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    El coronavirus en Argentina (370)
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    BUENOS AIRES (Sputnik) — En la segunda ciudad más poblada de Argentina, Córdoba (centro), vive Natalia Ríos, una docente universitaria que permanece en cuarentena con su marido y sus dos hijas de 6 y 8 años desde el pasado 16 de marzo. Como a muchos argentinos, los sentimientos de incertidumbre y ansiedad le asaltan con cada vez mayor intensidad.

    "En general estoy bien, pero ahora que ya transitamos la séptima semana de aislamiento me siento desolada al saber que éste no es el último tirón, sino que esto va a prolongarse más, y no sé cuánto tiempo falta todavía para que nos podamos volver a ver a mis padres y a amigos", reconoce en diálogo con Sputnik esta mujer de 37 años.

    Ella parece ser parte de ese 44% de la población argentina que cree que la pandemia del nuevo coronavirus, causante de la enfermedad COVID-19, se prolongará durante 2020 y parte del 2021.

    Así lo afirma una encuesta de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), realizada entre el 17 y el 21 de abril, que además advierte que los argentinos manifiestan "tener más preocupación, más incertidumbre y más ansiedad de lo que señalaba a los diez días del aislamiento social obligatorio".

    Natalia estima que el colegio de sus hijas no empezará antes de septiembre, y contó que, en la Facultad de Ingeniería Industrial de la Universidad Tecnológica Nacional, donde imparte clases, "se habla directamente de 2021".

    La encuesta de la UBA, titulada "La vida en cuarentena. Sentimientos, salud y economía", refleja que la prolongación del aislamiento físico incrementa "la intensidad de las emociones negativas y las preocupaciones".

    Tras entrevistar a 3.543 personas de los principales centros urbanos del país, el trabajo advierte que la mitad cree que la pandemia empeorará de manera gradual, mientras que 5% teme que degenere en una situación "incontrolable".

    La convivencia en casa de Natalia es apacible, pero el trabajo y la incertidumbre económica han alterado la rutina de su hogar. "Mi marido es empleado en relación de dependencia y trabaja entre 13 y 14 horas por día, mientras que yo, que también soy consultora, he visto cómo mis clientes cortaron todo, así que económicamente estoy sufriendo esa parte", admite.

    En la nueva dinámica también inciden los deberes que reciben sus hijas del colegio, lo que repercute en el cansancio de la docente. "Tenemos que dedicarnos a la tareas del colegio todos los días, y algunas son muchas y muy intensas, así que se hace muy pesado cumplir con obligaciones de una y de las chicas", añade.

    Agotamiento

    La psicóloga Alicia Stolkiner, profesora de Salud Publica y Salud Mental en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), fue invitada este miércoles 29 de abril a participar en la evaluación diaria que realizan autoridades del Ministerio de Salud para alertar sobre los cambios anímicos que experimenta la población.

    "Probablemente hubo una etapa de euforia y sobreexigencia de adaptarse a la situación, y ahora hay una segunda etapa de agotamiento", explicó en el encuentro.

    La sociedad está atravesando "un duelo" que explica sus sensaciones de enojo e tristeza. Paradójicamente, también puede aparecer un sentimiento de bienestar intenso, añadió la psicóloga. "Nada es patológico, y cada persona se adaptará de acuerdo a sus recursos", señaló.

    Mundo virtual

    Maia Pelman es otra de las argentinas que trata de levantar el ánimo tras haber superado los 40 días de confinamiento en su casa de Buenos Aires. La periodista y maestra argentina, que imparte clases a nivel primario y secundario, reconoce que trabaja más horas que antes del confinamiento y que la vida virtual devora gran parte de sus jornadas.

    "Estoy todo el tiempo pegada a la computadora recibiendo ejercicios, y me cuesta separar el mundo virtual del real", admite esta joven de 30 años, en conversación con Sputnik, y añade: "Tuve que cambiar mi método de vida al deber adaptarme a las clases virtuales, y trabajo mucho más que antes porque me cuesta desconectar".

    Los estados de ánimo fluctúan en esta etapa que Maia transita en soledad. "Trato de agarrarme de cosas positivas para seguir adelante. Tengo momentos en que pienso cuándo se va a terminar todo esto y quiero una fecha exacta, pero eso no está", reconoce.

    Además de convivir con su propia incertidumbre, Maia señala que debe lidiar también con la colectiva: "El humor en la calle no es lo mismo, la gente está cansada y preocupada, y yo también tengo miedo, pero soy una persona positiva y trato de agarrarme de las pequeñas cosas para seguir adelante".

    Aunque no elude la melancolía, la profesora presenta una gran variedad de recursos para hacerle frente, como la escritura.

    Si hay una convicción que la cuarentena ha dejado en Maia es la certeza de cuán importante es la relación con el otro. "Si de algo estoy segura es que las máquinas jamás van a a reemplazar el contacto humano", asegura.

    La docente espera que el aislamiento temporal genere una nueva conciencia social, con una mayor protección del ambiente. "Estamos en una etapa histórica de aprendizaje, en una situación nueva que nadie vivió, así que espero que hayamos aprendido algo, pues ningún tiempo es en vano", concluye.

    El presidente Alberto Fernández anunció el sábado 25 que la cuarentena vigente desde el 20 de marzo se extenderá hasta el 10 de mayo, pero señaló que el confinamiento se flexibilizará para que se pueda movilizar la mitad de la población.

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