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    El coronavirus en Argentina (370)
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    Los más de 1.300 casos confirmados de COVID-19 en las villas de la capital argentina representan al menos un 33% de los contagios en la ciudad de Buenos Aires. Entre los fallecidos se encuentran Ramona Medina y Víctor Giracoy, trabajadores comunitarios y vecinos del barrio Padre Mugica, cuyas muertes desnudan el abandono del Estado.

    Mientras aumentan los números de infectados confirmados y muertes por día a raíz del coronavirus SARS-CoV-2 y se acerca el pico esperado para junio en Argentina, la situación en los barrios vulnerables capitalinos, donde la población vive hacinada, se vuelve cada vez más insostenible. Los reclamos apuntan al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, encabezado por Horacio Rodríguez Larreta, referente de la oposición a la Administración nacional.

    "Estamos pidiendo el refuerzo alimentario de comedores y merenderos, porque hay mucha gente que tiene trabajo informal y necesita de esos espacios. Seguimos pidiendo kits de limpieza para esos lugares; de las cuatro personas que fallecieron en la Villa 31, dos eran militantes sociales", dijo a Sputnik Mónica Córdoba, de la organización Barrios de Pie y oriunda del barrio.

    Según el Ministerio de Salud, hay más de 8.000 infectados en el país. En la ciudad de Buenos Aires, el número supera los 3.000, pero más de 1.300 de estos están ubicados en los barrios populares y asentamientos de emergencia porteños, es decir, más de 33 % del total.

    Ramona: el grito de auxilio que será un eco infinito

    Durante semanas, Ramona Medina, referente de la organización barrial La Poderosa e incansable trabajadora comunitaria, reclamó ayuda estatal mientras veía con pavor cómo aumentaban los casos en su barrio, la Villa 31-Barrio Padre Mugica, en la zona de Retiro, donde viven alrededor de 60.000 personas en construcciones apelmazadas y superpuestas.

    Ella, al igual que cientos de familias, estuvo 12 días sin suministro de agua en su vivienda, sin poder cumplir el aislamiento, por necesidad, como ocurre en todos los barrios carenciados, donde se come gracias al esfuerzo de las organizaciones populares, iglesias y comedores.

    "Nos piden que nos higienicemos, que tengamos mayor cuidado, que nos pongamos tapabocas, que no salgamos a la calle, que nos lavemos las manos. ¿Con qué lo hacemos si no tenemos agua?", denunciaba la vecina de 42 años en un video destinado a desmentir las palabras del vicejefe de Gobierno porteño, Diego Santilli, quien había asegurado que la falta de agua en el barrio estaba solucionada.

    Días más tarde, Ramona, diabética e insulinodependiente, fue internada con un cuadro de neumonía, contagiada de COVID-19. El miércoles 13 de mayo, la entubaron por insuficiencia respiratoria. Dos días después, murió de una muerte injusta y trágicamente anunciada.

    En su casa vivían otras seis personas, cuatro de ellas, población de riesgo, pero ninguno fue internado preventivamente y continuaron en la misma residencia, sin operativos de intervención ni apoyo a los infectados por parte de las autoridades.

    Se confirmó que las dos hijas de Ramona, una de las cuales tiene discapacidad, están infectadas también, al igual que su sobrina y sus dos cuñados, estos últimos, mayores de 60 años.

    Víctor: dejar la vida para alimentar al barrio

    ​Tan solo un día después, el sábado 16 de mayo, murió Víctor "El Oso" Giracoy, referente desde hace más de 25 años del comedor Estrella de Belén de la Villa 31. Tenía 60 años y estuvo internado una semana antes de perder la batalla contra el nuevo coronavirus.

    "Es triste saber que sus hijos y familiares no se pudieron despedir y más triste es saber que no van a poder hacerlo, no se pueden abrazar entre ellos para tener un consuelo porque están aislados en distintos lados", manifestaron en un comunicado desde el Comité de crisis por coronavirus constituido por las organizaciones del Barrio Padre Mugica.

    Víctor era un vecino histórico del barrio desde la década de 1990, cuando resistió a la destrucción del asentamiento. Estuvo por años junto a su familia a cargo del comedor y sus vecinos aseguran que extrañarán comer su locro, típico guisado a base de maíz que se suele preparar en Argentina para la fecha patria del 25 de mayo.

    Focos dentro de focos

    El 90 % de los casos confirmados de coronavirus en las últimas semanas en Argentina se circunscriben a la región metropolitana de Buenos Aires, que incluye la capital nacional y sus alrededores.

    La Villa 31 es el más golpeado entre los barrios vulnerables porteños, con 913 casos confirmados, según el último sondeo, que contabilizó un total de 12 muertes. El Gobierno porteño lleva adelante operativos de contingencia que son criticados por las organizaciones populares. Estos programas comenzaron a replicarse en otras villas de la ciudad y el conurbano, donde por el momento no existen cifras oficiales y donde es muy bajo el volumen de testeos.

    ​"La militancia pone el cuerpo pero ¿qué pone el Gobierno de la Ciudad? Tenemos a las compañeras y compañeros muy expuestos porque las demandas las seguimos garantizando desde las organizaciones. Necesitamos mayor articulación y mayor destinación de recursos para que esta situación mejore, y no vemos que estén dispuestos a hacerlo", reclamó Córdoba.

    Demandan una presencia potente del Estado, con recursos para detectar los casos sin poner en riesgo a la población mediante más exposición, como sucede ahora, asegurarles a los casos sospechosos que puedan aislarse facilitándoles víveres, y aislar en hoteles y hospitales a los contagiados según su nivel de riesgo.

    Las organizaciones denunciaron que los protocolos sanitarios no se respetan ni siquiera por las autoridades en la Villa 31, con personas expuestas a multitudes durante los hisopados, para luego ser trasladados los casos sospechosos en autobuses y en grupo a los hospitales, en lugar de aislados en ambulancias, mezclando a potenciales enfermos de COVID-19 con aquellos con dengue o gripes estacionarias.

    "Sabiendo que el programa iba a llegar a las otras villas, les llevamos el balance de lo que fue el operativo en la Villa 31 para que no vuelvan a repetir los errores. Hablando con compañeres nos dijeron que todo lo que hicieron mal acá lo siguen replicando allá, donde están los otros focos que empieza a haber", alertó la militante de Barrios de Pie.

    El primer caso de COVID-19 en la Villa 31 fue detectado el 21 de abril. Las organizaciones denunciaron que recién dos días después de confirmarse el resultado positivo se comunicaron con ellos para intentar contactar a los padres de la paciente, que vivían con ella. El 2 de mayo, Toribia Balbuena, de 84 años, madre de la paciente cero, se transformó en la primera víctima mortal de coronavirus en el barrio.

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    COVID-19, pandemia de coronavirus, coronavirus en América Latina, Horacio Rodríguez Larreta, Buenos Aires, Villa 31, Argentina
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