En directo
    América Latina
    URL corto
    Por
    0 10
    Síguenos en

    CARACAS (Sputnik) — Venezuela, el país de la gasolina más barata del mundo dio un vuelco. Con la llegada de la pandemia el Gobierno anunció que las reservas de combustible estaban en nivel crítico por las sanciones de EEUU, lo que obligó a muchos ciudadanos a desempolvar sus bicicletas.

    En Venezuela hay muy pocas ciclovías, con excepción de algunos tramos diseñados más para recreación que para su uso como método de transporte; tampoco hay lugares seguros para dejarlas, pero aun así a muchos no les queda otro remedio que sacarlas, porque el transporte público tampoco está trabajando al 100%.

    "Yo estoy usando la bicicleta de mi sobrino, que se fue del país. Vengo desde El Silencio [centro de Caracas] y me eché más de una hora hasta Coche (oeste); no me queda otra opción para hacer diligencias, porque casi no hay transporte público y tuve que guardar el carro por falta de gasolina", dijo a Sputnik Gustavo Medina un psicólogo de 38 años.

    La situación no impide, sin embargo, apelar al humor.

    Después de recorrer 14 kilómetros en casi hora y media montado en su bicicleta, Medina cuenta que tuvo que disculparse con la doctora que lo esperaba cerca de un ambulatorio de la zona.

    "Disculpa la demora, pero tuve inconvenientes con el motor de mi bicicleta, es decir, mis piernas que ya no me daban", contó entre risas Medina, recreando la conversación que tuvo con la doctora.

    No queda otra

    Manuel Morán, de 40 años, es un enfermero que trabaja para un centro psiquiátrico del este de Caracas, y comentó a Sputnik que debido a las fallas del transporte público en el sector en el que reside, ya antes de la crisis del combustible usaba la bicicleta para ir a la clínica, "pero ahora sí que es una necesidad".

    Para hacer el mercado el enfermero contó que instala una caja plástica en la parte delantera de la bicicleta en la que coloca las bolsas que no entran en su mochila.

    "Lo más difícil es no caer en los huecos y agarrar las subidas empinadas hacia mi casa, pero no queda de otra", cuenta.

    Los venezolanos estaban acostumbrados a pagar el tanque completo de la gasolina de sus autos o motos con los pocos billetes en efectivo que podían conseguir. Servía desde uno de 500 (0,002 dólares) hasta uno de 50.000 bolívares (0,2 dólares) o incluso un dólar, dependiendo de la bondad del cliente, porque era más que una colaboración con el trabajador de la estación de servicio que un pago real por el combustible.

    El último aumento de gasolina se efectuó en 2016, y entre ese año y abril de 2019 la inflación fue de 53.798.500, de acuerdo con el Banco Central de Venezuela. Además, hubo una reconversión que eliminó cinco ceros a la moneda, y a pesar de todo eso el precio del combustible se mantuvo igual, por lo que llenar un camión de 80 litros a inicios de marzo podía costar céntimos de dólar.

    Cambio de mentalidad

    "Si el tiempo se tradujera en dinero, la gasolina de Venezuela sería la más cara del mundo, porque necesitas hasta dos o tres días para echar gasolina", dice Ernesto Sánchez, ingeniero eléctrico residente del estado Bolívar.

    Sin embargo, Sánchez extraña los días antes de la cuarentena, en los que podía hacer esas largas filas, porque ahora "simplemente no hay gasolina para nadie", como está sucediendo en otros estados del interior del país.

    En Caracas y en ciudades periféricas las largas colas llegaron con la cuarentena, y racionada solo para sectores priorizados.

    "Yo hice una cola tres veces y nunca pude echar, no me quedó otra que establecer un contacto con un militar que es el que me surte y me cobra 2,50 dólares por litro, que trato de rendir al máximo", comentó un doctor que prefirió no ser identificado.

    Mientras en Caracas el litro de gasolina contrabandeada aún puede costar entre 2,50 y 3 dólares, en otros estados del país llega a los cuatro dólares.

    Esta nueva realidad resulta sorprendente en una nación en la que incluso los mecánicos acostumbraban tener siempre un bidón de combustible para lavar sus herramientas, como si se tratara de desengrasante, o los conductores estaban acostumbrados a usar sus motos o autos para ir de una esquina a otra.

    "Yo creo que con esto la mentalidad del venezolano está cambiando, la gente está estirando ese cuarto de tanque de gasolina como si se tratara de la última gota de agua del planeta", dijo a Sputnik Jonathan Palacios, un ingeniero en sistemas de 40 años.

    Palacios conversó con Sputnik mientras subía con su bicicleta por las empinadas vías de una barriada de Petare, estado Miranda, en el este de la región metropolitana (norte).

    "Me tocó bicicleta porque están cobrando dos dólares litro, y la moto la saco solo para emergencias", explicó.

    El ingeniero y ahora ciclista confesó que tiene la esperanza puesta en los tanques con combustible que Irán vendió a su país, aunque aseguró que le quedan dudas.

    "¿Nos aumentarán el precio? ¿Alcanzará para todos?", inquiere.

    Las preguntas de Palacios, las que se hacen también todos los venezolanos, son algunas de las interrogantes que hasta el momento ninguna autoridad venezolana ha respondido.

    Etiquetas:
    gasolina, crisis, combustible, Venezuela
    Normas comunitariasDiscusión
    Comentar vía SputnikComentar vía Facebook