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    MONTEVIDEO (Sputnik) — "Somos una sola ciudad, es imposible limitar el movimiento", describe Miguel López, subgerente de uno de los tantos "freeshops" (comercios libres de impuestos) ubicados en la frontera entre Brasil y Uruguay, al ser consultado por Sputnik sobre cómo el coronavirus ha afectado a la rutina de muchas personas del lugar.

    Son poco más de 1.000 kilómetros de frontera seca que corren de noroeste a este, y que tiene cuatro puntos neurálgicos en donde la vida es binacional: Artigas, en Uruguay, la comparte con Quaraí, en Brasil; Rivera lo hace con Santana do Livramento; Río Branco con Jaguarão; y Chuy con su casi homónimo Chui.

    Cruzar de un país a otro era un acto cotidiano hasta la aparición del coronavirus, y ambas culturas han encontrado a lo largo de la historia dos puntos en común: el comercio y el carnaval.

    "He visto noticias que han comentado que acá (en Chuy) está lleno de gente y vendiendo como nunca, pero la realidad es que bajó el 50% la venta y, si no fuera por el Gobierno, que nos apoya con el seguro de paro para los funcionarios, no habría forma", afirma López.

    Shopping China, con locales en Chuy y Rivera, y una planta original de 90 empleados, que por la pandemia bajó a 22, es uno de los tantos comercios libres de impuestos a los que el COVID-19 viene condenando hace casi cuatro meses.

    "Rivera y Chuy viven de los freeshops y, si bajan las ventas, eso mata a todos los negocios. Estamos con el tema del crecimiento de casos en Brasil y nosotros gracias a dios la tenemos controlada pero eso es porque tenemos medidas de prevención", afirmó el subgerente de 44 años.

    Trabajos en peligro

    Rodrigo Fraga es abogado en Artigas, donde nació, y peluquero en Quaraí, donde vive, al igual que otros 5.000 artiguenses. Cruzar el puente de la Concordia es, para él, algo de todos los días. Ahora debe atravesar tres puestos de control: de documentos, de aduana y sanitario.

    "El transito es lo que cambió en mi vida", dice ofuscado, "hace 20 minutos que entré al puente, que tiene un kilómetro y por lo general lo haces en un minuto, y ahora me tardo 45".

    El hombre de 34 años coincide con López: "Acá es una cosa sola, siempre vivimos como si fuese un país solo por mas que haya un puente que separa".

    Su trabajo en Uruguay se reactivó hace un mes, cuando reabrieron los juzgados, y ahora trabaja con una agenda marcada por dos problemas que se volvieron centrales durante la pandemia: la violencia de género y los juicios laborales.

    Pablo Mieres, ministro de Trabajo y Seguridad Social del Uruguay, admitió que el país está ante "la mayor crisis de empleo después de la Segunda Guerra Mundial". El subsidio por desempleo, a datos del 16 de junio, ya le costó a las arcas públicas 181 millones de dólares y el Gobierno ya anunció que el beneficio que solicitaron unas 200.000 personas se extenderá hasta mediados de julio.

    Carnaval

    Cerca de 5.500 personas participan todos los años del carnaval artiguense, que emplea a unas 2.000 personas y genera dividendos por 12 millones de pesos (285.000 dólares) cada febrero.

    Sin embargo, el coronavirus pone en riesgo su realización el año que viene.

    "La pandemia está complicando toda la actividad. No se puede juntar gente para hacer beneficios, ensayar y esas cosas, y eso ya implica una gran molestia", reconoce a esta agencia Néstor Suárez, tesorero de la Federación de Escuelas de Samba (Fedesa), que organiza el evento. "Imagino un carnaval con restricciones, hay que ver cual va a ser el aporte municipal", añade.

    La partida de dinero oficial se hace vital, dado que aún no se pudieron cobrar los subsidios de la edición 2020.

    "La región sufriría un impacto fuerte no solo en lo cultural sino en lo económico, porque es mucho dinero para la ciudad y el departamento de Artigas", analiza José Moscardi, presidente de Fedesa.

    El hombre de 47 años reconoce que es complejo imagina un protocolo para una fiesta que, por lo general, se basa en cuestionar lo establecido y bailar hasta dormirse.

    "Si lo tuviéramos que hacer hoy no habría cómo porque es inviable mantener la distancia entre personas, pero estamos con la expectativa de que se normalice y que el carnaval corra con normalidad", afirmó.

    Los 170.000 que viven en Uruguay y los 140.500 que lo hacen en Brasil, o mejor dicho los más de 310.000 que habitan este enclave social, no hacen otra cosa que desear lo mismo: un retorno a la normalidad que les devuelva su vida binacional.

    Etiquetas:
    COVID-19, fronteras, Uruguay, Brasil
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