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    Pablo Escobar lleva 27 años muerto. Detrás del controvertido personaje había una mujer, que dejó hasta el nombre por él, y dos hijos. Hoy, María Isabel Santos y su hijo son acusados de participar en maniobras de lavado de activos, y deberán enfrentar a la Justicia argentina, país donde residen. ¿Quién es, entonces, María Isabel?

    No se llama María, o solía llamarse Victoria. Victoria Eugenia Henao Vallejo se convirtió en María Isabel Santos Caballero cuando, tras la muerte de Pablo Escobar, la viuda y sus hijos resolvieron hacer una vida nueva y dejaron Colombia para vivir en Argentina. 

    Hoy, tiene 59 años y enfrenta junto a su hijo mayor un juicio por lavado de activos en el país rioplatense. Juan Sebastián Marroquín Santos también es un nombre otorgado por las autoridades colombianas, pero la Justicia argentina lo acusa llamándolo por el de nacimiento: Juan Pablo Escobar Vallejo.

    El juicio

    Ambos fueron vinculados con operaciones de narcotráfico lideradas por el empresario colombiano José Piedrahita Ceballos y el argentino Mateo Corvo Dolcet, a cambio de sumas de dinero que se estiman en 101.950 dólares, según consta en el expediente judicial recogido por el diario argentino La Nación. 

    Llevado adelante por el juez federal de Morón, ciudad de la provincia de Buenos Aires, Néstor Barral, y basados en declaraciones de Piedrahita Ceballos, detenido en Estados Unidos, se responsabiliza a la viuda e hija de Escobar de haber vinculado a ambos empresarios y de ayudar en la administración del blanqueamiento del dinero ilícito

    Para la investigación, que comenzó en 2016, la viuda había hecho su declaración a través de un documento escrito. "Desde hace 35 años que no vivo con Pablo Escobar. Viví con él entre mis 15 y mis 22 años solamente. Hace 25 que él murió y vivo exiliada en este país hace 24. Entonces, llevo 35 años sin su presencia física, pero aún perseguida por sus actos", redactaba Santos Caballero en 2018. 

    La historia de ella

    La joven Victoria Henao Vallejos creció con su familia en la ciudad de Medellín, capital de Antioquía, noroeste de Colombia, donde más tarde Escobar consolidaría una de las organizaciones criminales de narcotráfico más importantes de la historia, conocida como el Cartel de Medellín.

    Tenía 12 años cuando se enamoró de Escobar, que le doblaba la edad, contó a la radio colombiana W Radio. A los 14 fue violada por él, quien la obligó luego a someterse a un aborto. A los 15, a pesar de la oposición de su familia, se casaron. Según ha reiterado incansablemente a la prensa, tardó muchos años en darse cuenta de las actividades delictivas en las que estaba involucrado su esposo.

    ​Su relación la había convertido en un ama de casa a temprana edad. Madre de su primogénito a los 16, y de Manuela, la última, a los 23, Henao Vallejos abandonó su juventud en pos de un hombre a quien ha calificado como "psicópata", pero de quien admite haber sido devota. 

    Los negocios ilícitos, las amantes de su esposo y la soledad diaria lograban atenuarse en la mente de la joven con el discurso imperante del líder colombiano, que afirmaba que todo lo hacía por su familia. Ella le creía. La violencia la asimiló después.

    "No sé cuántas mujeres en este mundo tenemos el poder de parar a los hombres. Las mujeres que amamos demasiado, o incondicionalmente, a veces pagamos precios muy altos, y uno de ellos es que no tenemos ni voz ni voto al lado de los hombres. Yo nunca lo tuve", había expresado en una oportunidad en entrevista con la agencia EFE. 

    Con su nombre real firmó Mi vida y mi cárcel con Pablo Escobar en 2018, libro en el que haría catarsis sobre su vida, y pediría, una vez más, perdón a Colombia. En los cientos de entrevistas que le hicieron por su obra, ambas palabras se repiten como pilares de su relato.

    Allí habla sobre lo que sabía de él, sobre lo que no. Allí devela cómo descubrió que esa relación sexual de sus 14 años fue una violación, que eso no era amor, que era violencia. Allí describe, también, el último adiós. Hacía nueve años que ya no vivían juntos, y "la muerte asomaba en la vuelta de la esquina", dice.

    "Él nos abrazó a cada uno y cuando le tocó despedirse de nuestra hija Manuela no pudo contener las lágrimas. Luego nos siguió con su carro hasta que tocó la bocina dos veces antes de girar a la izquierda y perderse en la oscuridad. Ahí pensé que nunca más nos volveríamos a ver. Como si la bocina nos hubiese enviado un mensaje: 'Adiós para siempre mi amor, adiós para siempre hijos míos'", recuerda en entrevista con el portal argentino Infobae. 

    Poco después, el 2 de diciembre de 1993, Escobar muere asesinado. La familia cambia su nombre y se traslada a Buenos Aires. Henao Vallejos se acostumbra a llamarse María Isabel mientras intenta "sepultar el Victoria Eugenia" y construir una coartada para evitar el estigma de ser la viuda de Escobar.

    ​"Me inventé un pasado. Y había que ensayarlo para no quedar en evidencia. Nadie debía saber que era la viuda de Pablo Escobar Gaviria", relata. 

    La culpa de la complicidad, que niega insistentemente cada vez que se la pregunta, no está, sin embargo, ausente. La comparte con su hijo mayor, arquitecto de profesión, quien colaboró activamente con el documental Pecados de mi padre, lanzado en 2010.

    Henao Vallejos había sido procesada por la Justicia argentina en 1999 por presunto lavado de activos, y estuvo presa durante un año y medio por ello. Finalmente, en 2005 fue sobreseída por falta de méritos. 

    Aunque el conflicto judicial que enfrenta en la actualidad le impide terminar de pasar página, Santos Caballero no ha parado de intentarlo, y sabe que para eso debe ser franca. Por eso escribió su historia, responde siempre todo, sin inmutarse, y sin enojo hacia la prensa. "Este libro me hace reencontrar, aunque sea por instantes, con aquella que fui y nunca más volveré a ser", dice casi como una promesa hacia sí misma.

    Etiquetas:
    narcotráfico, Argentina, Colombia, Pablo Escobar Gaviria, Juan Pablo Escobar, Pablo Escobar
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