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    RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — Aún faltan unos meses para las elecciones municipales de Brasil, pero ya se ven en el horizonte y se empieza a mover el escenario político. Esos comicios serán un buen termómetro para evaluar el estado de salud del bolsonarismo y para comprobar si la izquierda aprendió alguna lección de la derrota de 2018.

    A priori, la tarea para averiguar si el oficialismo ultraderechista revalida su éxito en las urnas no será fácil: a día de hoy, el presidente Jair Bolsonaro no está afiliado a ninguna formación. El intento de crear un partido a su imagen y semejanza (Aliança pelo Brasil) no se logró a tiempo, así que en cada ciudad apoyará a un candidato diferente. Habrá que ver caso por caso.

    "El bolsonarismo es un movimiento muy personalista, y Bolsonaro nunca fue un hombre de partido. Si tuviese una estructura partidaria sería mucho mejor (tendría más recursos y tiempo de publicidad, por ejemplo) pero la parte buena es que al ir por libre no tiene que ceder nada a nadie y no tiene que lidiar con las cosas malas que a veces implica formar parte de un partido, como que aparezcan casos de corrupción", explica Graziella Testa, doctora en Ciencia Política por la Universidad de Sao Paulo (USP) y profesora de la Fundación Getúlio Vargas, en diálogo con Sputnik.

    El mar aún está muy revuelto y las alianzas no están claras. En Sao Paulo, por ejemplo, varios exaliados del presidente pretender lanzar sus candidaturas a la alcaldía. En Río de Janeiro, en cambio, la familia Bolsonaro parece que ya cerró su apoyo a la reelección de Marcelo Crivella, un evangélico ultraconservador, obispo de la Iglesia Universal del Reino de Dios.

    Izquierda dividida

    En el espectro de la izquierda, nada hace pensar que vaya a cristalizar el famoso "frente amplio" que muchos electores pedían para unir fuerzas y derrotar a Bolsonaro hace dos años. Los principales partidos progresistas —el Partido de los Trabajadores (PT), el Partido Socialismo y Libertad o el Partido Democrático Laborista (PDT, por sus siglas en portugués), por ejemplo— irán por libre y competirán entre sí.

    Sigue coleando la polémica de 2018, cuando el candidato del PDT, Ciro Gomes (muy crítico con el expresidente Lula), se negó a hacer campaña activa por su ahijado político, Fernando Haddad (PT) en el balotaje. Para algunos, esa renuencia contribuyó a la victoria de Bolsonaro. Los "ciristas", en cambio, creen que el PT pecó de ambicioso y debería haber apoyado a Ciro desde el principio porque era el único que podía derrotar a Bolsonaro.

    Esas heridas (en gran parte una lucha de egos entre Lula y Ciro) aún no se han cerrado, y hasta que no cicatricen será imposible una unión de la izquierda en Brasil, considera Testa, y remarca la centralidad que aún sigue teniendo el expresidente. "Todo el mundo pide que Lula ceda, pero Lula dice: '¡Yo traigo votos!'". Lula quiere llevar su capital político, y otros, la moneda del resentimiento", dice.

    En cualquier caso, cada vez suenan con más fuerza las voces que piden dejar atrás las diferencias y buscar los puntos en común. Uno de ellos es el gobernador del estado de Maranhão (norte), Flávio Dino (Partido Comunista de Brasil). Recientemente, pidió formar una gran coalición de centro-izquierda y ya suena como presidenciable en 2022. No obstante, la especialista duda de su capacidad para expandirse más allá de su área de influencia, el noreste del país.

    El impacto de la pandemia

    Lo que sí está claro es que las elecciones se verán muy condicionadas por la pandemia del nuevo coronavirus. De momento, el COVID-19 ya obligó retrasarlas un mes. La gestión que cada alcalde haya hecho de la crisis sanitaria será determinante, y es probable que en estos comicios se hable "más de políticas públicas y menos de cotilleros y conceptos ideológicos", considera Testa, por resaltar algo positivo.

    Las dificultades para realizar una campaña electoral al uso en las calles, donde predomina el cuerpo a cuerpo, a priori se lo pondrá difícil a los novatos y favorecerá a los candidatos que ya son más conocidos entre los electores. Los actuales alcaldes, por ejemplo, partirían con ventaja, ya que durante meses han estado en el centro del foco mediático.

    Sería el caso, por ejemplo, del alcalde de Sao Paulo, Bruno Covas (del Partido de la Social Democracia de Brasil, PSDB, centroderecha) que hasta hace pocos meses no era especialmente conocido y posiblemente saldrá reforzado de la crisis del COVID-19.

    Para Testa, la clave será el estado de la economía dentro de unos meses: "En un primer momento vimos cómo creció la aprobación no sólo de los alcaldes, sino también de los gobernadores. Después eso se debilitó un poco. Dependerá bastante de la economía y de cuánto tiempo el Gobierno mantendrá las ayudas de emergencia, sobre todo en las ciudades pequeñas, que dependen mucho de esos subsidios", apuntó.

    Etiquetas:
    elecciones municipales, Jair Bolsonaro, Brasil
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