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    La pandemia del nuevo coronavirus ha sido la excusa perfecta para que el presidente norteamericano, Donald Trump, consolide su plan de cerrar las fronteras a la migración continental y México ha sido su fiel aliado para recibir a todos los que quiera expulsar de su territorio de manera acelerada.

    Los pocos centroamericanos que logran ya sortear de alguna manera el muro militarizado que el Gobierno mexicano estableció en su frontera sur desde mitad de 2019 (y hasta el puerto de Coatzacoalcos, por la ruta del Golfo, las más corta al norte) y brincarse actualmente el muro que separa a este país de Estados Unidos, han sido deportados inmediatamente como se relata más adelante en este artículo, al referir el caso de tres hondureños deportados "en caliente" de EEUU a México durante la última semana de marzo 2020.

    Dada la emergencia sanitaria y de seguridad que además viven las Estaciones Migratorias en México —que se hizo evidente con el fallecimiento de un guatemalteco tras una protesta que exigía atención a la pandemia entre los migrantes recluidos en Tabasco— un frente de organizaciones sociales reclamaron "la liberación inmediata de todas las personas migrantes, refugiadas y solicitantes de asilo en detención migratoria", según un comunicado fechado el 2 de abril.

    Las caravanas invisibilizadas de mexicanos

    Según relató a Sputnik el padre Julio, uno de los responsables del albergue Nazareth, ubicado en la fronteriza ciudad de Nuevo Laredo, Tamaulipas, EEUU deporta a los mexicanos durante las 24 horas del día.

    "Dicen que es de conocimiento de todo el país porque se supone que hay un acuerdo del Gobierno Federal con Estados Unidos para ello, pero estamos viendo mexicanos siendo deportados las 24 horas del día, mientras que antes en Tamaulipas solo llegaba gente de 8 de la mañana a 8 de la noche", dijo.

    "Y se está aplicando en todos los puntos fronterizos", agregó para dimensionar la magnitud de la expulsión vivida actualmente.  Según el padre Julio, el horario de deportaciones fue ampliado hasta 24 días para que EEUU puede "sacar más gente de su territorio".

    El sacerdote enfatizó que la gran mayoría de la gente que quedó pendiente de la suspensión de los trámites en el sistema asilar norteamericano, son mexicanos.

    "Solo un 1% o menos de eso de la gente que llega al norte viene del sur del Continente. En el albergue, de cada 100 personas que atendemos, uno viene del sur", sostuvo en entrevista con este medio.

    Señaló que si bien la prensa atendió el fenómeno de las caravanas migrantes que sucedieron en México desde marzo de 2018 hasta el despliegue de la Guardia Nacional militarizada en junio de 2019, no ha reflejado del mismo modo que la mayoría de la gente que busca protección internacional por medio de las instituciones internacionales de asilo y refugio en Estados Unidos son mexicanos.

    Para respaldar sus palabras indicó que de las 13.907 personas que atendió el albergue Nazareth de Nuevo Laredo, durante el año 2019, aproximadamente 12.000 eran mexicanos deportados de Estados Unidos.

    "Nadie habla de las caravanas de mexicanos deportados de Estados Unidos a diario que suman cientos en cada punto fronterizo", sostuvo el padre Julio y dimensionó el hecho con el dato que solo Tamaulipas recibió alrededor de 60.000 mexicanos deportados durante el año 2019.

    "La caravana de mexicanos deportados de Estados Unidos es una caravana invisible, pero no porque no se vean sino porque se invisibilizan. Para el Gobierno mexicano no son su responsabilidad una vez que entraron al país, cuando mucha gente no tiene ni para el pasaje para regresar a su casa", sostuvo el religioso.

    A pesar del peso creciente de las remesas en la economía de las familias mexicanas, al punto de superar a los históricos rubros de la renta petrolera, el religioso señala que el Gobierno los olvida por completo una vez que son expulsados de Estados Unidos, habiendo incluso anulado los magros fondos que anteriormente se tenían de apoyo a la población repatriada.

    "Los mexicanos tienen rostro de remesa en Estados Unidos, cuando llegan deportados a la frontera tienen rostro de estadística y una vez que salen de migración, ya no tienen cara", concluyó.

