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    El coronavirus en Uruguay (132)
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    MONTEVIDEO (Sputnik) — Sólo, recostado en un viejo colchón, con temperaturas menores a 10 grados y apenas cubierto por una frazada. Así pasó su primer fin de semana en Uruguay un ciudadano de Bangladesh contagiado con COVID-19 que logró entrar al país por la ciudad de Chuy (este), fronteriza con Brasil.

    Se cree que el hombre ingresó a Brasil por Surinam, en la frontera norte del gigante sudamericano, y que llegó a la ciudad binacional el 28 de mayo. Fue en ese periplo que contrajo la enfermedad causada por el nuevo coronavirus.

    Al día siguiente, enfermo, sin documentos ni abrigo, sin hablar una palabra de español, portugués ni inglés, fue detectado por un puesto de control sanitario en Migraciones, donde se constató que tenía fiebre alta y se le notificó que debía cumplir aislamiento.

    Algo imposible para este hombre de unos 36 años, que vive en situación de calle.

    Ese mismo día, la alcaldesa de Chuy, Mary Urse, publicaba en su cuenta de Facebook un video en el que se mostraba preocupada por el avance del coronavirus hacia esa ciudad.

    "Tenemos tres casos en Santa Victoria (Brasil, a 20 kilómetros de la frontera con Uruguay) y estamos a un pasito nomas de que entre por Chui Brasil y si es así lamentablemente lo va a tener Chuy Uruguay", dijo Urse en el mensaje.

    Hace casi un mes que Brasil viene complicando a dos de sus vecinos que mejor controlan la pandemia, Paraguay y Uruguay, que vieron un disparo de casos sólo por la influencia del país limítrofe.

    El mejor ejemplo es el departamento fronterizo de Rivera, en el norte de Uruguay, que el 2 de junio superó por primera vez el número de contagios de Montevideo, aun teniendo una población significativamente menor.

     

    Mientras en la primera viven alrededor de 80.000 personas, en la capital del país residen algo más de 1,3 millones, según datos del último censo nacional, del año 2011.

    Frontera caliente

    La semana pasada el presidente Luis Lacalle Pou viajó en dos oportunidades a la ciudad de Rivera, para interiorizarse de la situación y evaluar de primera mano las medidas para controlar el brote.

    Incluso días después tuvo que hacerse un test de COVID-19 tras mantener una reunión con una funcionaria local que había dado positivo de la enfermedad.

    Tras constatarse el brote crecieron los controles en los más de 1.000 kilómetros de frontera con Brasil; sin embargo, el paciente bangladesí tuvo tiempo para deambular, sin control alguno, por la ciudad de Chuy, donde le robaron sus pertenencias y hasta llegó a vacunarse contra la gripe.

    Ahora, las tres enfermeras con las que tuvo contacto están cumpliendo cuarentena obligatoria, aunque se cree que están fuera de peligro, y el centro de salud fue clausurado preventivamente.

    El director de Salud del departamento de Rocha (donde se encuentra la ciudad de Chuy), Diego Pintado, confirmó que el paciente es asintomático y la posibilidad de contagio es baja.

    "De todos modos tenemos que hacer el aislamiento de aquellas personas que estuvieron en contacto con el paciente", indicó el funcionario en declaraciones al portal Iberoamérica Central de Noticias (ICN).

    "Es el primer hisopado que veo que hacen en el Chuy", dijo a Sputnik la alcaldesa Urse, la persona que ofreció el gimnasio municipal en el que el extranjero pasa sus noches; un trato muy distinto al que recibieron, por ejemplo, los tripulantes del crucero Greg Mortimer, que desembarcaron en hoteles mediante un corredor humanitario.

    La alcaldesa contó que del otro lado de la frontera las autoridades brasileñas impusieron una multa de 800 reales (unos 154 dólares) a quien no use tapabocas, pero explicó que ella no puede tomar la misma decisión sin la venia de los ediles departamentales.

    "En nuestro lado de Chuy no anda nadie en la calle, pero lo primero que debería hacer la aduana brasilera es no dejar pasar extranjeros", opinó.

    Es que aún no se sabe cómo este hombre logró ingresar, y se cree que hay otros 20 ciudadanos de Bangladesh intentando entrar en Uruguay por alguna parte de la frontera seca con Brasil. También brasileños que escapan del brote, que en su país está fuera de control.

    Consultado por Sputnik, el presidente de la delegación Rocha de la Asociación de Empleados y Obreros Municipales (Adeom), Héctor Pereyra, manifestó su preocupación por sus afiliados, en la primera línea de contención de la pandemia, si fallan los controles.

    "Esperemos que los test de nuestros afiliados dé negativo, porque para los funcionarios y sus familias los protocolos son permeables y si no se cumplen a rajatabla es más fácil caer en desgracia. Nosotros hablamos con más de 50 profesionales y sabíamos que se nos venía; es la crónica de una muerte anunciada", definió.

    Recién el 2 de junio, el ministerio de Salud Pública acercó una cama y algunas frazadas más para este ciudadano de Bangladesh, quien además es custodiado por un policía, como si estuviese detenido, no enfermo.

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