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    MONTEVIDEO (Sputnik) — Entre los pocos atletas del mundo que se han visto beneficiados por la pandemia de coronavirus hay que contar al uruguayo Marcos Sarraute, a quien el parate y la suspensión de los Juegos Olímpicos le han devuelto las ganas de remar.

    "A mí la cuarentena me salvó la campana", asume en diálogo con Sputnik quien a fin de año competirá como singlista por un lugar en la postergada cita olímpica de Tokio, que debía comenzar el próximo jueves y ahora está proyectada para 2021.

    El joven remero de 21 años ganó la medalla de oro junto al equipo de Uruguay en los Panamericanos de Lima del año pasado, en una emotiva final en la que superaron a las embarcaciones de Argentina y Cuba.

    Sin embargo, la Organización Deportiva Panamericana le quitó a Uruguay la medalla dorada por dopaje de uno de sus remeros, el propio Marcos, quien consume desde niño una medicación que lo ayuda en su trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

    Todo se trató de un error administrativo reconocido por la Federación Uruguaya de Remo (FUR), que no informó previamente que Marcos tiene prescripción para consumir la sustancia metilfenidato, prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje.

    "Con todo lo que pasó en los Panamericanos estuve en una depresión y me costó mucho entrenar y volver a rendir; ademas porque iba a estar suspendido y no podía participar de las evaluaciones", cuenta desde su nuevo hogar en Montevideo: las instalaciones del Club Atlético Aguada.

    A Marcos la pandemia lo agarró en su ciudad natal, Colonia (oeste). Allí acordó con los dirigentes de otro club, el Colonia Rowing, un puesto de sereno que le permitió, además, entrenar todos los días en el circuito cerrado.

    "No tuve contacto con la gente. La parte más dura fue no tener agua caliente hasta hace 10 días", admite. Sin saberlo todavía, y al revés que muchas personas, Marcos viviría una cuarentena sanadora.

    Sin señales, sin señuelo

    En las carreras de galgos suele colocarse una falsa liebre que actúa de señuelo para que los perros corran a velocidad. Sin el señuelo, nadie se mueve.

    En la actualidad, Marcos tiene su señuelo olímpico en suspenso, pero igual entrena junto al equipo uruguayo seis días a la semana. Por las mañanas, van de Montevideo hasta el lago Calcagno en bicicleta, un recorrido de 20 kilómetros. Allí hacen un turno en el agua que no baja de las dos horas. Por las tardes, otro turno de pesas y alrededor de una hora de trote.

    "No hay que regalar nada porque es un deporte que requiere demasiado físico", resume el atleta, aunque describe la situación como "algo ficticio, uno entrena para algo que no sabe si va a pasar, pero, si no te pones un objetivo, no entrenas con un fin".

    En teoría, la disciplina tiene en agenda el Sudamericano en diciembre y el Preolímpico en enero, aunque aún no hay precisiones de que se hagan y, lo que es más importante, cuál sería la sede.

    Además, un rebrote de COVID-19 en Japón pone otra vez en duda los Juegos Olímpicos.

    "Si te digo que superé lo de los Panamericanos te miento, creo que no voy a superarlo nunca. Me marcó y lo pienso todavía sin poder sacarme el dolor de arriba. Estoy con tratamiento psicológico y creo que, en gran parte, lo estoy logrando porque hace unos meses no me veía remando de nuevo y hoy ya superé mi marca de Lima", celebra Marcos, quien espera una revancha sacando fuerzas de donde sí tiene.
    Etiquetas:
    Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio 2020, Juegos Olímpicos
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