    Centroamericanos expulsados "en caliente" de EEUU

    México también aceptó recibir a migrantes y refugiados devueltos por Estados Unidos, algo que por las altas cifras de contagios en ese país de casos de COVID-19 provoca una seria preocupación.

    Sin embargo, el albergue La 72 de Tenosique, Tabasco, denunció a Sputnik que en este proceso reconocido públicamente pudieron documentar la devolución "en caliente" desde Estados Unidos a México de al menos tres hondureños durante la segunda quincena de marzo, algo que todas las legislaciones internacionales prohíben.

    Según el relato que brindaron estas tres personas a la gente de La 72 —una mujer con su hija adolescente y un hombre adulto que no se conocían previamente, pero vivieron la misma experiencia— fueron deportadas "en caliente" por la autoridad migratoria estadounidense apenas pisaron suelo norteamericano.

    Fueron detenidos por la Border Patrol, la patrulla fronteriza norteamericana en el estado de Texas, habiendo ya cruzado la frontera, lo que les da posibilidad de solicitar asilo en ese país. Sin embargo, fueron "deportadas de manera inmediata" a Reynosa, Tamaulipas —otro paso fronterizo—, quedando bajo custodia del Instituto de migración mexicano.

    "Durante su encierro en la estación migratoria en México, a la madre e hija se les negó la representación consular y la posibilidad de solicitar refugio en México diciéndoles que tendrían que hacerlo en el sur del país", señalaron a Sputnik desde el albergue en Tabasco.

    Ambas firmaron una orden de deportación el 24 de marzo en México que indicaba que saldrían a Guatemala por el puerto fronterizo de Talismán, en Chiapas. Sin embargo, Guatemala mantiene cerradas sus fronteras terrestres con México como medida para protegerse contra el avance del coronavirus.

    "El Instituto de Migración mexicano incumplió la orden de deportación y los trasladó al puerto fronterizo de El Ceibo, en el estado de Tabasco, donde les obligaron a cruzar por un punto ciego, de manera irregular y clandestina hacia Guatemala para que continuaran por su cuenta de regreso a Honduras", denunciaron.

    "Este es el único caso que nos ha llegado directamente, pero nos consta que hay más, incluso algunos donde no les dan una orden de deportación, sino otro documento de salida y les dicen que se vayan por los pasos ciegos y peleen ellos con la autoridad migratoria guatemalteca para pasar. Otros migrantes eran llevados en pequeños grupos al paso del Ceibo (Tabasco) por agentes del INM, durante la madrugada para que burlaran solos el filtro sanitario", explicó a Sputnik Ramón Márquez, director del albergue La 72, en Tenosique, Tabasco.

    Asimismo, explicó que la entrada de gente a México por la frontera sur ha parado de manera increíble, como no había visto nunca durante los últimos cinco años que lleva al frente del albergue franciscano.

    "Nosotros desde el 22 de marzo estamos en cuarentena con una población de 120 personas, organizándonos y midiendo las salidas del equipo solo a cuestiones de fuerza mayor", explicó Márquez, reforzando la idea de que han sido las organizaciones civiles las que están conteniendo el contagio entre la población migrante de los albergues, que es apenas una porción de la que está en el país.

    Luego que un migrante guatemalteco falleciera el martes 31 de marzo en la estación migratoria de Tenosique a consecuencia de una protesta que exigía atención frente a la pandemia, un nutrido cúmulo de organizaciones de derechos humanos han exigido "la libertad inmediata de todas las personas migrantes, refugiadas y solicitantes de asilo en detención".

    "Mantener a las personas en detención migratoria y en grave riesgo de contraer COVID-19 es una violación a los derechos humanos y un atentado a su vida y a la de las personas que trabajan en estos centros", reclamaron en una carta pública circulada este 2 de abril, la cual concluye exigiendo la destitución del responsable del INM, el comisionado de migración, Francisco Garduño, y que se realice una investigación exhaustiva en torno a las circunstancias en las que falleció el migrante que estaba bajo custodia de esta institución durante el último día de marzo de 2020.

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