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    El coronavirus en Brasil (178)
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    RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — La falta de test para detectar el COVID-19 (la enfermedad provocada por el nuevo coronavirus) y de camas en los hospitales está empezando ya provoca desesperación entre los brasileños, tal como cuenta a Sputnik Adriana Leite, una ama de casa de Niteroi (sureste) que perdió a su madre recientemente.

    "Faltan test, a mi madre la atendieron en una UPA (Unidad de Atención Básica) y le dijeron que tenía una neumonía, no le hicieron el test hasta mucho después, cuando ya estaba grave en el hospital; deberían hacer el test antes, para salvar al paciente", dijo a Sputnik.

    La madre de Adriana, de 78 años, acudió a la UPA a mediados de marzo porque se sentía mal: le diagnosticaron una neumonía y le recetaron un antibiótico, pero como no mejoraba volvió al médico; poco después empezó a presentar fiebre, le cambiaron la medicación y al final, tras más de de dos semanas, fue ingresada en el hospital en estado grave.

    Adriana contó que en el hospital, todo el personal cuidó muy bien de su madre, pero al estar sobrecargados de trabajo apenas podían llamar a la familia para informar de su estado de salud (las visitas a pacientes de COVID-19 están prohibidas).

    "Es muy angustiante no tener noticias, los médicos no pueden llamar a todo el mundo", lamenta Adriana, que solo pudo despedirse de su madre cuando la vio entubada en el pasillo del hospital en dirección a la sala de cuidados intensivos: "Le grité: ¡aguanta firme, te amo, no estás sola!", recuerda.

    La madre de Adriana pasó ocho días en el hospital hasta que falleció; y el entierro fue un momento más doloroso si cabe: "Poco antes descubrí que yo también me había contagiado, fui a despedirme de mi madre alejada de todo el mundo, con guantes y máscara, pero no podía dejar de ir".

    Cloroquina

    Dado que en el sistema público de salud los test solo se aplican a los paciente graves, Adriana pagó 390 reales (67 dólares) a un laboratorio privado para hacerse la prueba porque quería quedarse tranquila, y en breve también tendrán que someterse su marido y su hija de 17 años, que ya perdieron el olfato (uno de los síntomas de la enfermedad).

    A pesar de que no hay evidencias científicas sobre su efectividad contra el COVID-19, Adriana cree que su madre podría haberse salvado si la hubieran medicado con cloroquina: "Los hospitales deberían administrarla en seguida. ¿Por qué no la dan a los menos favorecidos? Es lamentable… el sentimiento que tengo hoy es que el Estado mató a mi madre", dijo.

    Desde hace semanas, el presidente, Jair Bolsonaro, lidera una campaña a favor del uso de la cloroquina para pacientes de COVID-19, a pesar de que los especialistas piden prudencia y alertan sobre sus posibles efectos secundarios.

    Otro grave problema al que se enfrentan los enfermos de COVID-19 es la falta de camas; muchos de ellos pasan días en estado grave en sus casas o en UPAs a la espera de que se liberen camas en unidades de cuidados intensivos, y una vez en el hospital la situación no mejora especialmente, ya que falta personal sanitario para tantos pacientes.

    Según un recuento del instituto Fiocruz, más de 10.000 personas en Río de Janeiro están a la espera de camas en los hospitales del estado de Río de Janeiro, donde la ocupación de las unidades de cuidados intensivos ya ronda el 90%.

    Río de Janeiro es el segundo estado más afectado del país, tan solo por detrás de Sao Paulo, con 1.205 muertes y 13.295 personas infectadas.

    En todo Brasil ya se superan los 8.500 muertos y los 125.000 contagios de coronavirus, según los datos más recientes del ministerio de Salud, divulgados el 6 de mayo.

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