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    Denuncias de crímenes sexuales abundan en la Iglesia católica. Ahora, en el ojo del huracán están sacerdotes del obispado de Valparaíso, ciudad costera del centro de Chile. La diócesis es acusada de negligencia por encubrimiento. Sputnik conversó con dos de los cinco exseminaristas que revelan el horror sufrido cuando eran menores de edad.

    "En el seminario yo era menor de edad y ellos permitieron que me desnudara, que me abusara, que me golpeara y a vista y paciencia, y no quisieron hacer nada. Entonces culpar a los denunciantes obviamente es una mezquindad y una cosa inhumana", señala a Sputnik Mauricio Pulgar, demandante en la causa por abuso sexual e imposición de conciencia de la Quinta Región.

    "En el clima que se genera el abuso con el sacerdote, siempre son momentos de mucha intimidad, ya sea en la confesión, o en dirección espiritual. Entones cuando tú más estás abriendo el corazón o estás abriendo tus sentimientos, compartiendo sentimientos y la otra persona te ataca", cuenta Gustavo Donoso, ingeniero, víctima y querellante por abuso sexual, en conversación con Sputnik.

    La demanda acusa que la diócesis actuó de forma negligente, encubriendo y evitando investigar los hechos denunciados por cinco de sus víctimas: Mauricio Pulgar, Gustavo Donoso, Marcelo Soto, Sebastián del Río y Marcelo Rodríguez quienes fueron exseminaristas del Seminario Mayor San Rafael de Lo Vásquez entre los años 1991 y 2007.

    Ellos denuncian que en su momento presentaron las acusaciones a las autoridades eclesiásticas, Mauro Ojeda, Javier Prado y Gonzalo Duarte, quienes escucharon sus imputaciones, pero ocultaron los delitos de acoso, abuso y violación.

    Fue en el año 1992 que Marcelo Soto dio inicio a las primeras denuncias contra diferentes sacerdotes pertenecientes al Seminario Mayor San Rafael en la región de Valparaíso en Chile. Las imputaciones incluyen abusos sexuales, acoso reiterado, violaciones, manipulación de conciencia además del encubrimiento de estos delitos.

    Las víctimas y querellantes eran estudiantes que ingresaron a formarse al establecimiento eclesiástico, con el fin de convertirse en futuros sacerdotes.

    "Estando yo en el seminario mayor, viviendo algunas cosas que aparecen en la demanda, informándoselas a los formadores, informándoselo al obispo, al director espiritual, ninguno de ellos en ese momento, estando yo en el seminario, me indicó que yo debía presentar un escrito protocolizado, y presentarlo ante un tribunal eclesiástico", explica Donoso.

    Añade que antes del 2005 no tenían esa información, "y todos los compañeros que denunciamos, dentro de situaciones similares, nunca se nos indicó que debiéramos hacer esas cosas, solamente informárselo al superior directo, y de ahí ya la cadena de información moría".

    Pasaron 20 años para que Mauricio Pulgar, en febrero 2012, fuera el primer exseminarista que acusara formalmente los hechos y presentara los antecedentes ante la Nunciatura Apostólica y el Arzobispado de Santiago.

    "Yo realicé mi primera denuncia el año 97, luego el año 98 y formalmente el año 2012. La primera dificultad es que la Iglesia no te cree, eso es lo primero. La Iglesia cuestiona el hecho de que tú denuncies porque lo ven como un ataque", detalla Pulgar.

    Esta primera investigación estuvo a cargo del actual arzobispo de Santiago, monseñor Calestino Aós, indagación que duró solo dos meses y concluyó que los hechos denunciados eran inverosímiles.

    Entre el delito y el silencio

    Muro de iglesia con grafitis
    © Sputnik / Carolina Trejo
    Muro de iglesia con grafitis

    Cada uno de los relatos y testimonios de los demandantes, víctimas del seminario, demuestran que, como lo señala Gustavo Donoso, existían patrones de conducta que normalizaban el acoso, el abuso sexual y la manipulación de los jóvenes, que estaban a cargo de sacerdotes que debían formarlos.

    "El acompañamiento, las excesivas muestras de afectos paternales que no corresponden, ellos los interpretan como actos paternales, pero son actos de abuso. Más cuando ellos tienen acceso a tu conciencia, cuando por norma te implantan que tú tienes que hacer confesión frecuente en el seminario", delata Donoso.

    "Y ante ese conocimiento de las debilidades, y que la otra persona también las sepa, y además quien va a ser luego parte de la junta de ordenado, el que te permite acceder al ministerio sacerdotal, no lo puedes denunciar. Porque tiene una forma de poder manipularte", añade.

    Mauricio Pulgar recuerda que en enero de 1993, cuando terminaron su proceso de adaptación al seminario, Mauro Ojeda, los llevó a una casa en Olmué. "Ahí él nos dice que en la noche nos tenemos que desnudar y meter en la piscina desnudos. Como vio que no nos gustó la frasecita me dice que si no lo hago, él no me va a recibir en el seminario".

    Gustavo Donoso, por su parte, recuerda que el sacerdote que lo recibió cuando tenía 12 años en el seminario menor luego fue rector en el seminario mayor. "Y ese sacerdote que me recibió en el seminario menor era quien incentivaba que nosotros nos bañáramos en la piscina desnudos, y es el mismo formador que luego, cuando yo me confesaba al día siguiente, me daba una palmada en los genitales y me decía: '¿cómo está la pureza?'".

