambas fechas en el calendario, los dos partidos políticos quedaron satisfechos.

    Sin embargo, el historiador remarcó que "lo que pasó en 1825 es algo totalmente diferente a lo que conocemos y de la 'balcanización' de la región en Argentina, Uruguay y Brasil". En ese sentido, recordó que el proceso que llevó a la declaratoria del 25 de agosto había comenzado con el Desembarco de los 33 Orientales, una cruzada revolucionaria que partió desde Entre Ríos con el fin de liberar a la Provincia Oriental —denominada Provincia Cisplatina por los portugueses—de Portugal y Brasil.

    Borges señaló que aquella incursión "no buscaba la independencia sino la anexión a las Provincias Unidas del Río de la Plata".

    En efecto, el Congreso de la Florida aprobó, ese 25 de agosto de 1825, tres leyes: una de Independencia, una de Unión y otra de Pabellón. Según Borges, la negociación política que fijó la conmemoración hizo que el énfasis quedara puesto sobre la primera ley, dejando las otras dos en un segundo plano. Sin embargo, se trata de leyes que denotan claramente la intención unionista de los libertadores de la época.

    "La Ley de Unión es clarísima", enfatizó Borges, en relación al pasaje en que expresa "que su voto general, constante, solemne y decidido, es y debe ser por la unión con las demás Provincias Argentinas, a que siempre perteneció por los vínculos más sagrados que el mundo conoce".

    La Ley de Pabellón, si bien tenía como único objetivo fijar la bandera que el territorio utilizaría, también es elocuente, ya que fijaba como provisoria la bandera de los libertadores "hasta tanto que incorporados los diputados de esta provincia, a la Soberanía Nacional, se enarbole el reconocido por el de las Unidas del Río de la Plata, a que pertenece".

    ¿Qué eran las Provincias Unidas del Río de la Plata?

    El Estado al que los libertadores de la Provincia Oriental querían sumarse en 1825 no era otro que el que había surgido como consecuencia de la Revolución de Mayo de 1810, en sustitución del Virreinato del Río de la Plata impuesto por la monarquía española.

    Tras la independencia de Paraguay en 1811 y la de Bolivia hacia 1825, el Estado tenía su centro de poder en Buenos Aires y abarcaba también a las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, Cuyo, Tucumán, Misiones y Corrientes.

    Desde la Revolución de Mayo, las aspiraciones centralistas de Buenos Aires habían despertado discordia entre las diferentes provincias. De hecho, uno de los más férreos detractores del centralismo porteño era el libertador oriental José Gervasio Artigas, cuyas pretensiones federales y cuestionadoras del poder de Buenos Aires llevaron a la creación de la Liga de los Pueblos Libres pero cayeron con la invasión de los portugueses a la Provincia Oriental.

    Sin embargo, para 1825 —con Artigas derrotado y exiliado en Paraguay desde 1820— las rivalidades entre Montevideo y Buenos Aires se habían calmado. "Con la desaparición de Artigas las negociaciones con Buenos Aires estaban a pedir de boca: si bien los unitarios porteños no querían entrar en guerra con Brasil, los federales lograron convencerlos y al no estar Artigas Buenos Aires estaba de acuerdo con la anexión de la Provincia Oriental, obviamente siendo unitaria, centralista y teniendo la capital en Buenos Aires", explicó Borges.

    El historiador apuntó además que los principales caudillos orientales de ese momento, como Juan Antonio Lavalleja, Fructuoso Rivera y Manuel Oribe, estaban distanciados de las ideas de Artigas y apoyaban la anexión al centralismo porteño.

    La verdadera fecha de independencia de Uruguay

    Ahora bien, si el 25 de agosto no es la fecha más apropiada para la independencia del actual Uruguay ¿cuál debería ser?

    Para Leonardo Borges, el día más propicio es el 4 de octubre. En esa fecha culminó formalmente la Convención Preliminar de Paz, un proceso de negociaciones entre el Imperio de Brasil y las Provincias Unidas del Río de la Plata que, con intervención británica, acabó sellando la creación de Uruguay como un Estado independiente.

    La Convención Preliminar de Paz se inició en 1828 como consecuencia del desgaste ocasionado por la guerra que se había desatado entre las Provincias Unidas y Brasil luego de la declaratoria de la independencia de la Provincia Oriental. La guerra entre las dos potencias desgastó a ambos bandos pero también provocó perjuicios económicos y comerciales debido al bloqueo del puerto de Buenos Aires por parte de Brasil.

    La preocupación porque el puerto porteño continuara bloqueado despertó la preocupación del Reino Unido, que decidió iniciar gestiones diplomáticas para alcanzar la paz entre las dos potencias. El país europeo decidió entonces enviar a un representante al Río de la Plata: lord John Ponsonby.

    Los oficios diplomáticos de Ponsomby pronto lograron convencer a los gobernantes rioplatenses y brasileños de dejar de destinar más fondos a una guerra por el territorio de la Provincia Oriental. Paradójicamente, para los británicos esa porción de tierra sí era clave para sus intereses: el territorio que finalmente fue Uruguay era visto como la "clave" para el ingreso de mercaderías al Río de la Plata y desde allí al resto de la región.

    Con esa estrategia, Ponsomby pronto convenció a los dos bandos de aceptar un acuerdo en el que ninguno de los dos se daba por vencedor y la Provincia Oriental pasaba a constituirse como el Estado Oriental del Uruguay, cuyo nombre delimita, precisamente, el territorio al este del río Uruguay. Si bien las negociaciones comenzaron en agosto, fue el 4 de octubre cuando las partes ratificaron el tratado.

    Borges señaló que la fecha del 4 de octubre llegó a conmemorarse durante el siglo XIX como la de iniciación del Estado uruguayo pero pasó al olvido a finales de ese siglo y principios del siglo XX, cuando la modernización requería el surgimiento de un sentimiento que unificara a la nación. "Entonces la guardaron debajo de la alfombra", puntualizó Borges sobre la fecha del 4 de octubre, que en la actualidad no forma parte del calendario de feriados ni es conmemorada con actos oficiales.

    "La historia se construye de memoria, pero también de olvidos y esos olvidos son sintomáticos en Uruguay", sintetizó el historiador.

    Esos olvidos, explicó el especialista, se explican por la necesidad de todas las sociedades de encontrar "orígenes heroicos, épicos y grandilocuentes". Algo que, justamente, era difícil de encontrar en el proceso de consolidación del estado uruguayo.

    "La Convención entre las Provincias Unidas y la Monarquía brasileña, con Gran Bretaña como convidado de piedra para fogonear sus negocios, obviamente no tiene nada de heroico", sostuvo Borges.

    Si bien el historiador consideró que la fijación del 25 de agosto como fecha de independencia era comprensible en el contexto de comienzos del siglo XX, opinó que esa fecha ficticia no se justifica en la actualidad, 195 años después. "Estamos en el siglo XXI, ya no necesitamos heroísmo", planteó.

    En ese sentido, Borges defendió la idea de que "las naciones deberían ser resilientes con su pasado", tal como lo deben ser las personas individualmente. "Fue el pasado que tuvimos y no necesitamos en estos momentos este tipo de grandes mentiras", complementó.

    Etiquetas:
    Argentina, Brasil, Buenos Aires, historia, América Latina, Día de la Independencia de Uruguay, Uruguay
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