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    Carlos Oreiro no es solo el padre de la estrella uruguaya Natalia Oreiro. También es un referente de Rampla Juniors, el club de fútbol más tradicional del Cerro de Montevideo. En entrevista con Sputnik, reveló una historia de amor de una familia por un equipo y un barrio, así como la historia de amor de su hija con el pueblo ruso.

    "Con lágrimas en los ojos
    me fui alejando
    Viví lo duro que fue
    dejar todo atrás
    mi gente mi barrio".

    Los primeros versos de la canción Río de la Plata de Natalia Oreiro pintan lo doloroso que fue para la estrella rioplatense dejar su Uruguay natal para probar suerte en Buenos Aires, la gigante capital de Argentina. A pesar del éxito, la cantante sigue muy en contacto con el Cerro, el popular barrio de Montevideo donde nació y con su familia, referente ineludible para los cerrenses.

    Es que decir Oreiro es hablar del Cerro. Carlos Oreiro, padre de Natalia, conversó con Sputnik sobre los orígenes de ese arraigo tan particular que la actriz y cantante mantiene con el barrio, a pesar de que su fama ya es mundial.

    "Sus bisabuelos paternos llegaron a Uruguay sobre fines del siglo XIX y se instalaron en el Cerro", apuntó Oreiro, recordando que incluso antes del 1900 la zona era un creciente polo industrial de la capital uruguaya, al influjo de los grandes frigoríficos que ponían al pequeño país sudamericano en la ruta de la carne mundial.

    Oreiro explicó que, desde aquella inmigración, la familia continuó creciendo pero, lejos de desperdigarse por otras zonas de la capital, fue "arraigándose cada vez más" a la vida cerrense.

    Como buen barrio popular, el Cerro de Montevideo tenía que tener una gran pasión por el fútbol. Así fue que en 1914 nació el club Rampla Juniors, que aunque surgió en la Ciudad Vieja pronto se mudó hacia el Cerro, barrio que marcaría su identidad. Cuenta la historia que el club tomó su nombre una calle que corría al costado del puerto y que hasta 1909 conocida como la Rampla.

    La historia del tercer grande uruguayo

    La camiseta, que desde su fundación está compuesta de franjas verticales rojas y verdes, proviene de los colores de un barco que ingresaba al Puerto de Montevideo al momento de su fundación, según cuenta la leyenda. Otra historia, quizás con menos romanticismo, afirma que los fundadores del club tomaron los colores del ya existente club Fortaleza del Cerro.

    En cualquier caso, Rampla Juniors logró en la primera mitad del siglo XX consolidarse como "el tercer grande" de Uruguay, compitiendo a la par con los históricos Nacional y Peñarol. De todos modos, su mayor rivalidad sería con el Club Atlético Cerro, el otro club importante del barrio fundado en 1922.

    Los primeros años del club cerrense estuvieron marcados por una presencia permanente en las primeras posiciones. Rampla obtuvo el campeonato en 1927 y los subcampeonatos en 1928, 1932,1940,1947,1958 y 1964. Aquellas épocas de esplendor también incluyeron varias giras internacionales a países de Sudamérica, Europa y Asia. La más recordada por los ramplenses es la de 1929, cuando los rojiverdes le ganaron al Olympic de Marsella de Francia, al Tennis Borussia alemán, al Benfica portugués, al Ayax neerlandés y al Valencia español.

    La prosperidad del club comenzó a decaer después de 1970, cuando el club comenzó a sufrir frecuentes descensos de categoría. El siglo XXI sumó graves problemas económicos a los altibajos deportivos, haciendo que el club debiera abandonar de forma temporal el profesionalismo. Consiguió la recuperación en los últimos años y en 2018 logró incluso disputar la Copa Sudamericana.

    Ese mismo año 2018 tuvo la incorporación de Carlos Oreiro al club, en la función de gerente general. Su condición de empresario y su fanatismo por Rampla llevó a los dirigentes del club a convocarlo. "Yo siempre que puedo ayudo pero ahora, dada mi edad y mi disponibilidad, puedo tomar este lindo desafío", declaró Oreiro en esa oportunidad, al ser consultado por el noticiero uruguayo Telenoche, confirmando que su hija Natalia apoyó su decisión.

