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    LA PAZ (Sputnik) — El año 5528 comenzó casi en silencio, con una celebración que lindaba en lo clandestino, y culminó alborotado por un estruendoso petardazo, mitad protesta mitad celebración.

    No fue ciencia ficción, sino pura realidad; no ocurrió en un remoto mundo allende la Vía Láctea, sino en el Corazón de Sudamérica, como gusta a los bolivianos llamar a su país, que vivió el domingo un insólito primer día del Año Nuevo Andino Amazónico, más conocido como "año nuevo indígena".

    El nuevo coronavirus redujo las celebraciones a pequeñas y dispersas ceremonias de madrugada para dar la bienvenida al Padre Sol en el día del Solsticio de Invierno del hemisferio sur, pero luego los sucesos en torno a las elecciones generales pendientes parecieron cambiar el ánimo predominante en el país.

    "No importa que hayamos sido pocos en la bienvenida, porque el Sol igual ha vuelto con toda su energía y buen augurio para todos. Al final del día vimos que el año comenzó con buen pie, con la confirmación de las elecciones", dijo este lunes a Sputnik el yatiri (sacerdote aymara) Paulino Mamani.

    Mamani presidió una celebración de bienvenida al año nuevo "originario" en El Alto, en el borde de la planicie altiplánica donde comienza o termina la hoyada de La Paz.

    "Allí nos reunimos para recibir los primeros rayos del sol del domingo, y volví en la noche para apreciar el espectáculo de fuego y ruido retumbante de los petardos. Todo fue espectacular", relató el yatiri de 72 años.

    Rito ancestral

    La celebración del año nuevo indígena es uno de los ritos más importantes de los pueblos originarios, en particular los andinos, que preservan sus devociones al Tata Inti (Padre Sol) y a la Pachamama (Madre Tierra) aun después de haber sido cristianizados por la colonización española.

    El expresidente indígena Evo Morales (2006-2019), que la declaró feriado nacional, fue el principal ausente de la conmemoración de este año, disminuida tanto por el evidente desinterés del derechista Gobierno transitorio de Jeanine Áñez como por la emergencia sanitaria ante la pandemia de COVID-19.

    En las ruinas de la cultura preincaica y precolombina de Tihuanacu, donde en los pasados 15 años se realizaron las masivas ceremonias de la también llamada fiesta de Willka Kuti (retorno del sol), al salir el sol el domingo había apenas una veintena de yatiris, autoridades comunitarias y vecinos, según medios locales.

    Allí, como en el rincón alteño a donde llegó Mamani y en decenas de sitios ceremoniales al aire libre del país, los yatiris encendieron fogatas en las que quemaron fetos de llamas y ofrendaron licores y dulces a las deidades andinas y a sus antepasados.

    No hubo las habituales transmisiones en vivo de la televisión estatal, desde decenas de puntos de celebración en todo el país, sino solo reportes privados en las redes sociales sobre la bienvenida al año 5528.

    ¿Por qué este año? Es lo que resulta de sumar los 528 años transcurridos desde el "descubrimiento" de América por Cristóbal Colón, en 1942, a los 5.000 años que la tradición aymara calcula como duración previa de las culturas originarias.

    El estruendo

    En un domingo bajo cuarentena, y en algunos casos en régimen de bloqueo total, el Willka Kuti parecía llamado a pasar sin mayor pena ni gloria hasta que el petardazo, en todo el país pero con marcado fuerza en La Paz y El Alto, trajo de vuelta la realidad política.

    La tercera manifestación de este tipo en las últimas semanas, que había sido convocada con anticipación por grupos afines al Movimiento Al Socialismo (MAS) para exigir elecciones generales, coincidió a partir de las 19:00 hora local (23:00 GMT) con el anuncio de la promulgación de la ley para esos comicios.

    Áñez dijo a esa hora por televisión, admitiendo haber sido doblegada por la presión del MAS desde el parlamento, otros partidos y el Tribunal Electoral, que había decidido firmar la ley que dispone que esas elecciones, en suspenso desde mayo por la pandemia, se realizarán el 6 de septiembre.

    "El petardazo era de protesta y al final era también celebración: en la noche del domingo gritaron los que pedían elecciones y callaron los seguidores de Áñez. Solo un episodio, sí, pero muestra la polarización nacional acentuada por la política y la pandemia", dijo a esta agencia el politólogo Gonzalo Balcázar.

    La presidenta, quien es también candidata, no ocultó su enfado por tener que firmar la ley que había rechazado enfáticamente en los días previos, advirtiendo que Morales, el candidato masista Luis Arce y el también expresidente y candidato Carlos Mesa (2003-2005) serían responsables de un eventual agravamiento de la crisis sanitaria.

    "Asuman con valentía la responsabilidad que tienen al haber exigido con tanta insistencia que haya elecciones en plena pandemia", les exigió.

    El Tribunal Electoral celebró la promulgación de la ley, anunció que emitirá esta semana la convocatoria formal a los comicios y adelantó que la campaña proselitista sería abierta en la segunda quincena de julio.

    Sobre la pandemia, cuyo máximo impacto el Gobierno sorpresivamente ahora prevé ya no para julio sino para septiembre, el TSE aseguró que será enfrentada con las máximas medidas de bioseguridad.

    Etiquetas:
    pandemia de coronavirus, COVID-19, elecciones, pueblos indígenas, aymara, elecciones, Bolivia
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