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    CARACAS (Sputnik) — El desabastecimiento de algunos productos en farmacias y supermercados es conocido en Venezuela desde 2016, y habitualmente, las calles por las noches están desiertas en muchas zonas, producto de la inseguridad pero actualmente, con un enemigo invisible al ojo humano, los habitantes explicaron a Sputnik cómo se alteró su rutina.

    "Mi rutina ha cambiado completamente, ya no salgo en las mañanas a llevar a mi hija al colegio, revisar la nevera y ver que las verduras se acaban, es motivo de angustia, no porque no haya o porque no pueda comprarlas, sino porque implica salir y vivo con mi mamá de 87 años y mi hija de siete, y no quiero que les pase algo", señaló Carmen Segovia de 39 años.

    Segovia detalló su nueva rutina, que califica de extenuante: primero me lavo bien las manos, luego me coloco el tapabocas, después los lentes de sol, y una gorra para cubrir el cabello, no he salido y ya tengo calor, tampoco sé si mi tapabocas es suficiente, si realmente no toqué mis ojos al ir mercado, sino tropecé a nadie.

    Al volver a la casa aún queda otro trabajo por delante, "me quito en la entrada los zapatos, les echo cloro, voy directo a ducharme sin guardar el mercado, después lavo cada una de las cosas que traje, y después comienzo a guardarlas, después de esto debo recordar volver a lavar mis manos", sostuvo.

    La salida al supermercado que antes era diaria, se redujo a una vez por semana.

    Para Manuel Granada de 68 años, un mecánico que se dedica rectificar motores de autos, quedarse en casa es igual a no comer.

    "Salen algunos trabajos sencillos y por lo menos da para comprar lo del día, pero me veo obligado a salir casi a diario, porque mi trabajo es así como la vida, un día a la vez, tengo algunas cosas pendientes, y realmente me ha ayudado en parte que no ha dejado de llegar la bolsa del Clap, porque con lo que hago me alcanza para completar", expuso.

    Como bolsa del Clap, se conoce a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, un programa del Gobierno que distribuye una cesta de alimentos a muy bajo costo, y aunque algunas veces demoran, Granada señaló que siempre le llega al menos una vez al mes.

    Mantener distancia

    La recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es que las personas mantengan una distancia de 1,80 metros, pero en un país como Venezuela, es difícil, aseguraron la mayoría de los entrevistados.

    En esta nación caribeña la gente está acostumbrada a ser cercana, a darse un abrazo o un afectuoso apretón de manos para saludarse, aunque se vean a diario o se estén conociendo.

    "Creo que estar lejos es la parte más difícil, es como si estuviesen cambiando mi esencia, es como si estuviera aprendiendo a temerle, incluso a mis amigos, en los que he confiado toda la vida, encontrarme con alguien en el mercado alzar la mano, despedirme si buscan ponerme conversación", indicó Roxana Berrio, docente de 37 años.

    A media hora de Caracas, se encuentran las playas del estado Vargas (norte) y a poco más de las de la Higuerote, y muchos de los residentes de la región capital tienen como hábito visitar el mar cada fin de semana.

    Ante la pandemia las playas están cerradas y con ello, el lugar de trabajo de muchos parqueros, pequeños comercios y alquiler de toldos.

    "Esto es desesperante, porque todo pasó de la noche a la mañana, yo me he visto en la obligación de pedirle una colaboración a mis clientes habituales, ya que dependo de las ventas de la playa, pero debido a esta pandemia se me acabaron los alimentos y los ahorros, con mucha vergüenza, porque no estoy acostumbrado a esto, yo estoy acostumbrado a trabajar, pero ahora simplemente no puedo", dijo Alejandro, uno de los trabajadores de una playa conocida como Los Ángeles.

    Para los taxistas y motorizados la situación se volvió más compleja, la mayoría intentó adaptarse a la cuarentena uniéndose a los servicios de entregas a domicilio de farmacias, supermercados y restaurantes, pero una semana después del anuncio se quedaron casi sin opciones.

    "Ahora estoy en mi casa, con las preocupaciones comiéndome la cabeza, porque no he podido echar gasolina y eso es igual a no trabajar, es fuerte porque yo vivo de lo que hago a la semana y no he podido abastecerme de comida, no tengo para comprar, dependerá mientras no pueda trabajar de gente cercana, algo que nunca he hecho", agregó un mototaxista que prefirió no ser identificado.

    Venezuela lleva 22 días en estado de alarma y 21 en cuarentena nacional.

    El Gobierno dijo que el comportamiento de la población ha permitido aplanar la curva de la pandemia, con un total de 159 contagios y siete fallecidos.

    Policías y militares se mantienen en las calles y en las estaciones de servicio, ya las pocas que abren lo hacen hasta medio día.

    Muchas personas que antes usaban sus autos para ir al supermercado ahora van caminando y retornan con las bolsas en sus manos, lo que aseguran, los obliga a salir más.

    Las idas al gimnasio, las reuniones familiares o con amigos, el colegio de los niños o los proyectos laborales quedaron aplazados.

    Aún se ve por las calles a adultos mayores que intentan ingresar al metro, aunque está habilitado solo para sectores prioritarios, o que salen a diario a realizar compras o caminar, a pesar de que el Gobierno insistió en la necesidad de que especialmente estas personas permanezcan en el hogar.

    Hasta el momento, aunque algunos productos no se consiguen en los supermercados o farmacias, la mayoría se encuentran abastecidos.

    A finales de 2019, China informó de un brote de neumonía en la ciudad de Wuhan, capital de la provincia de Hubei (sudeste), causado por una nueva cepa de coronavirus llamada SARS-CoV-2.

    Según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo existen 1.210.956 casos confirmados de contagio y 67.594 muertos.

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