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    Mientras el mundo se moviliza en rechazo al asesinato del estadounidense George Floyd en manos de la Policía, los países de América Latina conocen el fenómeno de cerca. Los crímenes de dos jóvenes afrodescendientes por policías de Colombia y Brasil son los antecedentes más cercanos, aunque hay más casos.

    La escalada de protestas en EEUU y todo el mundo por el asesinato del afroamericano George Floyd en manos de un policía de Minneapolis no oculta que el racismo también es un problema latinoamericano. En efecto, los países de la región registran varios casos de personas de la comunidad afro asesinadas por las fuerzas del orden, algunos bastante recientes.

    El caso más reciente es el del joven afrodescendiente Anderson Arboleda, de 21 años, quien falleció tras un incidente con la Policía en la localidad de Puerto Tejada, en el departamento del Cauca en el suroeste de Colombia, ocurrido el 23 de mayo. Según los medios, el joven intentó intervenir en una riña callejera y fue detenido por la Policía, que lo acusó de violar la cuarentena obligatoria. 

    De acuerdo a la denuncia de los familiares, algunos de los cuales presenciaron los hechos, agentes policiales golpearon al joven en varias oportunidades y hasta le rociaron gas pimienta en el rostro.

    Arboleda llegó a radicar una denuncia por la agresión que sufrió pero al regresar comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza. Finalmente fue diagnosticado con muerte cerebral y falleció dos días después.

    La muerte conmocionó al país e incluso activó una convocatoria a una marcha contra el abuso policial y el racismo en el país.

    Brasil, uno de los países más violentos contra los afrodescendientes

    Brasil es uno de los países con mayor violencia a la población afrodescendiente y en las últimas semanas vivió otro caso de un joven de esa colectividad asesinado en el marco de la acción policial.

    La víctima fue Joao Pedro Mattos Pinto, un adolescente de 14 años que murió el 18 de mayo tras ser baleado durante un operativo policial en la ciudad de Sao Gonçalo, en el estado de Rio de Janeiro. Según testigos, agentes de la Policía irrumpió disparando en la vivienda en la que se encontraba el joven.

    Luego de la balacera, la Policía no permitió que los familiares ingresaran a la casa y se llevaron el cuerpo en helicóptero. La familia recién pudo encontrarse con el cuerpo 17 horas después, cuando ya se le estaba practicando una autopsia. Según trascendió en medios locales, el cuerpo presentaba marcas de unos 70 disparos.

    El caso de Mattos Pinto no es aislado, sino que forma parte de un fenómeno racial que incluso supera al de EEUU. Según datos del Foro Brasileño de Seguridad Pública, 75,4% de las personas asesinadas por la Policía son afrodescendientes, cuando esta población representa el 55% del total.

    El informe estadístico de 2019 elaborado por la misma organización recoge un estudio académico elaborado por Daniel Cerqueira y Leandro de Moura en el que concluyen que las personas de raza negra tienen un 8% más de probabilidades de ser víctima de homicidio en Brasil. Este riesgo se multiplica entre jóvenes afrodescendientes, que llegan a tener 2,5 veces más posibilidades de ser asesinados.

    La muerte del joven Evans Taylor Joseph Williams sacudió a Nicaragua en septiembre de 2019. La víctima se ahogó en la bahía de la ciudad de Bluefields, tras solicitar ayuda en varias ocasiones a agentes que miraban desde la orilla. Según denunció la familia del joven, los policías le dieron una golpiza antes de que ingresara al agua y se burlaron de él en lugar de ayudarlo mientras se ahogaba.

    En 2018, el afrodescendiente colombiano Ricardo Alonso Lozano Rivas fue asesinado brutalmente en la ciudad mexicana de Tetela del Volcán, en el estado mexicano de Morelos. El hombre, de 33 años en ese momento, fue abordado por una multitud que lo sacó de su automóvil, lo llevó a una plaza pública, lo amarraron al asta de una bandera y lo golpearon hasta producir su muerte. El linchamiento fue presenciado por policías, que no actuaron para detenerlo.

    Si bien los imputados por el crimen alegaron que las agresiones obedecieron a que el hombre era prestamista, la familia del fallecido denunció que el hombre fue increpado por ser afrorescendiente y que se trataba de un asesinato basado en el racismo.

    Etiquetas:
    Colombia, Brasil, América Latina, racismo
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