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    El coronavirus en Uruguay (129)
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    La cifra de infectados con COVID-19 en Uruguay parece ser alentadora para un Gobierno que asegura estar lejos de la saturación de sus hospitales. Sin embargo, desde el sistema de salud hay voces que advierten sobre la falta de criterios unificados, los pocos test realizados y los "mensajes contradictorios".

    Si se mide por las palabras del presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, el avance del coronavirus en Uruguay parece estar lejos de generar un colapso en el sistema de salud. A principios de abril, el mandatario dijo en conferencia de prensa que el país requeriría unos 8.700 contagios para que las camas de cuidados intensivos se saturaran.

    Si los números son precisos, avalan la tranquilidad manifestada por el presidente: este 27 de abril, Uruguay registró 606 infectados, 15 fallecidos y 375 recuperados. Entre los casos confirmados, de acuerdo a las cifras oficiales 10 pacientes se encuentran en cuidados intensivos.

    Si bien el Gobierno sigue exhortando a la población a quedarse en casa lo más posible, el Ejecutivo uruguayo ya dio señales de apertura. La industria de la construcción retomó sus actividades el 13 de abril y más de 900 escuelas rurales del país reiniciaron las clases —aunque de forma voluntaria para los niños— el miércoles 22.

    Lacalle Pou anunció la creación de un equipo especial, encabezado por uno de sus principales asesores económicos Isaac Alfie —director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto del Ejecutivo uruguayo— y tres académicos de Medicina. Asimismo apeló al concepto de "nueva normalidad" para describir el proceso de paulatina apertura de la actividad económica y social.

    Otras de las medidas del Gobierno fue convocar, a comienzos de abril, a los prestadores públicos y privados de salud a ampliar los criterios para la realización de test a presuntos infectados con COVID-19, luego de que la cantidad de exámenes diarios no alcanzaba a la mitad de los 1.000 diarios previstos por las autoridades.

    Un hospital de referencia para COVID-19

    Una de las primeras medidas adoptadas por el Ejecutivo fue la designación de un "hospital de referencia" para pacientes con COVID-19. La responsabilidad cayó sobre el Hospital Español, un centro asistencial de Montevideo administrado por el prestador público de salud.

    Alberto Barrios, director del Hospital Español, explicó a Sputnik que el objetivo de designar un centro de referencia "significa centralizar esta patología en un centro asistencial en una primera etapa de esta pandemia en Uruguay".

    El jerarca indicó que centralizar a los pacientes en un mismo centro asistencial permite "evitar el cruce de pacientes COVID y no COVID", además de optimizar recursos, facilitar el desarrollo de protocolos específicos y generar un personal con mayor experiencia en el tratamiento de estos pacientes.

    La nueva función del centro de salud implicó varias modificaciones estructurales en el edificio, explicó Barrios. Las autoridades colocaron mamparas y extractores y dispusieron nuevas reglas en el uso de vestimenta y circulación en cada sector del centro, donde se definieron "áreas COVID" y "áreas no COVID".

    El hospital también tuvo cambios en zonas no dedicadas a la atención: el comedor único se dividió para evitar aglomeraciones y varios funcionarios administrativos que cumplían tareas en zonas clasificadas como "áreas COVID" fueron trasladados a otras áreas sin circulación de infectados. Los trabajadores de más de 65 años o con comorbilidades fueron puestos en cuarentena.

    Un mes después de comenzar a funcionar como centro de referencia, el hospital dispone de 23 camas de CTI y 80 de cuidados moderados. Barrios informó que el número de pacientes con COVID-19 recibidos por el centro ha sido "variable", aunque lejos de saturar la capacidad.

    La preparación del hospital no impidió, sin embargo, que un joven con síntomas compatibles de COVID-19 debiera esperar unas 15 horas en una ambulancia poder ser ingresado al centro. Según denunció la familia del joven en medios uruguayos, los retrasos en la atención se debieron a la falta de camas en el hospital.

