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    MONTEVIDEO (Sputnik) — El alerta inicial por la pandemia del COVID-19 parece haberse detenido antes de tiempo en la mayoría de los países de Sudamérica, protagonistas de una repentina y algo desordenada apertura tras casi tres meses de aislamiento preventivo.

    El último día del año pasado, China presentaba al mundo el nuevo coronavirus y se convertía en el involuntario pionero del combate de una enfermedad que demoraría unos 20 días en llegar a Europa y EEUU y casi dos meses en alcanzar la región.

    Sudamérica, al principio escéptico de poder contagiarse, intentó imitar a las autoridades sanitarias asiáticas. Así, presidentes, ministros y gobernadores equiparon amplios espacios, como gimnasios o centros de exposiciones, para contener una posible ola de contagios que colapsara la capacidad en hospitales y sanatorios.

    Pasaron 99 días entre el primer positivo registrado en Wuhan (sureste de China) y la apertura general de la cuarentena, que marcó el retorno a la normalidad en el lugar de origen de la pandemia. El confinamiento un poco menos que en España (113 días) e Italia (111 días), países donde el COVID-19 hizo estragos.

    Sin embargo, en los tres casos, la apertura social se decidió recién a los dos meses del pico de contagios, que en China ocurrió el 16 de febrero, en España el 26 de marzo y en Italia el 21 del mismo mes. Época en la que, además, comienzan a subir las temperaturas.

    A su vez, la curva de contagios en los principales países de Sudamérica fue en franco ascenso en la última semana, incluso marcando récords negativos que atraen la mirada de todo el mundo, y que preocupa, entre otros, a la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

    "No tenemos datos que muestren que la temperatura o la humedad influyan en la propagación del COVID-19, pero sí sabemos que el invierno alimenta las infecciones respiratorias, como la gripe estacional y la neumonía, que pueden propagarse rápidamente en climas más fríos y a medida que más personas se reúnen en el interior para resguardarse de las temperaturas bajas", expresó Carissa Etienne, directora del organismo.

    Nueva normalidad

    Brasil es el gran problema de Sudamérica. No sólo por lo que ocurre fronteras adentro, donde la cantidad de muertos (38.701) esta semana superó a Italia (34.114), luego de dejar atrás a España (27.136) y China (4.634).

    En suma, la cantidad de contagios (747.561) es mayor a la que registraron esos tres países juntos (560.775).

    En la actualidad, Brasil es el tercer país del mundo con mayor cantidad de contagios, detrás de Reino Unido y Estados Unidos, y una influencia de riesgo para los países limítrofes, en especial Paraguay, Uruguay y Venezuela.

    El Gobierno que preside Jair Bolsonaro decidió modificar la forma en la que cuenta contagios y muertes, de manera tal que se omitieran datos reales, pero la justicia de ese país hizo volver las cosas atrás.

    Así y todo, tras más de 100 días de cuarentena, aunque con jornadas donde la cantidad de muertos supera el millar, Brasil decidió el miércoles la reapertura de los centros comerciales en la ciudad de Sao Paulo, capital del Estado que el mismo día registró 340 muertes, el máximo número desde el inicio de la pandemia.

    Por su parte, Ecuador, país cuya pobre gestión frente a la pandemia dio la vuelta al mundo, sigue registrando cientos de casos diarios y tiene más de 3.600 personas fallecidas por COVID-19, cifra a la que hay que sumarle casi 2.500 personas cuya muerte es probable que haya ocurrido por la enfermedad.

    No obstante, varias ciudades, entre ellas Guayaquil y Quito, las más afectadas por el COVID-19 en el país, reabrieron algunas actividades, tras dos meses de la cuarentena decretada para frenar el avance de la pandemia.

    Chile, Bolivia y Argentina también superaron los récords de positivos en la última semana.

    Argentina, incluso, ha batido su propia marca de un día al otro hasta llegar el martes por primera vez a superar los 1.000 contagios diarios.

    Ese mismo día, parques y plazas de la ciudad de Buenos Aires se vieron abarrotadas de personas que, aprovechando la flexibilidad otorgada por las autoridades municipales para la práctica de ciclismo, footing o running, de 20 a 08 horas, salieron en masa a la calle, lo que disparó el alerta del Gobierno Nacional.

    "La velocidad de contagios que tenemos hoy es la más alta que hemos tenido desde el día cero, por lo cual tendríamos que estar en la fase uno; la fase uno sería la cuarentena absoluta, pero ocurre que hay una prédica y una ansiedad en muchos sectores, que es legítima, y que piden levantar la cuarentena y eso multiplica el riesgo", se resignó el presidente Alberto Fernández en declaraciones que publica la agencia oficial Télam.

    Perú, quizás el caso más extraño de todos, superó esta semana los 200.000 contagios a pesar de ser la primera nación de la región que decidió un confinamiento obligatorio, hace casi tres meses.

    Chile ya tuvo que corregir sobre la marcha y volver a dictar una cuarentena luego de flexibilizarla y algunos municipios de Argentina hicieron lo mismo.

    Con este panorama, los números de los próximos días serán clave para los Gobiernos de Sudamérica. Justo antes de que empiece el invierno.

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