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    La educación a distancia impuesta como alternativa durante las cuarentenas adoptadas en la pandemia de COVID-19 se enfrentó a la improvisación de todo el planeta para implementarla de manera universal. Descontentos con la situación en Chile, estudiantes de diversas universidades decretaron paros virtuales que ya duran semanas.

    El 14 de marzo, tras la declaración de etapa 3 de la pandemia en Chile, que en horas pasó a etapa 4, los rectores Ennio Vivaldi, de la Universidad de Chile, e Ignacio Sánchez, de la Universidad Católica, informaron a sus respectivas comunidades universitarias de la suspensión de clases presenciales en todas sus facultades a partir del lunes 16 de marzo.

    Una medida a poco andar fue implementada en todas las universidades del país. Inicialmente se consideró transitoria, pero finalmente transformaría las cátedras online en la manera permanente de impartir los cursos durante todo el primer semestre del 2020.

    "A mí no me gustan las clases en línea, siento que empezaron como una idea que en la teoría suena muy bien, pero en la práctica no es tan así", evalúa en diálogo con Sputnik Valentina Zambrano, del cuarto año de periodismo de la Universidad de Chile.

    La experiencia ha resultado compleja. Los profesores tuvieron que adecuar los contenidos al formato virtual, a pesar de que los cursos estaban diseñados para su entrega presencial. "El desafío es traspasar los conocimientos que se hacían en el aula", señala a Sputnik Alejandra López, docente de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Católica.

    Para la profesora, "realizar actividades asincrónicas y sincrónicas del proceso de aprendizaje implica mayor preparación para la realización y entrega de los ejercicios esperados, lo que no se siempre fue ideal debido a lo inesperado de la contingencia y su prolongación".

    "Te programabas para dos semanas, luego un mes y llevamos todo un semestre, es decir la planificación se ha visto alterada por la contingencia diaria", observa.

    Por su parte, los estudiantes también tuvieron que adaptarse, aunque no contaran con los recursos necesarios. "Yo, por suerte, debo agradecer que tengo el espacio para tener clases en línea y tengo la indumentaria necesaria, pero muy básica, es decir, computador, internet y un espacio, pero obviamente que no son las mejores", apunta la joven Valentina.

    "El tema clave es la brecha digital que nos habla de las desigualdades que tiene varios de mis estudiantes, porque no basta con tener un teléfono celular o un plan de internet, sino de condiciones adecuadas para estudiar y recibir los conocimientos", remarca la profesora López.

    Insatisfacción y ansiedad

    Una encuesta realizada entre mayo y junio por la Escuela de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile reveló que el 80% de los estudiantes de educación superior nunca había tomado un curso virtual antes de esta pandemia. Según el mismo sondeo, el 81% de estos estudiantes considera que están recibiendo una educación de peor calidad.

    Para Catalina Magaña, vocera de la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech), la adaptación curricular de clases presenciales y clases remotas ha sido fallida. "Deberían haberse creado planes de verdad que fueran para clases remotas, porque no se ha logrado el objetivo", declara.

    De hecho, la misma encuesta también reveló que el 60% del estudiantado declara estar insatisfecho con la respuesta institucional frente a la crisis, mientras que un 47% dice que su casa de estudios se ha preocupado por asegurar que los estudiantes cuenten con los recursos mínimos.

    "Siento que las clases en línea en la práctica no todos saben llevarlo de la mejor manera y esto no es una responsabilidad, que sea culpa de los profes, porque los profes tampoco, nadie estaba preparado para esta situación. Pero claro que a nivel del Instituto había gente que debió haberse hecho cargo de ciertas cosas, por ejemplo, el tema de la accesibilidad del Internet, el tema de la accesibilidad de equipos y cosas así, y se hizo tarde", opina Valentina Zambrano.

    Este ajuste curricular de las universidades frente a la crisis sanitaria, para Catalina Magaña, también se ha transformado en un agobio académico "que nadie entiende nada, es un desorden tremendo, tanto para los docentes como para los estudiantes, y que al final nos tienen a ambos, profes y estudiantes, con niveles de estrés superelevados, con cuadros de ansiedad también, y que esto obviamente desencadenan temas de salud mental", detalla la vocera y estudiante de pedagogía en Inglés.

    Una paralización invisibilizada

    Junto con las cifras de insatisfacción en la calidad de la educación, a la improvisación y falencias de las respuestas de las universidades en estos tiempos de pandemia, la Confech, también apunta a otros problemas que deben afrontar los y las estudiantes, y que han motivado a diversas comunidades universitarias a declarar paros virtuales de las clases a distancia, la que en algunos casos lleva semanas.

    Problemáticas como el financiamiento, que han ido en desmedro de la educación superior, con pérdidas, o falta de entregas de becas a los estudiantes, la reducción de sueldos o despidos de trabajadores, y frente a la crisis, la imposibilidad de muchos estudiantes de pagos de aranceles.

    También las repercusiones en la salud mental, producto del confinamiento y de las condiciones en que se imparten las clases, y de las distintas realidades socioeconómicas de muchos estudiantes, son parte de las preocupaciones planteadas por los alumnos que los ha llevado a movilizarse.

