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    SAN SALVADOR (Sputnik) — Cerca de 2.800 salvadoreños sufren una odisea para regresar a sus hogares, pues ningún oráculo les advirtió que si marzo los sorprendía fuera del país podrían quedar varados en el extranjero, a la buena de Dios y sin fecha de retorno.

    Alguno que otro maldijo la suerte de viajar cuando el nuevo coronavirus aún no llegaba a El Salvador, sobre todo quienes pretendían estar unos días fuera, y tres meses después siguen sin saber cuándo volverán a casa, un derecho consagrado por la Constitución.

    La posibilidad de ingresar al país por vía aérea o terrestre se esfumó el 11 de marzo, cuando el presidente Nayib Bukele ordenó cerrar las fronteras, y una semana después suspendió hasta nuevo aviso las operaciones del aeropuerto internacional San Oscar Arnulfo Romero.

    Todavía entonces se pensaba que todo sería fugaz, que valía la pena esperar a que pasara la vorágine, pero la escapada se convirtió en un calvario: el dinero se agota y la desesperación crece entre quienes esperan una solución que no llega.

    Ultimátum

    Enfocada en la situación interna, la Administración de Bukele no ofreció de entrada una alternativa para traer a los salvadoreños estancados en unos 60 países, algunos duramente golpeados por la pandemia del COVID-19.

    Ante las presiones de los propios varados y sus familiares, la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia le dio un ultimátum al Gobierno para que presentara un plan, y la canciller Alexandra Hill lo hizo, casi al vencer el plazo dado.

    Sin embargo, la Sala rechazó la propuesta porque no especificaba plazos para la repatriación, o sea, un cronograma que aportara certezas, con el correspondiente desglose logístico.

    Al final, el Ejecutivo anunció que las repatriaciones comenzarían el 1 de mayo, y que a más tardar en 14 semanas todos los afectados estarían de vuelta: aquello abrió una brecha de esperanza, pero la realidad es más complicada.

    ​Por ejemplo, el Estado no puede traerlos a todos de golpe, porque inevitablemente tendrán que someterse a una cuarentena para detectar posibles casos importados del coronavirus, y no hay capacidad para albergar, alimentar y atender simultáneamente a tantos.

    Además, muchos se quejan de que no reciben información de los consulados, o que las legaciones se han quedado sin presupuesto para auxiliarlos, a pesar de que la Cancillería destaca en sus redes sociales la asistencia a los connacionales.

    En ese contexto se dieron las primeras repatriaciones por vía terrestre, desde Honduras, Belice y Nicaragua, y un vuelo procedente de Panamá, con 23 salvadoreños a bordo, según la aerolínea Copa Airlines.

    Retornados sí, repatriados no

    Otro elemento que añade confusión a los que desesperan por volver es que, tras la suspensión de todos los vuelos comerciales, siguieron llegando salvadoreños deportados desde Estados Unidos, México y Guatemala.

    "Entre marzo y abril llegaron al país 2.172 retornados, según registros de la Dirección General de Migración y Extranjería, pero ninguno de ellos era un varado, sino personas que, por alguna razón, se fueron del país con la intención de llegar y quedarse en EEUU de forma indocumentada", publicó el portal investigativo Gato Encerrado.

    A diferencia de los deportados, que son regresados en contra de su voluntad, los varados quieren volver, pero no pueden, y muchos no tienen recursos para subsistir más semanas.

    A todas estas, los choques entre los poderes del Estado salvadoreño lo dificultan todo, pues la Asamblea recién aprobó una ley transitoria que exige acciones para traerlos, pero Bukele ya anunció que la vetará.

    Por el contrario, el mandatario emitió otro decreto ejecutivo, saltándose a la Asamblea Legislativa, que garantiza el manejo sin auditar de fondos para enfrentar la pandemia, pero no dice nada sobre los miles de salvadoreños que no piden más que volver a casa.

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    COVID-19, regreso, repatriación, repatriar, coronavirus, El Salvador
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