    Barrios —consultado por Sputnik antes de que se conociera ese episodio— advirtió que el número de pacientes con COVID-19 que pueden llegar al centro "es incierto, ya que depende de múltiples factores, como el acatamiento de la población de las medidas de aislamiento social". En ese sentido, adelantó que "si el número de casos aumenta y supera nuestra capacidad, se requerirá otro centro asistencial".

    No ha sido el único hospital cuyo funcionamiento cambió con la llegada del coronavirus. El Hospital Vilardebó, centro público dedicado a la atención de pacientes con patologías de salud mental en la capital uruguaya, detectó el 5 de abril que un paciente ingresado una semana antes padecía COVID-19.

    El contagio no pudo ser controlado y, unos días después, se confirmaban 28 pacientes y 19 trabajadores de la salud infectados. El episodio motivó también la separación del cargo del director del hospital.

    El Hospital Maciel, uno de los centros públicos más importantes de Montevideo, experimentó horas de tensión cuando 9 médicos, 51 enfermeros y 12 auxiliares del centro debieran ser puestos en cuarentena por haber entrado en contacto con un paciente que había sido derivado del Hospital Vilardebó. Todos los implicados fueron testeados pero finalmente no se comprobó la enfermedad en ninguno.

    ¿Uruguay ya aplanó la curva?

    Si bien las cifras continúan siendo alentadoras para los uruguayos, desde dentro del sistema de salud surgen voces que alertan sobre cómo la situación podría complicarse con un incremento repentino de contagiados, el inicio del invierno y la superposición del coronavirus con otros virus como la gripe.

    "Si hay algo que no se puede hacer es dar por controlada la situación hasta no cumplir con ciertas premisas que son las que han mostrado mayor efectividad", advirtió a Sputnik el cirujano Julio Trostchansky, jefe del Servicio de Emergencia de la Asociación Española (uno de los prestadores privados del sistema uruguayo) y expresidente del Sindicato Médico del Uruguay.

    Según Trostchansky, Uruguay corre el riesgo de sentir que ya cumplió el objetivo de "aplanar la meseta" antes de cumplir metas necesarias como la de "consolidar un sistema de testeo más amplio". Hasta ahora, señaló el médico, persisten "falencias e inequidades" que afectan al sector público, perjudicando su capacidad de diagnosticar a los pacientes y lograr su atención en domicilio.

    Trostchansky valoró los avances propuestos por el Gobierno para crear un "fondo único de kits de diagnóstico" para que las instituciones privadas puedan financiar la realización de test gratuitos y no los cobren a los pacientes, como venía sucediendo. De todos modos, lamentó que no haya "estrategias centralizadas" para los prestadores privados de salud, que siguen organizando su respuesta a la pandemia de forma diferente.

    "Unas (instituciones) suspenden cirugías, otras no; unas suspenden todas las policlínicas y otras no. No hay una línea estratégica centralizada desde el Ministerio, que debería estar liderando todo esto", apuntó el cirujano, para quien en esta pandemia "quien está liderando es el brazo político del Gobierno y no el sanitario".

    El expresidente del SMU —gremial que tras los primeros casos reclamó, sin éxito, una cuarentena obligatoria en Uruguay— criticó la existencia de "mensajes contradictorios" desde el Gobierno, que "mantiene la exhortación de quedarse en casa pero da mensajes que promueve que las personas empiecen a circular más".

    "Está claro que por ahora la situación asistencial está controlada y no estamos desbordados. Eso es verdad y por lo tanto hay tranquilidad", valoró Trostchansky. Sin embargo, contrapuso que el incremento exponencial de casos es "casi una certeza" de cara a los próximos meses cuando, sumado al aumento de enfermedades respiratorias de cada invierno, "el sistema sanitario va a empezar a crujir".

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    Luis Lacalle Pou, Uruguay, COVID-19, coronavirus
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