    "El tema de salud mental también se descompone en el tema del agobio, de la ansiedad con lo que va a pasar con el semestre y también pensando en el primer punto que es el tema del financiamiento, del agobio de estar debiendo las cuotas, no saber si te vas a poder matricular el segundo semestre", puntualiza Magaña.

    Según información recabada por la Confech, en base a lo entregado por distintos centros de alumnos, hoy están en paro general la Universidad de Talca (Campus Talca y Curicó); la Universidad de Santiago (Usach); la Universidad de Playa Ancha de Valparaíso: la Universidad Católica del Norte (Campus Antofagasta); la Universidad Arturo Prat de Iquique y la Universidad Autónoma, las que suman a más de 86.000 estudiantes de pregrado.

    En el caso de la Usach, en la última votación realizada el miércoles 1 de julio, la paralización federada de los estudiantes se revalidó, por una semana más, con una aprobación del 83%, con tu total de votantes que sumo de 10.248 estudiantes.

    Además, en otras 10 casas universitarias existen algunas escuelas que han paralizado sus actividades, como es caso de la Universidad de Chile, que tiene las carreras de Salud, Ciencias y el Instituto de Comunicación e Imagen (Periodismo y Cine), que suman 17 casas de estudio con paros, además de institutos profesionales y de formación técnica que no están contabilizados en estas cifras.

    La presidenta interina de la Federación de Estudiante de la Universidad de Chile FECH, Emilia Schneider, explicó que los motivos principales que están generando estas movilizaciones, que tiene que ver justamente con el acceso, en términos materiales, a la educación, asumiendo las mencionadas brechas digitales, y segundo lugar tiene que ver con "la incertidumbre que genera la educación online en términos pedagógicos, en términos educativos propiamente tal".

    Discusión que para la representante estudiantil la tiene aún pendiente, "porque hoy día también hay muchas carreras que se encuentran paralizadas porque no le encuentran un sentido a este semestre online".

    ¿Qué dicen las autoridades?

    Algunas autoridades universitarias señalan desconocer el detalle de los petitorios, como lo expresó en un comunicado a la comunidad universitaria el rector de la Usach, Juan Manuel Zolezzi. Sin embargo, llama a generar un dialogo para encontrar soluciones.

    "A contar del día martes 30 se iniciará la cuarta semana de paralización estudiantil y aún no hemos podido tener las instancias de diálogo y de trabajo sobre las inquietudes estudiantiles, fundamentalmente por la ausencia de un Documento-Petitorio", informa.

    "Reitero que la voluntad de todas las autoridades y de la comunidad es encontrar soluciones para mejorar las clases virtuales en tiempo real, situación a la que nos obliga la pandemia para cuidar a la comunidad de nuestra Universidad y sus hogares. Todas las unidades académicas han hecho esfuerzos y se han generado diálogos en distintos niveles para mejorar las condiciones de la docencia adaptándose a cada disciplina", completa el comunicado.

    Para Emilia Schneider, a quien le ha faltado un liderazgo ha sido del Ministerio de Educación para orientar la educación en Chile, "que hoy por hoy está intentando funcionar como si nada, intentando mantener lo más posible la normalidad que no es real, que nadie percibe como real y el agobio se empieza a sentir entre los y las estudiantes, pero también entre docentes y trabajadores de la educación".

    Frente a los puntos planteados por los estudiantes las autoridades políticas solo se han referido al de financiamiento, a través de un proyecto de ley que está siendo debatido en la Cámara de Diputados. Un proyecto en que se le solicita a las instituciones de educación superior "elaborar un plan de medidas extraordinarias" en el ámbito económico y académico para estudiantes que vean afectada su situación por la pandemia.

    Como dato, ya en abril, la Universidad Católica señalaba que era un hecho que la deuda estudiantil iba a crecer. El rector de la casa de estudios reconocía que la pandemia traería consigo un aumento importante en la morosidad de los alumnos. Solo en el mes de marzo, el retraso de los pagos en esa universidad había aumentado un 22% respecto del mismo período de años anteriores.

    Lo cierto es que, dentro de las principales demandas de las federaciones, como lo explica Magaña, ha sido la ampliación de la gratuidad, nuevos procesos para poder postular a becas y beneficios del Estado, "entendiendo que ha cambiado la situación de los y las estudiantes que no todos hemos podido solventar los diversos gastos que tenemos en educación, todo ha cambiado, y eso no lo han entendido".

    Esto porque, si bien, inicialmente el proyecto estipulaba que el Ministerio de Educación debía abrir nuevos plazos de postulación a la gratuidad para el segundo semestre, esto fue rechazado por del Gobierno y el oficialismo en la Comisión de Hacienda, por lo que la esta propuesta fue eliminada.

    Frente al descontento de los estudiantes y a la falta de respuestas concretas de las autoridades centrales, Catalina Magaña explicó sigue en discusión la posibilidad de votar un paro nacional, medida que se definiría este sábado 11 de julio.

    "Pensando también en un probable llamado a no comenzar el segundo semestre, no están las condiciones, el Gobierno se ha cerrado tajantemente a escuchar las demandas de la gente, gobierna por allá arriba sin escuchar a nadie, sin interesarse en nadie más que los bancos y en las empresas y ha dejado desprotegida a la ciudadanía en general, entonces estamos viendo que no se están dando las condiciones de nada", remata la vocera.

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