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    El coronavirus en Uruguay (132)
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    MONTEVIDEO (Sputnik) — Puede ser la angustia que genera la incertidumbre de no saber cuándo se termina esto. Puede ser el temor, la certeza escalofriante de la finitud de la vida.

    Puede ser la soledad, el abandono, la sensación de pequeñez ante un mundo pandémico que parece ensañarse con los más viejos de Uruguay, esos que hoy encuentran, del otro lado del teléfono, alguien dispuesto a escucharlos.

    Desde ese otro lado, prontos a brindar un momento de contención y apoyo ante el descalabro que genera en la población el COVID-19, hay un grupo de psicólogos y psicólogas que destinan parte de su tiempo libre a escuchar y, en algunos casos, a salvar vidas.

    "La mayoría de los llamados son por necesidad de escucha, sostén emocional, de bajar la ansiedad, muchos síntomas de depresión, temores, incertidumbre, angustias", dice a Sputnik la doctora en psicología María José Soler.

    Soler es la coordinadora del área de voluntariado de una línea telefónica dispuesta por el Gobierno para ejercer de "primer sostén" para quienes necesitan algún tipo de ayuda vinculada con la salud mental.

    En marcha desde hace cinco semanas, la línea (0800-1920) atendió ya casi 5.000 llamadas, realizadas en su mayoría por mujeres de entre 60 y 65 años, explica la especialista.

    Para atender esas llamadas, alrededor de 150 psicólogos voluntarios están disponibles un promedio de dos horas por semana, trabajando en grupos de diez personas y con un coordinador que se encarga de monitorear que se cumpla con el protocolo dispuesto por las autoridades sanitarias.

    Porque si bien se trata de una línea de contención, donde en la mayoría de los casos prima la angustia y el desconcierto, la situación puede llegar a niveles extremos.

    "Me pasó varias veces que tuve que llamar al 911. Gente muy desbordada, con ideas suicidas. Me ha pasado de gente con algún tipo de delirio. Eso se complica un poco más", cuenta a Sputnik la psicóloga Tania Atchugarry, una de las voluntarias de la línea de apoyo emocional dispuesta por el Ejecutivo.

    En una situación de este tipo, el protocolo establece que se debe intentar contener a la persona, mientras de inmediato se establece contacto con líneas de prevención del suicidio o con el propio 911.

    Según Soler, el 10% de las llamadas corresponden a personas que están "manifestando ideas de autoeliminación".

    Previo a la puesta en marcha de esta línea, las autoridades del Ministerio de Salud Pública esperaban que estas representaran el 5% del total de llamadas.

    El terror

    Antes de que el Gobierno pusiera en marcha esta línea de atención, la Asociación de Psicogerontología del Uruguay ya tenía la suya.

    Aunque más modesta, con tan solo 16 profesionales de la salud mental del otro lado del teléfono y menores posibilidades de difusión, "Psicogerontología escucha" se especializa en adultos mayores, y atiende unos 30 llamados diarios, también de forma voluntaria.

    "El COVID-19 visibilizó la soledad del adulto mayor. Visibiliza lo que nosotros creemos que está pero que no le hemos dado la mirada suficiente a nivel de la sociedad, del Estado, de políticas públicas", dice a Sputnik la creadora de este dispositivo de atención telefónica, Desirée Ambielle.

    Diplomada en psicogerontología, Ambielle asegura que, para muchas personas mayores de 65 años, la llegada del COVID-19 supuso una "catástrofe" ante la cual tienen "la necesidad de ser escuchados".

    La especialista explicó que la mayoría de las llamadas responden a la "soledad" y la "tristeza" que ha generado la pandemia en estas personas, muchas de las cuales viven solas, no tienen manejo de las nuevas tecnologías, y para peor saben que, por su edad, son población de riesgo del COVID-19.

    "El adulto mayor es una persona que está sola. Se generó el temor a la muerte, pero también a la soledad, porque si antes cada 15 días los iba a ver algún nieto, ahora piensan que no van a ir a verlos. A nivel de la salud mental la afectación fue tremenda", sostiene Ambielle.

    Aunque son pocos, la psicóloga afirma a esta agencia que también han tenido que derivar llamadas al 911, o a líneas de prevención de suicidio.

    "Vos escuchás a la persona y te das cuenta que quiere terminar" con esta situación, explica.

    Ambielle pone el ejemplo de una señora octogenaria, que vivía sola con su hermana, "también longeva", en una localidad del interior del país, para graficar el tipo de situaciones que escuchan a diario.

    "Una cosa que fue tremenda, para que entiendas el terror. La señora me llama y me dice: "yo no salgo ni a la vuelta de mi casa, porque no quiero respirar y contagiarme".

    Llegar a ese punto… Esa persona estaba sola en su casa, con su hermana, en ese estado. Y ya van 60 días. Imaginate, es enloquecedor.

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    COVID-19, coronavirus en América Latina, pandemia de coronavirus, coronavirus, Uruguay
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