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    Los impactos económicos de la pandemia de COVID-19 han vuelto a acercar a América Latina al Fondo Monetario Internacional. Mientras académicos advierten un posible nuevo ciclo de endeudamiento, el argentino especializado en sociología económica Pablo Nemiña explicó a Sputnik cómo es la nueva cara del organismo.

    Aquel mes de diciembre de 2005 parece haber quedado sumamente lejos. Y no solo por el paso del tiempo en el calendario: en esa época, y con pocos días de diferencia, los entonces presidentes de Argentina, Nestor Kirchner, y de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, anunciaban la cancelación de las deudas de sus Estados con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

    Tras una serie de contactos entre ambos gobiernos, Kirchner y Lula confirmaron con pocos días de diferencia el pago en una sola cuota del saldo que los dos países más grandes de Sudamérica tenían con el organismo financiero multilateral. En ese momento, Brasil pagó 15.500 millones de dólares y Argentina unos 9.810 millones.

    Además de histórica, aquella transacción marcaba una época. Las dos potencias sudamericanas se liberaban de la influencia del FMI y mostraban una coordinación política inédita, que además se complementaba con el apoyo político de Hugo Chávez, desde Venezuela. El bloque también impulsaba a otros vecinos: Uruguay, por ejemplo, canceló su deuda de 1.080 millones de dólares en 2006. Bolivia también se liberó del fondo ese año, tras una acuerdo que permitió una condonación de su deuda de 250 millones.

    Todo parece haber cambiado quince años después, cuando América Latina es una de las regiones del mundo más afectadas por la pandemia de COVID-19, tanto en lo sanitario como en lo económico, y el FMI no oculta que la región es una de las preocupaciones para su directora, Kristalina Georgieva.

    Durante su intervención en la conferencia de gobernantes de América Latina y el Caribe —un evento para abordar el impacto de la pandemia organizado por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en junio de 2020— Georgieva advirtió que el FMI prevé que el año 2020 culmine con una contracción del 9,3% en la economía de la región, un guarismo jamás antes registrado y más del doble de la contracción del 4,9% esperada para todo el planeta.

    En aquel discurso, Georgieva respaldó las intervención estatal contra la pandemia pero pidió cautela. "Este es el momento de hacer todo lo que sea necesario para apoyar a los más afectados por la crisis. Así pues, por favor, gasten lo que sea necesario pero gasten con prudencia y guarden los recibos, tanto para volver con el tiempo a una posición fiscal sostenible como para garantizar la rendición de cuentas de los gastos relacionados con la pandemia", sostuvo.

    Enseguida, la titular del FMI informó que, como consecuencia del coronavirus, el organismo duplicó el acceso a "financiamiento de emergencia", desembolsando un total de 25.000 millones de dólares para asistir a 70 países. De ese total, unos 5.500 millones de dólares fueron destinados a 17 países de Sudamérica, América Central y el Caribe, indicó.

    Georgieva mencionó particularmente los casos de Chile, Perú y Colombia, países con los que el FMI suscribió acuerdos de Línea de Crédito Flexible por un total de 107.000 millones de dólares.

    Un análisis realizado por los investigadores del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) Teresa Morales, Nicolás Oliva y Guillermo Oglietti da cuenta de que, solamente entre el 17 de abril y el 1 de mayo, el Fondo Monetario también asistió a Bolivia, Costa Rica, Dominica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Granada, Haití, Panamá, Paraguay y Santa Lucía por un total de 3.483 millones de dólares.

    El estudio consigna que, salvo en los casos de Haití, Dominica y Granada, el FMI apeló a un instrumento denominado Rapid Financing Instrument (RFI, Instrumento Financiero Rápido), con el que los países pueden acceder rápidamente a montos equivalentes al 100% de sus cuotas con una tasa de interés del 1,5% a pagar en cinco años.

    A partir de estos datos, y tomando en cuenta también los acercamientos de Chile, Colombia y Perú, los investigadores de Celag señalaban a finales de mayo que "los países latinoamericanos han iniciado un nuevo proceso de endeudamiento con el FMI". En ese sentido, advirtieron que el acercamiento al FMI "seguramente supondrá alivio en el corto plazo para afrontar un frente externo muy adverso pero que ciertamente tiene su contrapartida en los condicionamientos de políticas macroeconómicas y sus conocidas consecuencias".

    ¿Hay un nuevo FMI?

