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    QUITO (Sputnik) — Florencia Dávalos apenas tiene 28 años, pero ya lleva 6 como diseñadora. Con un equipo de 9 mujeres crea prendas para mujeres, inspiradas en el arte y en la música, utilizando la psicología del color para sus prendas y tratando de crear tendencia para que se consuma prendas hechas en Ecuador.

    Agnes Obel, The XX, Anne Brun, Florence and the Machine y la banda sonora de la película "Orgullo y perjuicio" son solo algunas de las inspiraciones musicales a las que apela para crear la moda que le ha abierto puertas no solo en su país, sino también en Panamá y República Dominicana.

    Durante sus años de estudios en España, Dávalos trabajó con pequeñas empresas de grandes diseñadores.

    Una de esas experiencias le enseñó a vivir en el mundo de la moda: trabajó con Nicolás Vaudelet, diseñador artístico destacado por sus diseños en las marcas más lujosas de Francia, quien pasó por el taller de Christian Lacroix, Christian Dior y ha vendido vestidos para Madonna.

    En lugar de quedarse en Europa, con la experiencia ganada, Dávalos retornó a Ecuador, creó su marca y puso su propio taller de diseño y confección.

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    Música y color

    Arte y música se conjugan en las creaciones de Dávalos. Los acordes alegres del tema Riverside, de Agnes Obel, por ejemplo, le sugieren la selección de colores.

    La filosofía de Dávalos es que sus prendas abracen la actitud de cada mujer, su forma de ser y la empoderen, por eso los cortes pueden ser utilizados por cualquier tipo de cuerpo.

    Para ella, la alegría puede reflejarse en el color tomate o amarillo; la seguridad, en el rojo; la calma en el azul.

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    ​La marca de esta joven diseñadora no sigue la tendencia de moda en el diseño.

    "Creemos en nuestro diseños y buscamos imponer una moda distinta, modular, de modelaje en maniquí", dice Dávalos a Sputnik.

    Cada prenda empieza con un boceto previo y se inicia el modelaje para ir armando la prenda con una tela e ir creando caídas y volúmenes.

    Las telas que se utilizan son de proveedores ecuatorianos y colombianos; son 100% naturales, pero también se usa poliéster reciclado y algunas bases de poliéster, como el neopreno.

    El proceso para la confección también es diferente. Una vez realizados los patrones y realizado el trabajo en el maniquí se pasa a papel y luego a una tela para hacer el prototipo y cuando este está perfecto empieza la parte de confección en tela escogida, para terminar en el perchado en tienda.

    Nueve mujeres, una familia

    Dávalos es la dueña del taller y de la marca, pero las 9 mujeres son un solo equipo.

    "Somos también exitosas porque yo no creo en tener diferentes roles de trabajo en cuanto a jerarquía para yo sentirme poderosa como dueña de empresa. Todas somos el mismo nivel: la jefa de taller, las costureras, las personas de marketing, yo… Si bien yo tengo la última opinión, todas tenemos opiniones de todo y estamos abiertas a compartir sobre los procesos creativos de cada una", dice Dávalos.

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    Y esa filosofía la confirma la jefe de taller, Jessica Maldonado.

    "Cuando yo llegué no sabía mucho porque me dedicaba a hacer peluches; todas nos hemos compenetrado muy bien, todas nos conocemos. Mi jefa es increíble, me ha enseñado mucho, me ha dado la oportunidad de aprender y de tener este trabajo que me encanta", comenta Maldonado a Sputnik.

    Las restricciones por el COVID-19 obligaron a este equipo de mujeres a parar por un mes y medio, pero cuando retomaron sus labores, volvieron a sentirse como en casa y en familia, en el taller ubicado en Cumbayá, uno de los valles de Quito, la capital de Ecuador.

    Aparte de Maldonado, que tiene 28 años, en el taller trabajan 5 mujeres; con excepción de Mónica, una mujer de 50 años, casi todas tienen la misma edad por lo que se entienden a la perfección y han logrado armar un equipo armónico.

    Vestidos, tops, bodies, pantalones, hilos, telas, encajes, máquinas de coser, patrones, diseños... todo ese mundo de color y forma ha cambiado la vida de las mujeres que cosen en el taller, que por ejemplo ahora pueden elaborar la ropa a sus hijos y a sus madres.

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    Cuando hay que entregar pedidos para el exterior, mientras Dávalos diseña, una de las talleristas corta, otra arma una pieza, otra arma la otra pieza... El trabajo se distribuye hasta tener lista la creación.

    "Nosotras mismas nos sorprendemos a veces del trabajo que hacemos; vamos armando poco a poco las piezas y al terminar... ¡wow, qué bonito!, nos damos cuenta de lo importante que es lo que hacemos, de la alegría que nos proporciona saber que lo que hemos creado va a dar alegría a quien lo use, dice Maldonado.

    Y ese "wow" es igual para cuando terminan un falda o cuando terminan un elaborado vestido de novia, en medio de charlas y sonrisas cómplices que van haciendo el día a día de las 9 mujeres.

    La crisis generada por el COVID-19 les ha afectado como a todo el mundo, por eso la lucha ahora se concentrará en ganarle a la pandemia y seguir vendiendo sus creaciones.

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    Etiquetas:
    diseño, moda, Ecuador
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