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    CARACAS (Sputnik) — Los venezolanos que emigraron en busca de estabilidad económica nunca imaginaron que una pandemia los dejaría desempleados y con la incertidumbre de qué será de sus vidas de ahora en adelante.

    Martín Velásquez es un diseñador gráfico de 29 años que vive en Santiago de Chile desde hace casi dos años, uno de los tantos emigrantes a quienes la pandemia dejó sin empleo y con su economía por el piso.

    "Quedé desempleado aunque trabajaba por honorarios y bajo proyecto, pero mi pareja sigue trabajando desde la casa y con su sueldo nos mantenemos. Conozco a otros venezolanos aquí que también han quedado desempleados", relata el joven a Sputnik.

    Martín no cuenta con ahorros y no sabe cuánto tiempo estará sin trabajo, pero esto no es un aliciente para regresar.

    "Si a los mismos de aquí los despiden, más rápido a los venezolanos que migramos para trabajar", dice.

    La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) estima en cinco millones los venezolanos que dejaron su país desde 2015, la mayoría para vivir en el resto de América Latina.

    El Gobierno de Venezuela acusa a ACNUR de inflar las cifras para dar base a denuncias internacionales de crisis humanitaria y promover una invasión.

    David González trabajaba en una ferretería desde que llegó a Perú hace dos años, pero el negocio está cerrado por no ser esencial, y aunque los dueños le prometieron que conservará su puesto cuando pase la contingencia, no sabe hasta cuándo podrá vivir de sus ahorros.

    "Las dos primeras semanas de cuarentena me las pagaron, pero después no pudieron pagar más porque al ellos no tener ingresos se les hacía muy complicado. Del resto me he tenido que resolver con los ahorros, ahí voy poco a poco, estirando lo máximo que puedo", cuenta.

    Teletrabajo es más trabajo

    El teletrabajo se convirtió para Cristina López en una opción para no perder su empleo en el área de marketing digital en la capital argentina, pero la jornada se le estiró de ocho a 12 horas.

    "Cuando empezamos a trabajar desde casa aumentaron mis horas de trabajo, seguimos ganando el mismo sueldo, trabajamos desde casa pero más tiempo", comenta.

    Esto "suma más estrés al que ya padecemos porque tenemos a nuestros familiares lejos, y sobrellevar esta problemática es difícil", dice.

    En la residencia donde vive Cristina solo hay jóvenes venezolanas, algunas de ellas han quedado desempleadas y han debido ayudarse entre todas.

    "Aquí muchas empresas han hecho reducción de personal, donde yo trabajo gracias a Dios no, pero hay mucha gente quedándose sin empleo y es complicado. Esperemos que todo pase pronto, la ansiedad baje y volvamos a tener la misma calidad de vida que teníamos antes de esta situación", anhela.

    Un caso similar es el de Juan Andrés Peña, profesor de música residente en Quito que pasa la mayor parte del día dedicado a las actividades escolares a distancia.

    "Tenemos mucho más trabajo porque no hay un horario fijo, ya no se trabaja ocho sino prácticamente las 24 horas… son más de 400 alumnos, unos 300 hogares donde cada papá está trabajando desde casa también. Aunque hay un horario pautado, siempre está el papito que trabaja de policía o enfermera y no puede estar en la clase online y envía los deberes atrasados -con razón- o te escriben al WhatsApp", explica.

    Juan Andrés sabe lo que es vivir del día a día porque hasta hace poco vendía postres con su familia en las calles de Ecuador, cuyo sistema sanitario colapsó ante el incremento de los contagios de COVID-19.

    Sin dulces en manaus

    Carmen Rodríguez, de 29 años, vive en Manaus, la ciudad amazónica del norte de Brasil, con su pequeña hija nacida allí; Gracias a eso ambas han obtenido la nacionalidad brasileña.

    Carmen vivía de vender postres caseros que elaboraba y repartía ella misma antes de la pandemia, pero ha tenido que parar por temor al contagio.

    "Yo trabajo en la casa haciendo ensaladas de frutas y tortas frías. Está paralizado totalmente porque yo misma soy la que hago las entregas y precisamente para evitar un contagio, he tenido que parar", relata.

    Recibe un bono de 120 dólares que ha otorgado el Gobierno a los trabajadores informales durante la pandemia, pero que no aplica para quienes no estén en condición legal.

    Antes de que aparecieran los dos primeros casos de coronavirus el 13 de marzo, el Gobierno venezolano había repatriado a 17.000 connacionales a través del programa Plan Vuelta a la Patria.

    Caracas asegura que desde entonces más de 11.000 venezolanos retornaron por la frontera con Colombia huyendo de la "xenofobia".

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