    En diálogo con Sputnik, el sociólogo argentino e investigador en Economía Política Internacional y Sociología Económica, Pablo Nemiña, fue más cauto con la magnitud del avance del FMI en la región. "Creo que todavía no estamos yendo a un proceso de endeudamiento crítico", sostuvo.

    Para el especialista, esto no se da tanto porque los países latinoamericanos no lo busquen sino porque la respuesta de los organismos multilaterales como el FMI ante la pandemia ha sido por el momento "muy tibias". En ese sentido, mencionó las líneas de financiamiento de emergencia dispuestas por el Fondo han sido de "baja magnitud" y por el momento dejan por fuera a los países de la región con mala calificación crediticia.

    "No obstante, esto no significa que el Fondo no haya vuelto a la región", contrapuso el propio Nemiña. Para el experto, el FMI tuvo un proceso de nuevo acercamiento a América Latina a partir de la crisis económica de 2008 y, por ejemplo, con los créditos de 57.000 millones de dólares Argentina en 2018 y de 4.500 millones a Ecuador.

    Nemiña señaló que, además de ese rol tradicional de "prestamista", el FMI "también desarrolló una política de financiamiento precautorio, con créditos flexibles a México, Colombia, Perú y Chile, con lo que se ha convertido en garante". Al respecto, explicó que se trata de "líneas contingentes que no se usan pero están a disposición y sirven para reforzar la posición crediticia y que puedan mantenerse en el mercado internacional de capitales".

    Para el experto, dependerá de qué tanto los países de la región requieran financiamiento como consecuencia de la pandemia para saber si se "potenciará" el rol de prestamista del FMI en América Latina.

    Quizás la mayor novedad en este nuevo acercamiento del organismo son los ajustes realizados en su política de condicionalidades hacia los países financiados, algo que puede modificar la tradicional presión que el FMI ejercía a los gobiernos para aplicar determinadas políticas.

    Entre los principales cambios está, según Nemiña, una matización del Decálogo del Consenso de Washington, la tradicional serie de medidas impulsadas tanto por el FMI como por el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de EEUU en pos de políticas de liberalización comercial, ajuste fiscal, privatizaciones y desregulación del mercado de capitales, entre otras.

    "El Fondo hizo una autocrítica muy fuerte y matizó el decálogo. Por ejemplo, ahora las reformas no necesariamente se implementan todas y en algunos casos el Fondo ha reconocido la importancia de que el Estado haga control de capitales, la importancia de políticas contracíclicas o de reducir la desigualdad a través de políticas impositivas progresivas", sostuvo.

    Según Nemiña, el organismo ahora está más propenso a aceptar que planes de reformas "escalonadas" y comenzó a permitir que funcionarios de los gobiernos participen en el diseño de los planes de reforma.

    "Creo que el Fondo se ha vuelto más astuto, más sagaz, que ha aprendido que la receta única implementada de la misma forma en todos los países es contraproducente, no solo en términos de resultados económicos sino para la propia legitimidad de la institución", añadió.

    De todos modos, Nemiña recordó que este tipo de cambios "no significan que sea una institución nueva". "No se convirtió en Unicef", ironizó, remarcando que "sigue siendo el Fondo Monetario Internacional, con un sesgo ortodoxo, volcado hacia las políticas pro-oferta para promover el crecimiento".

    En la misma línea, recordó que el organismo continúa "teniendo preferencia por reformas estructurales como la reforma previsional, la reforma impositiva, la reforma laboral y en algunos casos reforma comercial".

    De hecho, en su intervención ante los gobiernos de América Latina y el Caribe, Georgieva aseguró que el FMI mantendrá su "sólido compromiso con la región en lo que se refiere a fortalecimiento de las capacidades y asesoramiento de política económica".

    La titular del Fondo Monetario pidió en ese contexto a los países latinoamericanos que sean capaces de realizar "una reorientación de las políticas, cuando llegue la hora de ayudar a los trabajadores a volver al trabajo" y les pidió hacerlo "utilizando con prudencia el estímulo fiscal".

    En su mensaje, Georgieva adelantó que "a medida que las perturbaciones vayan disipándose, la solidez fiscal y la sostenibilidad de la deuda deben convertirse en prioridades de la política económica".

    Etiquetas:
    deuda externa, COVID-19, pandemia de coronavirus, Fondo Monetario Internacional (FMI), América Latina
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