    Una vez que Mauricio se integró al seminario mayor, cuenta que Mauro Ojeda, continuó con el hostigamiento, el que fue más constante: "Acoso físico, acoso sexual, muchos insultos, etcétera, porque yo no accedía a ser cariñoso con él".

    Una situación que va a empeorar, según su relato, cuando llega otro sacerdote, José Olguín, quien prosiguió con el acoso sexual "muy fuerte y muy permanente, y como yo no accedo a sus peticiones afectivas él empieza a castigarme, no dejándome salir, y esos fines de semanas me pegaba cachetadas diciéndome que era para mantener mi ego a raya, y una serie de otras cosas relacionadas con ataques físicos, acosos sexuales, etcétera".

    Mátate por la Iglesia

    Obispado de Valparaíso
    © Foto : Gentileza Sergio Concha
    Obispado de Valparaíso

    El constante acoso, exigir obediencia y secreto a la Iglesia, junto con un persistente maltrato, "disfrazado obviamente que era lo mejor para mí, para mi vida, porque ellos me estaban purificando", llevaron a Mauricio Pulgar a hablar con su director espiritual.

    "Yo le dije constantemente lo que estaba pasando en ese minuto, le dije que yo quería suicidarme, porque la verdad que encontraba que con lo que ellos me decían en realidad yo era una lacra, así que lo mejor era morirse", recuerda.

    Su director lo convenció de aguantar y de no denunciar lo que sucedía. Sin embargo, un año después le avisa al rector de seminario mayor, Santiago Silva, que ha decidido alejarse.

    Silva frente a esta decisión le dice: "'Sí, lo mejor que puedes hacer es matarte. Mátate, desaparece. Así la Iglesia va a estar mejor. Si quieres hacer algo por la Iglesia —decía— tienes que matarte'".

    Mauricio cuenta que no podía creer lo que escuchaba, sin embargo, esas palabras lo convencieron de retirarse. Fue el obispo Jorge Medina quien intercedió para que volviera al seminario, recalcando que "debía obediencia y silencio a la Iglesia".

    Un año después, en 1996, fue solicitado para colaborar en otra parroquia en la ciudad de Los Andes, a cargo del sacerdote Humberto Henríquez. "Él en una de las ocasiones me drogó y ocurrió el acto de la violación".

    "Mauricio Pulgar entró al seminario el año 92 y yo entré el 2013 al seminario mayor, y fueron las mismas cosas que le pasaron a Mauricio las que me pasaron a mí, y las que les pasaron a otros denunciantes de mi generación, compañeros de curso incluso. Y que a la larga siguieron pasando, porque yo me retiré a fines del 2005 y hasta el 2007 seguían pasando cosas", revela Donoso.

    "Lo que pasa es que en el fondo la diócesis de Valparaíso ha sido como la cloaca, si se puede decir de alguna manera, donde llegan todos los curas que en otro lugar no pueden ejercer", opina Pulgar.

    Bloquear para vivir

    Obispado de Valparaíso
    © Foto : Gentileza Sergio Concha
    Obispado de Valparaíso

    Gustavo Donoso recuerda que en 2017 vio a Jaime Da Fonseca cerca de sus sobrinos. Él había sido su director espiritual nueve años antes, y en el momento que lo volvió a ver "comencé mi desbloqueo de los abusos que se cometieron en el seminario mayor y en el seminario menor".

    El ingeniero cuenta que "ahí algo a mí me empezó a dar vueltas en la cabeza, los episodios de abuso. Yo me di cuenta después de un proceso terapéutico con psicóloga, porque yo tenía problemas para vincularme de manera sexual con mi exseñora".

    Cuando se enteró de que Jaime Da Fonseca seguía celebrando misa en la parroquia de Viña bajo la autorización de Gonzalo Duarte y Jorge Calderón, Donoso decidió hacer la acusación.

    "Y ahí es cuando yo me motivo a hacer la denuncia, cuando yo me doy por enterado que él, estando en suspensión del ministerio, él seguía celebrando misa y recibiendo gente en su departamento de manera constante", relata.

    Tras un largo período de acusaciones, procesos judiciales, eclesiásticos, pero por sobre todo de dolor de las víctimas, recién el 2019 Humberto Henríquez y Jaime Da Fonseca fueron condenados solo de manera canónica por el Papa Francisco, que les aplicó la pena de "dimisión del estado clerical".

    En el libelo presentado el 5 de agosto persigue la responsabilidad de la jerarquía católica de la diócesis de Valparaíso. Cuestiona el silencio de las autoridades religiosas, como señala la acción legal, "por los constantes actos de encubrimiento, omisiones de investigación y acciones de amedrentamiento a las víctimas".

    A partir de esta presentación, Mauricio Pulgar invita a las víctimas a denunciar. "Es un camino largo, pero hoy día no es tan solitario como antes. Hay muchas garantías de confidencialidad, hay garantías para muchas cosas, no van a pasar por lo que pasamos nosotros, así que es el tiempo y el momento de hacerlo".

    "Yo quiero que la Iglesia mediante esta demanda civil me diga: 'Gustavo, ¿sabes qué? Lo sentimos. Nos equivocamos en no haber hablado con usted, realmente cometimos un error, no lo supimos enmendar'", concluye el ingeniero.
    Etiquetas:
    menores, Iglesia católica, denuncia, demandas, abuso sexual, obispos, sacerdotes, Chile
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