    Cuando es consultado sobre Rampla Juniors, Oreiro responde con la indefinición que solo tienen los verdaderamente apasionados. "Es muy difícil explicar una pasión, un sentimiento, solo lo puede entender otro hincha de Rampla", confiesa.

    Oreiro fue más claro al recordar que "fue el primer equipo del Cerro" y captó su cariño desde la infancia. "Pasé desde mi niñez muchas horas jugando en su cancha, llamada por aquel entonces Parque Nelson", rememoró.

    Hoy Rampla oficia de locatario en el Estadio Olímpico de Montevideo, una remodelación del viejo Parque Nelson, inaugurado con su actual nombre en 1980, en referencia al Monte Olimpo de Grecia y para homenajear al empresario naval griego Panagiotis Tsakos.

    "Mi sangre y corazón son rojo y verde", remarcó Oreiro, que no duda en posar con la casaca de sus amores ante el requerimiento de Sputnik.

    Carlos Oreiro, padre de Natalia Oreiro, con la camiseta de Rampla Juniors
    © Foto : Cortesía Carlos Oreiro
    Carlos Oreiro, padre de Natalia Oreiro, con la camiseta de Rampla Juniors

    ¿Cómo es ser el padre de una estrella internacional?

    Preguntarle a Carlos Oreiro cómo vive la fama de su hija Natalia es casi inevitable. "Con mucha alegría y orgullo", sintetizó. La mayor alegría para su familia es que la actriz "nunca cambió como persona a pesar de su éxito".

    La familia de Natalia Oreiro ya está acostumbrada a que la artista tenga en Buenos Aires su residencia principal. La extrañan pero se tranquilizan recordando que están simplemente a "tres horas de distancia". Además, la filosofía de Carlos Oreiro ayuda a comprender mejor la situación: "Siempre pensé que si bien los hijos son nuestros, también son hijos de la vida".

    Quizás sea esta forma de pensar la que permita a la familia Oreiro comprender mejor el éxito que Natalia tiene en Europa del Este y fundamentalmente en Rusia, donde ha cosechado infinidad de fanáticos.

    "Es muy sorprendente y lo palpamos mucho más cuando en alguna gira a Rusia vivimos una realidad inimaginable. Paseando solos con mi esposa, las personas nos reconocían en la calle", destacó.

    Oreiro aseguró que su hija "ama profundamente a Rusia y a su gente" y valoró que "con el correr de los años ha tenido la posibilidad de recorrer casi todo su territorio, forjando grandes lazos no solo culturales sino también personales".

    Natalia Oreiro saltó a la fama en Rusia en 1999, cuando la telenovela argentina Muñeca Brava, protagonizada por la uruguaya, fue emitida por la televisión rusa. Por aquellos años Oreiro también lanzaba su carrera como cantante, que la llevó a realizar giras artísticas de forma más asidua. La primera vez que visitó Rusia fue en 2001 y según su padre, ya en esa oportunidad "se sintió como en casa".

    La actriz y cantante Natalia Oreiro
    © Sputnik / Victor Vytolskiy
    "Siempre que tiene oportunidad habla de lo maravillosa y amable que es su gente", complementó y destacó que cuando los fanáticos rusos la llaman Nasha Natasha (Nuestra Natalia), ella responde "vasha Natasha" (vuestra Natalia).

    Oreiro contó con orgullo cómo su hija no solo mantiene el cariño por Rusia sino que hasta ha servido como una suerte de embajadora en su familia. "En cada viaje Natalia lleva a alguien de su familia para que conozca Rusia: nosotros sus padres, su hermana, sus tíos, sus mejores amigos y por supuesto su marido e hijo que la acompañan siempre", contó.

    El lazo entre Natalia Oreiro y Rusia es tal que en 2020 la actriz y cantante hizo una solicitud formal ante la Embajada de Rusia en Buenos Aires para obtener la ciudadanía de ese país. Para Oreiro, no fue algo sorprendente, en virtud de los sentimientos de Natalia por los rusos.

    "No me sorprende de su amor y respeto, que sé que es genuino. Nosotros como familia aprendimos a amar a Rusia a través de ella y la apoyamos en todas las decisiones que tome porque sabemos que son tomadas con respeto, admiración y un profundo amor", explicó.

    Etiquetas:
    Montevideo, música, Uruguay, Rusia, Natalia Oreiro
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