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    RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — El valle de Jequitinhonha está en el imaginario colectivo de muchos brasileños como uno de los rincones más pobres del país. Situado en el estado de Minas Gerais (sureste), esta región castigada por la sequía padeció hambrunas hasta hace pocos años y cargó con el estigma de ser el 'Valle de la Miseria'.

    La situación no es la misma que hace unas décadas, y al sacudirse el estigma de la pobreza el valle empezó a desvelar la potencia de su cultura popular: cánticos, poesías, rezos, danzas, juegos y hasta formas de cuidar del parto ligadas a la tradición oral y que ahora Brasil está descubriendo, paradójicamente, gracias a la pandemia.

    En Jequitinhonha, la mayoría de hombres deja el valle entre abril y mayo para la cosecha de la caña del azúcar y el café en regiones vecinas. Las mujeres se dedican a la pequeña agricultura o a la artesanía, y venden sus productos en ferias locales, pero la pandemia no lo está poniendo fácil. Casi sin buscarlo, ahora algunas de ellas se ganan el sustento con otra cosa que también saben cultivar muy bien: el arte de la poesía.

    Marli de Jesus Costa, de 41 años, se dedica a tejer y a teñir telas, pero desde niña canta los versos que escucha de toda la vida en su aldea. "Es una tradición familiar. Aquí en este pueblo viene de mi tatarabuelo, que lo trajo de Portugal. Era un hombre muy rico que acogía a los necesitados y a los negros que huían de las casas de sus amos. Los cantos de mi familia son esa mezcla con los cánticos negros", comenta en una entrevista con Sputnik.

    Jogar verso (lanzar verso), como se dice en Jequitinhonha, es una tradición que se mantiene en las celebraciones de la cosecha, en fiestas de nacimiento o en cualquier evento importante de la comunidad. Los presentes en la "roda" cantan juntos un estribillo y cada componente "joga" un verso diferente. Pueden ser improvisados o clásicos, de bem-querer (más amorosos) o de desafío (para retar al rival).

    Versinhos vía Whatsapp

    Marli de Jesus Costa se dedica a tejer y a teñir telas
    © Foto : Érika Riani
    Marli de Jesus Costa se dedica a tejer y a teñir telas

    Ahora, medio mundo puede acceder a la riqueza inmaterial de Jequitinhonha. Como una forma de complementar su renta, las mujeres aceptan encargos personalizados por Internet. Tan solo hay que mandar un e-mail dando cuatro pistas sobre la persona a la que se quiere dedicar el poema, para estimular la imaginación de las versadeiras. El precio es simbólico (unos cuatro dólares) y el resultado llega al cabo de unos días vía audio de WhatsApp.

    En la poesía cantada las mujeres incluyen en las rimas el nombre de la persona a la que va dedicado el versinho y el de la persona que lo encargó, en medio de delicadas referencias que pueden incluir desde el romero que crece a la orilla del agua, hasta el armadillo que sale de su madriguera en noches de luna llena o el colibrí que se posa en un girasol. Quienes lo reciben se emocionan profundamente.

    "Es muy gratificante. Yo me emociono mucho haciéndolos, hay gente a la que le emociona mucho. Muchos lloran y nosotras acabamos llorando también", confiesa divertida Marli, quien compone todos los días, un ratito por la mañana y otro por la tarde, e intenta adaptarse al máximo a cada encargo.

    Los versos han llegado a personas que salieron del hospital tras superar el COVID-19, a niños enfermos de cáncer o a ancianos que viven solos en casa. Marli asegura que lo más difícil es cantar para personas que pasan por una depresión. "Tienes que tener el doble de cuidado con las palabras, hay que hacer los versos de forma que la persona se anime", dice.

    La implicación emocional es inevitable: "Una vez canté para una embarazada que quería anunciar el embarazo a través del verso. Me esforcé mucho en crear un universo a medida, pero la mujer perdió el bebé y tuve que hacer otro. Fue muy difícil, muy doloroso", recuerda.

    Un éxito inesperado

    Marli de Jesus Costa
    © Foto : Érika Riani
    Marli de Jesus Costa

    En apenas unos meses, las mujeres de Jequitinhonha han enviado por todo Brasil casi 3.000 "versinhos do bem querer". El dinero recaudado ha sido clave en estos meses de pandemia y ha ayudado a muchas familias de las siete comunidades del valle. Él éxito ha sido tal que a veces su página web avisa que durante unos días no se aceptarán nuevos pedidos. Las creadoras necesitan descansar para cantar con alegría. No es una producción en serie.

    La acogida popular ha sido una sorpresa, porque el proyecto empezó casi como una broma y se hizo grande con el boca a boca, como recuerda Viviane Fortes coordinadora de la organización no gubernamental Ajenai e impulsora de la idea. "Estas mujeres son muy fuertes, cada una tiene una energía diferente, y también la reciben de vuelta. Ha tocado mucho a la gente, está siendo como un bálsamo", comenta a Sputnik.

    Ajenai nació en 1999 de la mano de varios líderes vecinales de Jequitinhonha con diversos proyectos que rescatan y ponen en valor los saberes tradicionales, dejando que sean las propias comunidades las que tomen la iniciativa y lideren el proceso. Sin paternalismos. "Es importante salir de ese lugar de víctimas de la pobreza, verse como personas potentes, que tienen saberes muy importantes para Brasil y para la cultura brasileña", remarca Viviane.

    Marli y el resto de versadeiras están muy contentas con toda la repercusión, y con el hecho de que el antiguo "Valle de la Miseria" ahora esté presente en las casas y en lo más íntimo de muchos brasileños. "Sabía que esto iba a impactar mucho a la gente", resume satisfecha.

    Etiquetas:
    poesía, mujeres rurales, COVID-19, pandemia de coronavirus, Brasil
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