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    MONTEVIDEO (Sputnik) — Sin besos, sin abrazos, sin visitas y en pleno aislamiento, las madres tienen que enfrentar una de las experiencias más estresantes y paradigmáticas de su vida como es dar a luz en un momento en donde existe una gran incertidumbre a nivel mundial y un pleno colapso ante la pandemia de COVID-19.

    Ginecólogos y obstetras de distintos países de América Latina, basados en protocolos internacionales, señalan una misma receta: en el parto debe haber una limpieza extrema, se deben utilizar trajes especiales, máscaras y la madre no puede morder ningún objeto.

    Sin embargo, el momento más impactante ocurre luego del nacimiento: cuando se le pide a los padres que tengan el menor contacto posible con su bebé al punto tal que se les exhorta que no les den besos.

    "Los padres, y mucho menos algún otro familiar, no pueden acercarse al bebé (…) incluso se le pide a los padres que no les den besos, porque a pesar de que esta infección es por vía respiratoria, si alguien besa a un niño y deja su saliva, el bebé no tiene control de sus manitos y carita y cualquier tipo de contacto puede provocar una infección inmediata en el recién nacido que tiene sus defensas muy bajas", dijo a Sputnik la obstetra ecuatoriana Marlene Echeverria Bravo.

    Por su parte, Andrea Martello (32 años), de nacionalidad uruguaya y educadora preescolar, contó a Sputnik su experiencia de tener a su hija el 19 de marzo, días después de que el Gobierno de ese país declarara la emergencia sanitaria.

    "Siempre es estresante ser mamá, enfrentar el parto, pero aún más ante esta situación convulsionada (…) Lo que más sentimos de la situación de emergencia es que en el sanatorio nadie pudo visitarnos y el personal médico te hablaba desde la puerta, no se acercaban si no era estrictamente necesario y en mi casa, nadie de mis amigos o familiares pudo venir a vernos. Se sintió la falta de la visita, de que vengan y te abracen, de compartir la llegada del nuevo integrante", afirmó.

    Contó que su parto fue una cesárea programada y que los médicos decidieron que, para el primer control de su hija, era necesario hacer una visita domiciliaria para evitar un posible contagio por COVID-19.

    Por su parte, el doctor colombiano Juan Manuel Burgos Luna, ginecólogo obstetra especialista en cuidados intensivos de la Fundación Valle del Lili, dijo a Sputnik que se están manejando protocolos de parto muy distintos a los que se usaban antes para reducir la posibilidad de contagio por COVID-19.

    "Lo ideal, que es lo que se ha planteado en todos los protocolos internacionales, es que se reduzca al mínimo posible los acompañantes de la paciente y obviamente al mínimo posible el personal que se expone (…) en este clima, las pacientes manifiestan estrés, ansiedad. Ante este cambio de reglas, estamos tratando de brindar apoyo emocional por medio de nuestra psicóloga", señaló.

    Riesgos

    Burgos y Echeverría dijeron a Sputnik que las experiencias internacionales señalan que no existe un riesgo de transmisión vertical, es decir que una mamá infectada por COVID-19 le transmita esa infección al bebé mientras está embarazada.

    "Pero puede existir infecciones tempranas en los recién nacidos debido a que las madres infectadas tienen contacto con sus hijos después del parto. En el momento de la lactancia, si no se tienen las precauciones adecuadas, ese contacto puede generar que el recién nacido se infecte", advirtió Burgos.

    Echeverría afirmó que incluso en el mismo parto puede ocurrir el contagio, si la madre, el médico o el obstetra está enfermo.

    "Las mamas que no tengan una mascarilla puesta y griten ante la desesperación del parto o muerdan un trapo, pueden contaminar", explicó.

    El ginecólogo colombiano advirtió que el hecho de que un recién nacido tenga la infección requerirá de muchos cuidados para que la situación no se convierta de gravedad.

    Por su parte, Echeverría aseveró que aún se tienen conocimientos "muy básicos" con respecto a los efectos a largo plazo del COVID-19 en recién nacidos. Señaló que han existido muy pocos casos registrados de niños menores de 10 años, por lo que el número para recién nacidos es aún más bajo.

    Abril es el mes más terrorífico en cuanto a la incidencia del COVID-19 en recién nacidos; a principios del mes un bebé de seis semanas y otro de nueve meses murieron en EEUU por COVID-19.

    Además, el 10 de abril se conoció que un bebé de 23 días falleció en Filipinas afectado por la misma enfermedad y la semana pasada se registró el primer caso de un recién nacido en América Latina, especialmente en Perú.

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    coronavirus en América Latina, pandemia de coronavirus, partos, nacimiento
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