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    SAN SALVADOR (Sputnik) — En El Salvador, un país rico en leyendas terroríficas y realidades peores, el COVID-19 es el nuevo villano favorito, un espectro propicio y difícil de exorcizar, que ha puesto en crisis a la frágil democracia local.

    Uno de los tópicos recurrentes en la narrativa del terror transmitida en cadena nacional y replicada con entusiasmo en Twitter es el inminente colapso de un sistema de salud, supuestamente heredado de administraciones anteriores en total abandono.

    "Estamos en etapa de máximo contagio comunitario y en camino al colapso de nuestro sistema de salud", tuiteó el presidente Nayib Bukele a principios de mayo, y desde entonces su vaticinio vuelve como un inquietante mantra.

    ​La crisis podría ser cierta, pero no hay certeza de ello, pues este Gobierno ha sido acusado de no abrirse al escrutinio de la prensa, y de ser poco transparente con otras instituciones del Estado y la sociedad civil, encargadas de hacerle contrapeso y auditarlo.

    El Colegio Médico de El Salvador ha discrepado públicamente del supuesto colapso, sobre todo después que Bukele dedicara sus dos últimos mensajes a la nación a reseñar lo hecho en la red hospitalaria instalada para atender la pandemia.

    Según Bukele, todos los hospitales del Sistema Nacional de Salud y el Seguro Social de San Miguel (oriente) recibieron una inversión superior a los 110 millones de dólares, y 1.000 camas fueron habilitadas en cinco hospitales temporales centrados en el COVID-19.

    Además, fueron instaladas 100 Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) en los hospitales Saldaña, San Rafael y el Militar, y se anunció la construcción en las inmediaciones del recinto ferial Cifco del mayor hospital de Centroamérica para atender la pandemia.

    Cuentas que no dan

    Con todo ese despliegue, al Colegio no le cuadran las cuentas, pues hay menos de 1.000 casos activos de coronavirus, de los cuales solo 82 clasifican como graves y críticos.
    José Antonio Pereira, experto en Salud Pública y Planificación de Servicios de Salud, dijo al periódico Diario de Hoy que, aplicando los estándares hospitalarios para un periodo de 90 días, serían necesarias 110 camas de aislamiento y 10 de UCI.

    Dicha cifra es inferior a la capacidad instalada que pudiera tener el Ministerio de Salud para atender los casos, por eso la gremial médica no entiende cómo podría colapsar el sistema.
    El Colegio cita la experiencia de Taiwán para enfrentar al COVID-19, según la cual, en lugar de forzar una cuarentena domiciliar y cerrar totalmente la economía, lo más efectivo es focalizar los sitios de mayor circulación del coronavirus SARS-CoV-2.

    El infectólogo Iván Solano valoró en particular que Taiwán no recurre a los mensajes de pánico, si no de educación, y afirmó que los pacientes leves y asintomáticos, que son mayoría en El Salvador, podrían guardar cuarentena domiciliar con supervisión médica, y dejar los hospitales para los casos graves y críticos.

    Ambiente de pánico

    Para el diputado opositor Damián Alegría, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN, izquierda), todo indica que Bukele quiere generar un ambiente de pánico en el país, para que la gente siga de manera sumisa sus orientaciones.

    "Todo responde a su interés en que continúe el estado de emergencia, el cual le permite, entre otras cosas, realizar transacciones sin control ni someterse a la Ley de Adquisiciones y Contrataciones de la Administración Pública", dijo Alegría a Sputnik.

    El parlamentario señaló que varios estudios comparativos destacan los bajos niveles de contagio en El Salvador, por lo cual muchos cuestionan la presión para mantener una ley de emergencia, sin escuchar a la comunidad científica y chocando con la sociedad civil.

    Pese al descontento de parte de la ciudadanía, expresado en sinfonías nocturnas de claxon y cacerola, y en el grito mudo de telas blancas en hogares donde no hay comida, Bukele mantiene su discurso de miedo, salpicado por invitaciones al rezo y críticas a la oposición.

    El problema es que nadie tiene claro a qué temerle más: si a un contagio masivo con esta pandemia, o a otra ruptura de la institucionalidad en un país que aún no cierra las heridas de 12 años de guerra civil.

    Etiquetas:
    crisis, brote, COVID-19, coronavirus, El Salvador
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