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    CARACAS (Sputnik) — Alejandro Arana tiene 46 años y confiesa que siempre vivió de lo que generan las playas del estado La Guaira (norte), incluso durante la tragedia del año 1999, cuando una vaguada destrozó todo a su paso; sin embargo, la pandemia por COVID-19 lo dejó sin alternativa de trabajo.

    "Esto es más fuerte. En ese momento (1999) uno hacía algo estábamos limpiando las playas en reconstrucción del estado, ahora nada, hay una soledad. Desde el 99 para acá nunca pensé que iba a pasar algo tan difícil, es algo que no sé explicar, es un virus y estás encerrado en tu casa, no puedes hacer nada, es fuerte", dijo Arana a Sputnik.

    Un hombre en mascarilla entrena en la playa Los Corales en La Guaira, Venezuela
    © AP Photo / Matias Delacroix
    De miércoles a sábado Arana, solía estar siempre en una Playa llamada "Los Ángeles", en la que hace de todo, desde conseguir el puesto para los turistas, llevarles la comida a la hora del desayuno o almuerzo y hasta recoger la basura, cuando estos se van.

    Este hombre, cuyas arrugas pronunciadas en el rostro evidencian el trabajo bajo el sol, casi siempre esboza una sonrisa cuando se trata de recibir a un cliente, pero tras 39 días de cuarentena en su estado, cuanta que la necesidad le ha desdibujado ese gesto, llevándolo incluso a tocar la puerta de amigos para pedir apoyo con algo de comida.

    "Antes con la situación económica fuerte uno iba a la playa y decía hoy hago tanto y llevo para la casa, para la medicina. No lo digo para que digan pobrecito yo, sino que es fuerte y le pido a Dios que pase lo más pronto posible", señaló.

    Arana, siempre está con un grupo de jóvenes y adulto que tiene el mismo oficio, pero habitualmente se le escucha explicándole a sus compañeros la importancia de tratar bien a los clientes, de mantener la playa limpia.

    La Guaira es uno de los principales destinos turísticos en Venezuela por su cercanía con la capital. Los fines de semana y en temporadas altas se hacía casi imposible buscar un lugar donde sentarse en la arena para tomar el sol, situación que dio un giro de 180 grados por el coronavirus.

    Isabela Almeida dueña de un kiosco de venta de comida, con un tono de desesperanza piensa que el turismo será lo último en retornar a la normalidad cuando levanten la cuarentena.

    De ella dependen cuatro personas, dos vendedores y dos ayudantes, situación que la hace sentir preocupada porque conoce la realidad económica que atraviesa el país.

    "Tengo 30 años en la playa y todos los días los clientes me escriben, la mayoría de los clientes me dicen que cuando abra van a venir. Los vendedores también me escriben preocupados, pero yo sé que el turismo va a ser lo último en abrir", sostuvo.

    Como Almeida, el resto de los trabajadores playeros viven del día, por lo que han tenido que recurrir a sus pocos ahorros que ya se están agotando.

    "Tenemos este tiempo sin trabajar y muchos estamos viviendo con lo poquito que nos quedaba guardado pero con la inflación del dólar como está, de lo poquito que quedaba ya no está quedando nada", señaló.

    Surf a riesgo

    El decreto de cuarentena impide la aglomeración en espacios públicos, lo que han aprovechado algunos surfistas quienes a su riesgo hacen uso de las solitarias playas.

    Romero quien prefirió no dar su nombre, dijo que la cuarentena no le ha impedido practicar el surf.

    Aunque reconoce que lo hace a riesgo porque la orden es estar dentro de las casas y solo salir para asuntos prioritarios.

    "Uno le agarro el pulso a la broma, en la mañana se aprovecha de 6 a 8 am (10.00 – 12.00 GMT) que la playa no tiene brisa y las autoridades no le prestan atención. Los que somos de La Guaira ya conocemos y no tenemos problemas, pero ya después de esa hora no", señaló.

    Las playas no tienen un constante monitoreo policial a diferencia de los primeros días de la cuarentena cuando los funcionarios debían sacar a las personas.

    "En los primeros días la gente lo agarró como si fueran vacaciones. Entonces los sacaron. No se los llevaron [detenidos], pero hicieron advertencias, ahora las playas están solas porque saben que los van a sacar, y para los surfistas es un paraíso que no haya gente bañándose", detalló.

    Romero manifestó que el surf le proporciona "paz y fuerza", lo que le ayuda a manejar la ansiedad y estrés por la pandemia.

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    trabajo, coronavirus, playas, Venezuela
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