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    SAN SALVADOR (Sputnik) — Es mediodía, y está al comenzar la liturgia que de lunes a viernes repasa la actualidad de Nicaragua a golpe de salmos bíblicos, dudas esotéricas y cómplices guiños a Dios: aunque el sermón sugiera lo contrario, desde los televisores no habla un predicador, sino la vicepresidenta de la República, Rosario Murillo.

    "Compañeros, así estamos, trabajando con fe, con esperanza, reconociendo la voz de Dios, reconociendo el gran poder de Dios, y reconociéndonos frágiles, humildes, modestos, porque, ¿qué somos sin Dios, que es el que nos fortalece y el que nos da valor, valentía, vigor, gloria?", pregunta y se responde Murillo, al cerrar una de estas alocuciones.

    A juzgar por la narrativa oficialista, Nicaragua es una suerte de "pueblo elegido", liderado por gobernantes que gozan del visto bueno celestial, lo cual le ha permitido salir adelante en escenarios adversos, y no solo en política.

    De hecho, la actual lucha contra el coronavirus causante de la pandemia global de COVID-19, sirve en Nicaragua para recalcar esta retórica religiosa desde el Gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, izquierda).

    Nicaragua tiene ínfimas cifras de contagio, que la oposición consideradas "inverosímiles", sobre todo por la renuencia de la administración del presidente Daniel Ortega a decretar cuarentenas, cerrar fronteras o suspender las concentraciones públicas.

    Mientras el resto de Centroamérica —y del mundo— sigue protocolos de aislamiento, las autoridades nicaragüenses reivindican el derecho a construir su propio modelo de salud, sobre la base de una cultura de valores y espiritualidad.

    "La fuerza de la oración es la que nos da cada día más energía, cada día más aliento para cumplir con nuestro deber, para servirle a nuestro pueblo, para que todos nos sintamos bendecidos y protegidos, porque estemos aplicando todas las medidas preventivas y protectoras que van estableciendo las autoridades de salud en coordinación con las autoridades internacionales de salud", recalcó Murillo a la prensa oficial.

    Al redactar esta nota, el Ministerio del Poder Ciudadano para la Salud reportaba apenas un enfermo de COVID-19 en todo el país, pues a diferencia de otras naciones, Nicaragua solo contabiliza los casos activos, y descarta los recuperados o fallecidos.

    A Dios rogando, y con el mazo dando

    Tampoco el país anda "a la buena de Dios"; más bien, la metodología del denominado Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional cumple aquello de "a Dios rogando y con el mazo dando".

    Barricada, un reconocido medio del sandinismo, reseñó algunas acciones adoptadas para enfrentar la pandemia, como la creación de una Comisión Nacional Interinstitucional que coordina la respuesta de todas las dependencias del Estado.

    A su vez, las carteras de salud y educación se movilizaron para asesorar a las comunidades del país sobre el COVID-19, cómo prevenirlo y qué hacer ante los primeros síntomas.

    A nivel nacional se ejecuta un protocolo integral de prevención, contención y atención del coronavirus SARS-CoV-2, a partir de estándares internacionales y en sintonía con la respuesta regional en el marco del Sistema de Integración Centroamericana (SICA).

    Además, una veintena de hospitales habilitó áreas especializadas para atender casos de esta enfermedad, para cuyo tratamiento fueron adquiridas varios miles de unidades del retroviral cubano Interferon Alfa 2B recombinante, usado con eficacia en China.

    Nicaragua cuenta también con un Laboratorio Biomolecular certificado para realizar las pruebas de COVID-19, y tener los resultados en apenas cuatro horas, lo cual permite adoptar medidas más rápidas y eficientes.

    Religión y política, inseparables en Nicaragua

    Religión y política suelen ir de la mano en América Latina, y Nicaragua no es la excepción; es más, la espiritualidad y el misticismo tienen una fuerza especial en este país.

    Si bien en Nicaragua existe libertad de culto, la mayoría católica pierde terreno ante el empuje evangélico y de iglesias como la mormona, los Adventistas del Séptimo Día, los Testigos de Jehová, la fe Bahaí, la Cienciología e incluso el budismo.

    Un hombre con mascarilla en Dubái
    © REUTERS / Christopher Pike
    Tampoco ayuda al catolicismo que la Conferencia Episcopal de Nicaragua apoyara las protestas para exigir la renuncia del binomio Ortega-Murillo, iniciadas en abril de 2018 y apaciguadas con la mediación del Nuncio Apostólico, Stanislaw Sommerstag.

    Los evangélicos y protestantes, por el contrario, no se involucraron en dichas revueltas, lo cual podría explicar el creciente acercamiento del sandinismo a estas religiones, que incluso llegaron a las prisiones mediante videocultos auspiciados por el Gobierno.

    Lo cierto es que Murillo lo mismo invoca a los ejércitos de Jehová que promociona un Día Nacional de la Oración: ninguna denominación le es ajena, y todas pueden identificarse en esa suerte de misa que la vicepresidenta celebra a diario, y que marca la pauta de un aparato informativo estatal al que solo le queda decir "amén".

    Etiquetas:
    coronavirus, oración, religión, sandinistas, Nicaragua
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