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    Apenas comenzada la pandemia, los parlamentos de Suramérica se enfrentaron al desafío de continuar funcionando a pesar de la cuarentena. Mientras Argentina y Brasil diseñaron sistemas de sesiones virtuales con énfasis en la seguridad, otros países combinaron la aplicación Zoom con herramientas para votar a distancia.

    Cómo continuar la actividad de los parlamentos en tiempos de pandemia es uno de los desafíos que han tenido que enfrentar todos los poderes legislativos del mundo. Si bien los parlamentarios no escapan a las medidas sanitarias que deben seguir todos los ciudadanos —y es habitual encontrar muchos parlamentarios dentro de la población de riesgo— su actividad era esencial a la hora de dar sustento legal a las acciones de emergencia adoptadas por cada Gobierno.

    "Incluso en tiempos de crisis el rol de los parlamentos es más vital que nunca para aprobar leyes de emergencia, asignar recursos y escrutar las acciones del gobierno", destaca una publicación de la Unión Interparlamentaria (UIP), una organización internacional que nuclea a los parlamentos de 178 países y que desde el comienzo de la pandemia realiza un seguimiento sobre el funcionamiento de sus afiliados.

    El relevamiento de la UIP consigna que los parlamentos del mundo se dividieron entre los que continuaron reuniéndose físicamente (aunque con mayor distancia entre parlamentarios o implementos de protección), los que optaron por realizar sesiones virtuales o los parlamentos que directamente entraron en receso o funcionaron a través de comisiones especiales.

    En los casos en que comenzaron a funcionar de forma virtual, muchos parlamentos debieron aprobar leyes especiales que habilitaran el nuevo régimen o adoptar para garantizar que los legisladores pudieran votar de forma remota sin problemas y que los datos alojados en servidores fueran seguros.

    En Argentina, por ejemplo, las cámaras de diputados y senadores comenzaron a funcionar en mayo de forma remota, tras un primer receso obligado por la pandemia y la polémica sobre la mejor forma de continuar sesionando. Los diputados fueron los primeros en aprobar leyes de forma remota el 14 de mayo, siguiendo un protocolo acordado días antes.

    Para garantizar la seguridad de los datos, la actividad de los legisladores —que participan de las sesiones conectados desde sus domicilios o despachos en sus localidades— es monitoreada con "pruebas de ciberseguridad" por parte de la empresa estatal Arsat. Además, los parlamentarios son sometidos a un "chequeo de datos biométricos" para garantizar la legalidad de la votación.

    En Brasil, en tanto, el Senado puso en funcionamiento su Sistema de Deliberación Remota (SDR) que, según se define en su manual de uso, "fue diseñado para funcionar en una situación de emergencia (guerra, desastre natural, pandemia) cuando la reunión cara a cara en su sede resulta inviable".

    El sistema establece un protocolo para la votación de leyes que obliga al parlamentario a introducir en el sistema un código de usuario de tres dígitos y una contraseña personal a la hora de votar. Además, deberá ingresar un código alfanumérico que recibirá en un dispositivo previamente registrado (su computadora personal, teléfono o tablet, por ejemplo) y que será diferente para cada votación.

    Cumplido este procedimiento, el senador coloca su voto en el sistema. En el preciso momento del voto, "el dispositivo capturará la imagen del parlamentario a través de la cámara frontal del dispositivo, que no debe estar obstruida". La instantánea tomada por el dispositivo se envía automáticamente al SDR, que la almacenará para revisarla en caso de tener que auditar los votos.

    Con menos énfasis en la seguridad que el parlamento brasileño, otros poderes legislativos como los de Colombia, Ecuador y Perú también apostaron por las sesiones virtuales, aunque combinando la aplicación de videollamadas Zoomcuestionada por sus vulnerabilidades en materia de seguridad— con sistemas para votar a distancia. En Paraguay, la votación no se realiza a través de una aplicación específica sino que los parlamentarios levantan la mano frente a la cámara ante el requerimiento del presidente de la sesión.

    Bolivia, por su parte, aprobó a fines de marzo una ley para habilitar las sesiones virtuales pero continuó sesionando de forma presencial, aunque con tapabocas y mayor distancia entre parlamentarios. Un caso similar es el de Uruguay, en el que si bien el Parlamento analizó implementar las sesiones virtuales y realiza varias reuniones de comisión de esa forma, los legisladores optaron por continuar yendo a sala aunque con medidas de distanciamiento como que el Senado sesione en el hemiciclo de Diputados, más amplio y que les permite estar más alejados. En Venezuela, la Asamblea Legislativa también sigue funcionando, aunque sus integrantes utilizan tapabocas.

    Un caso particular es el de Chile, en el que se implementaron sesiones virtuales pero se les permite a los legisladores continuar asistiendo a sus puestos habituales. Así, las sesiones pasaron a ser mixtas, con parlamentarios que votan desde sus bancas y otros que lo hacen a través de aplicaciones vinculadas con la plataforma Zoom.

    Etiquetas:
    cuarentena, COVID-19, parlamento, América Latina
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