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    A ojos de medio mundo, el contagio de Jair Bolsonaro con COVID-19 puede ser obra del karma, tras haber minimizando los riesgos de la enfermedad y de una cuestionada gestión que no logró impedir la muerte de más de 65.000 brasileños. Pero desde la óptica del juego político en Brasil, el mandatario podría marcar un nuevo tanto.

    El líder ultraderechista podría usar el contagio a su favor. Si todo le va bien, a partir de ahora él mismo será la encarnación del argumentario que viene defendiendo desde el inicio de la pandemia: el virus no es más que una "gripecita", se pasa en unos días, no hay que exagerar. Le puede servir incluso para demostrar que la hidroxicloroquina "funciona". Lo primero que hizo tras confirmar que estaba infectado fue decir que ya se había tomado el primer comprimido.

    La llegada del virus al cuerpo del líder brasileño no le ha movido un ápice de sus posiciones iniciales. Sigue siendo el mayor embajador del controvertido medicamento y sigue restando importancia a la enfermedad, que ve como algo inevitable.

    "Todo el mundo sabía que [el virus] tarde o temprano iba a afectar a una parte considerable de la población. Yo, por ejemplo, si no me hubiera hecho el examen no sabría el resultado, ¿no? Y acabó de dar positivo. Dio positivo", dijo. En otro momento también aseguró que el coronavirus es como "una lluvia", afecta a casi todos. Puede que a "algunos" no.

    Nada de autocrítica por las continuas aglomeraciones que provocó en los últimos meses, por sus selfies y abrazos con simpatizantes, o por su aleatorio uso de la máscara. Según dijo, su "actitud dinámica" puede haberle expuesto más al virus, pero es que a él le gusta estar "en medio del pueblo". Ninguna palabra sobre las personas a las que podría haber puesto en peligro.

    "La vida continúa"

    Bolsonaro revistió el anuncio de su contagio con sus recurrentes críticas al resto de autoridades por no haber calibrado el impacto en la economía que tendrían las medidas de aislamiento social: "La vida continúa. Brasil tiene que producir. Tienes que poner la economía en marcha. Algunos decían en el pasado, criticándome, que la economía se recupera, la vida no. Mira, eso es una verdad absoluta. La vida ya sé que nadie la recupera, pero si la economía ni funciona lleva a otras causas de muerte, de suicidio en Brasil. Eso se olvidó completamente", dijo.

    Bolsonaro pasará los próximos días en su residencia oficial, el Palacio de la Alvorada, rodeado de los mejores médicos y los mejores cuidados. Si no hay ningún contratiempo se recuperará (como la gran mayoría de enfermos de COVID-19) y posiblemente seguirá cargando contra sus rivales, los alcaldes y gobernadores que se han empeñado en "destruir la economía" con sus "exageradas" restricciones. Es el guión que ya se vislumbra en medio de todo el revuelo.

    Al principio de la pandemia Bolsonaro ya estuvo en el punto de mira por un supuesto contagio. Acababa de volver de un viaje oficial a Miami. Más de 20 miembros de su comitiva se habían contagiado, entre ellos algunos ministros muy próximos. Bolsonaro dijo que se había hecho los test y que dieron negativo. Las dudas aumentaban al tiempo que el Gobierno hacía todo lo posible para no mostrar los resultados oficiales. Bolsonaro recurrió en todas las instancias legales, hasta que el Tribunal Supremo le obligó a mostrarlos. Al final resultó que era verdad, los test dieron negativo.

    No deja de ser curioso que en aquella ocasión, con los resultados negativos, Bolsonaro batallara ferozmente en defensa de su privacidad. Ahora, con un positivo y cuando el desgaste para su imagen podría parecer más obvio, no tuvo problemas en convocar una rueda de prensa y contestar tranquilamente a todas las preguntas. No es casual.

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